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10 de diciembre de 2018

YO SIEMPRE TENGO RAZON Y TU ...TAMBIEN

La mayoría de los problemas del mundo surgen porque el yo, el ego cree siempre tener razón. Ningún ego actúa contra su razón. El enigma es que el “yo” actúa sin ver la razón de los demás. La razón de la voluntad propia es ciega, nos hace actuar sin empatía. Caín podía ver solamente sus razones para matar a su hermano Abel. Se creía menos apreciado que su hermano. Pero sus razones eran contra un dios paternal injusto, no contra su hermano, que era inocente. Pese a todo lo mató. Casi todas las discordias, peleas, agresiones y guerras son por creer que uno tiene “la razón” y los otros están equivocados. 

Recuerdo la confesión de una profesora judía, a cargo del departamento de literatura de una de las universidades más importantes del mundo, que además enseñaba a los niños en su sinagoga. Para ella, la historia más bella era la del Éxodo. Porque, sostenía, es un canto a la salida de la esclavitud, un canto de libertad. Pero un día una niña le preguntó qué culpa tenían las niñas y niños de Galilea y Palestina para ser matados y sus tierras ocupadas. La pregunta la dejó sin dormir por muchas noches y para contestarla tardó más de un año. Escribió un libro. Ella había visto la historia desde el ego de un grupo, pero nunca se había puesto a pensar con empatía o curiosidad como esa niña. A veces es la inocencia que nos hace ver y recapacitar, más allá de tener razón. Tener o no razón no es lo que importa.

Hay una historia sobre los alumnos de un rabino que me encanta recordar. Uno de ellos le expone sus razones para llegar a Dios. Debía con todo su esfuerzo seguir el camino de la Ley, orar y vivir rectamente. El viejo rabino le dijo que su enfoque era el correcto y tenía razón. Luego vino un segundo alumno y dijo que su compañero estaba equivocado pues ese esfuerzo era puro ego. Por el contrario, el verdadero camino era el de ceder, de despertar a la enseñanza de “Hágase tu voluntad no la mía”. El rabino luego de pensar le dijo “Tú tienes razón”. Un tercer alumno que se hallaba cerca fue y le protestó al viejo rabino: “Pero maestro, ambos no pueden tener razón”. El rabino le sonrió y le dijo, “Tú, también, ¡tienes razón!”. 

La mente, razonando con pensamientos limitados, nos hace creer que tenemos razón. Pero nadie posee todo el conocimiento. La sabiduría del viejo maestro, sin discutir, le da la razón a todos, pues en sus mente y con sus limitaciones, la tenían. Filósofos como Kant, explicaron que la razón es insuficiente para captar la realidad del mundo. Por lo tanto, es inútil discutir quién tiene razón. La sabiduría consiste en saber reconocer que no importa quién posee su pequeña razón, lo que importa es la inmensidad del amor, la benevolencia y la bondad.

Yo tengo razón, tu tienes razón, todos tenemos razón. Es tal el dogmatismo de la razón, que buenas personas, si enferman, que no ceden ante la realidad de sus problemas personales, empresariales o deportivos. No quieren perdonar, no desean cambiar, no desean comprender, aunque eso les haga sufrir. Desean tener razón y ¡basta! Un alcohólico nunca va a admitir que bebe de más, y debe dejar. Lo mismo los amantes de los dulces, pese a sufrir mutilaciones. Tienen razón, se justifican. 

Yo tengo razón, tu tienes razón, todos tenemos razón. ¡¿Qué importa?! Lo importante es respetarnos, no agredirnos y, si es posible, apreciarnos los unos a los otros sin otra razón que el afecto.  Pues como dijo Pascal “El corazón tiene razones que la razón desconoce.” El amor no necesita razones. En vez de querer tener razón, es imprescindible, ceder, cambiar para nuestro bienestar y el de los demás. Pues lo que vale es tener compasión. 

Un cuento de animales dice que una noche se reunieron en asamblea y comenzaron a quejarse de los humanos y de lo que los humanos les quitaban. La vaca se quejó que le quitaban la leche, la gallina que le quitaban los huevos, el cerdo la carne para hacer jamón, y la ballena por quedarse con su aceite. Finalmente, con una voz trémula habló el caracol. Yo tengo algo tan valioso que, si lo supieran, dijo, me lo quitarían más que cualquier otra cosa. ¡Yo tengo: ¡Tiempo!

¿No sería hermoso que, en vez de querer tener razón, todos tomáramos tiempo valioso para meditar y tener misericordia y compasión, abundante compasión unos con los otros? ¡Este sí que sería un pequeño paso para cada persona, pero un paso inmenso para toda la humanidad!
                                      


Felices bendiciones para todos.

©Pietro Grieco

14 de enero de 2016

FELIZ AÑO NUEVO, PERO ¿ QUÉ AÑO ?

 
El tiempo es una convención humana. Un año puede comenzar y concluir cualquier día. En casi todos los países del mundo, según su calendario (solar, lunar o mixto), en algún momento festejan el inicio de un nuevo ciclo. Esto se debe a que cada cultura dividió el tiempo en función de las necesidades particulares, para las siembras, las cosechas, o para rituales religiosos. . 


El primer calendario solar conocido fue el egipcio, constaba de 12 meses de 30 días y, para compensar, se agregaban cinco días al último mes para completar los 365. Previamente utilizaban un calendario lunar pero no era útil para predecir las inundaciones del Nilo. El año agrícola lo dividieron en tres períodos de cuatro meses: Inundación (fin del verano), siembra (fin de invierno), y cosecha (fin de primavera / verano).  A su vez el principio de año se iniciaba cuando la estrella Cirio coincidía con la salida del sol. Esto es alrededor del 20 de junio, que a su vez coincidía con el inicio de las inundaciones anuales. Por estas razones se considera que el calendario egipcio tuvo como origen la agricultura. En cambio el calendario babilónico, debido al interés por la astronomía y las matemáticas fue lunar. Al igual que  el año romano antiguo era lunar y tenía 10 meses. Recién en el año 46 antes de nuestra era, Julio César estableció el calendario solar,  y el primero de enero como inicio del año. 
 
  La antigua China tuvo un calendario con un período de 60 años, dividido en cinco ciclos de 12 años lunares, con nombres de animales: rata, tigre, toro, mono, etc. Esto exigía cada tres años hacer ajustes al calendario adicionando un mes, o sea un año de trece meses. Desde el inicio del siglo XX adoptó para las actividades civiles el calendario Gregoriano. Para ciertas festividades conserva el original. El 19 de febrero en 2015, festejaron el inicio del nuevo año de la cabra, el 4713; llamado Festival de Primavera, que es la fiesta tradicional más importante. El Nuevo Año Andino, el 5523, coincidente con el solsticio de invierno del hemisferio sur, se festejó el 21 de Junio en Tiwanaku, Bolivia. Ese día se esperó la salida del sol y se rindió homenaje a la Pachamama (la Madre Tierra). Hay muchísimos calendarios, con los detalles de sus historias, que los interesados pueden consultar en Internet. 
En el calendario republicano francés del 1792 al 1806, el primero de año comenzaba el 22 de setiembre, o sea durante el equinoccio de otoño. El año se dividía en 12 meses de 30 días con tres semanas de 10 días. 1792 fue el Año Uno de la Revolución. Napoleón lo derogó en 1806. En ese calendario, se reemplazaron las referencias religiosas por el nombre de una planta. Por ejemplo el 28 de setiembre era “Carote” o sea zanahoria, el 29 “Amaranthe” o sea amaranto, y el 23 de octubre era “Celeri” o sea apio. La gente, acostumbrada a utilizar el santoral para asignar el nombre a los recién nacidos, encontró dudas. ¿Quién querría llamar a su hizo “nabo”, “patata” o “calabaza”? Tenía buenas razones para fracasar. 

   ¿Cómo se define un año? ¿Por una estación; una inundación; el aparecimiento de una estrella; un solsticio determinado; o la fecha del inicio de un nuevo rey o faraón? Se llama año al ciclo en que la tierra hace un giro alrededor del sol: aproximadamente 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos. Por esta razón en occidente tenemos años de 365 días y otros, para ajustar las fracciones de 366, o sea los años bisiestos.
Hace días, de acuerdo con el calendario Gregoriano, se festejó la llegada del año 2016.  Ahora bien, considerando que la tierra se formó hace más de 4.500 millones de años, ¿por qué 2016? Veamos un poco de historia.

Los primitivos habitantes del planeta comprendieron la importancia de la luz solar para el crecimiento de las plantas, la fertilidad y las cosechas. Cuando esa luz menguaba era motivo de temor y un peligro de muerte. Al contrario, cuando los días eran más extensos era motivo de alegría pues implicaba renacimiento y renovación en la naturaleza. Por ello se hacían fiestas, rituales, y celebraciones. 



 En Roma el período más oscuro del año y el inicio de un nuevo período de luz coincidía con el solsticio de invierno. Estas fiestas en la época romana eran llamadas Saturnalias, en honor al dios Saturno. Se realizaban del 17 al 23 de diciembre con velas y antorchas. Es probable que estas fiestas se celebraran desde antes de la era romana al finalizar los trabajo de campo, cuando campesinos y esclavos domésticos quedaban libres de tareas. Para ello se hacían banquetes e intercambiaban regalos. Esta especie de navidad y carnaval al unísono, o sea algo sagrado y divertido, según el poeta Cátulo “era el mejor de los días”.
La iglesia cristiana catalogaba a dicha fiesta de “pagana” y cuando tuvo el poder, durante el siglo IV, la reemplazó con una nueva llamada “Navidad”. La misma debía festejar el nacimiento de Jesucristo, que lógicamente no ocurrió en el mes de diciembre. De esta forma llegamos a la respuesta de ¿por qué festejamos el año 2016?, porque la tierra giró aproximadamente  2016 veces alrededor del sol desde el nacimiento de Jesús.

   El calendario tradicional chino no designa meses y años corridos en forma indefinida, sino que el nombre de cada año se determina mediante una relación celeste con otra terrena. Este sistema se renueva cada sesenta años y se vuelve a contar de nuevo. ¿Ustedes han notado que a los orientales nunca se les nota la edad? Ahora ya lo saben o lo intuyen, el tiempo corre diferente para ellos. El año judío registra más años pues comienza a contar desde mucho antes de la era cristiana. En cambio, el islámico menos, menos años que el gregoriano pues comienza a contar desde la Héjira, o sea el año 622. Cada cultura festeja el inicio de un nuevo giro de la tierra según su historia. ¿Ahora bien qué importancia posee el tiempo para las personas?
   El calendario sugiere que las personas viven dentro del tiempo, sujetas y gobernadas por años, meses, días y horas. Parecería que nuestra misma vida, se desenvuelve atrapada en el tiempo. Cada calendario hace vivir un concepto de realidad diferente. La forma que afecta a las personas es desigual. Los egipcios vivían el tiempo de acuerdo a las inundaciones del rio Nilo. De ellas dependía su alimentación. A los incas y a otras civilizaciones les angustiaba que no saliera el sol, por eso sacrificaban doncellas al dios Inti (el sol) para que no se olvidara de regresar. Algunos viven el tiempo en forma lineal, como una flecha, para otros es circular, como las estaciones. Otras viven como si el tiempo no existiera. 
  


Para Navidad visité a mis familiares en el sur de Italia. Fui agasajado con mucho amor y abundante comida. Al mismo tiempo descubrí un interés por saber la edad, y de acuerdo con ella se forman un concepto de las personas. Entre los jóvenes vi más libertad de pensamiento y un interés por nuevos conocimientos.


 Los coreanos cuando conocen una nueva persona, lo primero es saber la edad. A partir de ese momento la de menor edad, se dirige a la otra con el respeto de “hermana” o “hermano mayor”. O sea el tiempo establece relaciones jerárquicas. En occidente se ha perdido un poco el respeto a la edad, cosa que no sucede en China. La edad se la relaciona con la sabiduría. En el mundo anglosajón “time is money”, o sea el “tiempo es oro”, o dinero. Esto hace que cada segundo que pasa se lo computa como una pérdida, es una forma de angustia y stress. Para recuperarse de la pérdida y restablecer la armonía ¡van a “gastar tiempo” con algún terapeuta!
   Esto es paradójico, como la pregunta a un monje zen sobre cómo era la salvación en el budismo. Recuerdo a ese monje rascarse la cabeza, finalmente con perplejidad preguntó “¿Salvarse de qué?” Un estudioso, presente en la reunión, explicó que en el catolicismo los humanos nacen en pecado por haber caído del estado de gracia, y únicamente pueden salvarse a través de Cristo. El monje reflexionó, “Vaya, una teología que primero genera la creencia de un problema, para luego buscarle la solución mediante otra creencia.” Lo mismo sucede con las creencias sobre el tiempo: ¡los calendarios son creaciones humanas! He explicado en varios blogs que el tiempo no existe como un objeto u entidad, lo que existe es la concepción que tengamos de él.  

   Para liberarnos del tiempo, Robert Grudin  sugiere reconciliarnos con la interioridad del mismo. Terminar la guerra en la cual hemos visto al tiempo pasarnos, erosionarnos, alienarnos. Como afirmé en otro blog: “la concepción espiritual nos libera de la esclavitud del tiempo sujeto a coordenadas espaciales, y nos abre la posibilidad de vivir un día como mil años y mil años como un día”. Podemos renovarnos y rejuvenecer.

  
Robert Grudin en su libro Time and the Art of Living (El tiempo y el arte de vivir) dice: "El individuo feliz es capaz de renovarse diariamente y con total conciencia a través de todas las expresiones básicas de la identidad humana: el trabajo, el amor, la comunicación, el juego y el descanso". (The happy individual is able to renew daily and with full consciousness all the basic expressions of human identity: work, love, communication, play, and rest.) 

Ver el Blog publicado en febrero de 2014,  “VIVIR EN EL PODER DEL AHORA O EN EL PODER DE MAÑANA - II Parte 

Estudios psicológicos recomiendan cultivar la alegría para superar aspectos temporales. Se asigna a la alegría una actitud rejuvenecedora. La alegría es la luz del espíritu que expande nuestra conciencia y enaltece nuestra existencia. Sugiero el descubrimiento de nuevas ideas, de nuevas bellezas, la inspiración de la poética, la actitud de bondad y misericordia, la gratitud ante la vida.

 No olvidemos que J. Keats decía en su famoso poema: “A thing of beauty is a joy forever”,  “una cosa bella es una alegría para siempre”.

 

A thing of beauty is a joy forever

Its loveliness increases; it will never

Pass into nothingness; but still will keep

A bower quiet for us, and a sleep

Full of sweet dreams, and health, and quiet breathing.

   

Verlo completo  (http://www.online-literature.com/keats/463/)

   
   Espiritualmente podemos liberarnos de las imposiciones del tiempo mediante el libre albedrío, la imaginación creadora, la meditación, la oración, la libre voluntad, la contemplación y la armonía del ser. Desde el punto de vista espiritual ¿cómo debemos festejar la renovación de la vida, la renovación de una ampliación de la luz en nuestra existencia y el renacimiento? 
 
  


 Filosóficamente no es necesario esperar al fin o al inicio de un año para renovarse y purificarse. Todos los días al beber de la fuente del Espíritu, nos purificamos y renovamos. 


¡Feliz año! ¡Feliz cada nuevo minuto de vida!

                                                              








©  2016 Pietro Grieco

 


26 de noviembre de 2015

EL MAS GRANDE LOGRO HUMANO QUE CAMBIÓ LA VISIÓN DEL MUNDO


     Celebramos cien años de la presentación de la Teoría de la Relatividad General, por Albert Einstein, en Berlín, en 1915. Paul Dirac (Premio Nobel de Física 1933), dijo: 
 “El descubrimiento más grande jamás hecho”. Años más tarde otro premio Nobel de física (1954), Max Born dijo: “El más grande logro del pensamiento humano sobre la naturaleza”. 
 
     Cada vez que me he movido, y han sido muchas, de un hogar a otro, de un país a otro, siempre he llevado conmigo un pequeño libro: La Relatividad, por Albert Einstein. Por años, de muy joven, luché para entender esta teoría. Un día encontré un libro titulado El A, B, C de la Relatividad por Bertrand Russell, pero como terminé más confundido que antes lo abandoné. Pensé que leer a Einstein sería imposible. Equivocado. Su libro presenta la explicación más simple que conozco. El mismo autor dice en el Prefacio, escrito en 1916, que la exposición es para aquellas personas que no dominan el aparato matemático de la física teórica.
 
    La presentación en la Academia Prusiana de Ciencias, en Berlín, de la Teoría de la Relatividad General, en 1915, continuaba un primer descubrimiento de 1905, y otro de 1907. Esta teoría, aun no comprendida del todo, cambió la visión cosmológica del universo en el cual aparentemente estamos inmersos. El ideal filosófico en que estuve imbuido desde muy joven era y es: buscar la verdad, pues según el precepto bíblico, “la verdad nos hará libres”. Por ello la curiosidad por saber qué verdades presentaba, ya que para mí, de acuerdo al viejo precepto védico, la verdad era una sola,  aunque puede tener muchas explicaciones.  

Desde el inicio el texto me desarmó. 
   
Lo primero que hace es desarticular el concepto de “verdadero” aplicado a la geometría clásica o euclidiana, la ciencia que mide con exactitud. Recuerda que una proposición era considerada verdadera si se podía deducir de axiomas, que fueran verdaderos. Pero nos dice que “la noción de verdadero no se aplica a enunciados de la geometría pura, porque el término “verdadero” designa siempre, en última instancia, la concordancia con un objeto “real”. (Muchas veces los estudiantes de metafísica nos olvidamos de este aspecto básico). Pero la geometría pura se refiere solamente a la relación lógica que guardan los conceptos entre sí. La geometría euclidiana, para la cual la distancia más corta entre dos puntos es la recta, y dos rectas paralelas nunca se cortan, es para superficies planas únicamente. Sobre una esfera las rectas en algún momento se cortan. Este me explicó porque la mente humana acostumbrada a pensar en términos dogmáticos de geometría plana, no podía pensar, aunque lo viera todos los días, que la tierra fuera redonda. Tuvieron que pasar casi dos milenios desde que Eratóstenes descubrió la esfericidad de la tierra, hasta el descubrimiento de América. 
   Más delante, el texto da el ejemplo del tren que avanza con un pasajero que deja caer una piedra sobre el terraplén. Para el pasajero la piedra describe una línea recta. Pero para un peatón sobre la vía del ferrocarril, verá que la piedra describe una parábola. La pregunta que propone es ¿la piedra al caer recorre realmente  lugares sobre una línea recta o sobre una parábola?  Dado que la piedra describe una línea recta desde el vagón, también se puede decir que con respecto a un sistema de coordenadas ligadas al vagón, como cuerpo de referencia, describe una línea recta. Pero desde el punto de vista de una persona situada sobre las vías, o un sistema de coordenadas ligada rígidamente al suelo, la piedra describe una parábola. 
   Con esta explicación se ve que no existe una trayectoria en sí, sino una trayectoria respecto a un cuerpo de referencia, o sistema de coordenadas. Esto hace comprender que no hay una verdad en sí, sino una verdad relativa a un cuerpo o plano de referencia. Por lo tanto no existe “La verdad”,  sino verdades relativas a sistemas de coordenadas. Cada individuo vive su realidad y esa es “su verdad” de acuerdo al punto de coordenadas en el cual está situado. Los individuos que se encuentran en el mismo plano de realidad pueden vivir la misma verdad, pero no con individuos en otros planos, con otras realidades. 
   El capítulo nueve me hizo abrir los ojos, como quien encuentra un tesoro y queda totalmente sorprendido por la belleza de lo que ve, o comprende. Trata sobre “Relatividad de la simultaneidad”. Con dos líneas, una indicando las vías de un tren y la otra al tren en movimiento, explica cómo dos acontecimientos simultáneos, la caída de dos rayos, para un individuo parado sobre las vías y otro sobre el tren verán los fogonazos en dos momentos distintos. Si colocamos un reloj en cada punta de la estación, al caer los rayos ambos relojes indicarán el mismo tiempo (hemos afirmado que son simultáneos), pero no es lo mismo para un individuo en el tren y otro parado en la estación. El individuo que avanza sobre el tren verá primero el fogonazo proveniente del final de la estación (hacía donde se mueve) y después el fogonazo del lado opuesto del que se aleja. Dice exactamente Einstein: 
Dos acontecimientos, que son simultáneos con respecto a la vía férrea, no son simultáneos con respecto al tren, y recíprocamente (relatividad de la simultaneidad). Cada cuerpo de referencia (sistema de coordenadas) tiene su tiempo propio; una indicación de tiempo solo tiene significado cuando indica el cuerpo de referencia al que se refiere. (La Relatividad, Editorial Grijalbo SA, México, 1970).
   Inmediatamente, Einstein  aclara que “Antes de la teoría de la relatividad, la física suponía siempre tácitamente que la indicación del tiempo tenía un valor absoluto, es decir que era independiente del estado de movimiento del cuerpo de referencia”. Aun forma parte de la mentalidad de la mayoría de los humanos el creer que una hora es una hora en todas partes. Ahora sabemos que no lo es. Depende de si se encuentra en un cuerpo en movimiento o no. 
   
Finalmente lo más interesante es la comprensión de qué es la materia. Veamos un ejemplo tomando la longitud de un tren: no es la misma si está detenido o si está en movimiento. Para entender esto voy dar mi ejemplo de un tren construido enteramente de algodón. Que a su vez lleva un reloj, también de algodón. A medida que se mueve, al chocar con el aire, el algodón se irá comprimiendo, el tren se contraerá y será más pequeño. Pero ¿qué sucederá si le imprimimos una velocidad extrema? El algodón se irá desintegrando, y no quedará nada del tren. Y ¿qué sucede con el reloj de algodón? Que al comprimirse las agujas se irán moviendo cada vez con mayor lentitud y el tiempo se hará más lento, a mayor velocidad, el tiempo tenderá a cero, hasta que al desintegrarse el reloj, el tiempo para ese tren deja de existir.
   
  Pues esto es lo que sucede con cualquier objeto que llega a la velocidad de la luz. La materia deja de existir y se transforma en energía.
La teoría hace comprender que el universo, o la visión del mismo, que teníamos  en nuestras mentes eran equivocadas y que la realidad es otra. La concepción de un tiempo fijo, continuo y universal dejó paso a un tiempo relativo a la velocidad de la luz. La materia sólida e inalterable, dejó de serlo, pues a velocidades extremas se transforma en energía. Y viceversa,  la energía puede transformarse en materia. A su vez el tiempo puede ser distinto para distintas personas según el plano en el cual se encuentran. Esto se verifica con el ejemplo siguiente:
 Dos mellizos, uno queda en la tierra por varias décadas y otro viaja al espacio exterior a una   velocidad cercana a la luz. A esa velocidad el reloj se ralentiza, y el tiempo se hace más lento. Cuando la nave regresa del exterior y  ambos hermanos se encuentran, descubren que quien quedo en la tierra envejeció más. Parecería que debería ser al revés, quien sufrió el stress y el agotamiento del viaje debería de haber envejecido más, pero la teoría demuestra lo contrario. El tiempo para una nave y sus ocupantes a velocidades elevadas (al contraerse) se hace más lento, mientras que para un sujeto en la tierra sigue al mismo ritmo. Según la distancia recorrida y la velocidad empleada, el individuo que viajó podrá tener unas horas o unos años menos que alguien que quedó en la tierra. O sea viajar ¡rejuvenece!
  
 No deseo continuar con más detalles sobre la teoría de la relatividad, dado que este blog no es presentar problemas de la física, sino de espiritualidad. Pero sí indicar que la teoría de la relatividad no sólo afectó a la física, sino que también afectó a la filosofía, a la ciencia y a la religión, en cuanto a la visión cosmológica del mundo. En momentos en que hay movimientos que quieren imponer una visión única y dogmática de “la verdad”, vemos cuán errados están pues hay verdades relativas, según los planos de referencias. Es interesante que entre la religión y la ciencia, Mahoma dijo que tiene que primar la ciencia. 
  Espiritualmente hace ver que los conceptos científicos absolutos no son tales, y lo mismo se pude decir de la filosofía, y la religión. Einstein fue un hombre religioso, pero en sus propios términos totalmente distintos al de las religiones tradicionales. El sostuvo que:

La más hermosa experiencia que podemos tener es el misterio. Es la emoción fundamental que se yergue en la cuna del arte y la ciencia verdaderos. El conocimiento de la existencia de algo que no podemos penetrar, nuestras percepciones de la razón más profunda y de la belleza más radiante, la cual solamente en sus formas más primitivas son accesibles a nuestra mente—es este conocimiento y esta emoción que constituye la verdadera religiosidad; en este sentido, y en este sentido solamente, yo soy un hombre profundamente religioso (All Men Seek God,  Hallmark Editions, Kansas City, Missouri, 1968). 

   Gracias a la esta teoría tenemos la televisión, los viajes espaciales, el GPS, la energía nuclear, el rayo láser, el microondas, el microchip, etc. Pero fundamentalmente nos brinda otra concepción de la realidad y de aquello que considerábamos la verdad. Nos hizo más humildes y prudentes para no creernos que tenemos “la verdad” para imponer a otros. Nos recuerda lo que dijo Marco Aurelio, que la verdad es una cuestión de perspectiva. Y cada individuo, libre de imposiciones dogmáticas, puede tener la suya.
2015©Pietro Grieco


26 de marzo de 2014

CONCLUSIÓN SOBRE EL TIEMPO



Quiero agradecer los comentarios recibidos de Karin, Raúl, Bianca, Liliana y Sherrie, junto con los de su esposo, que enriquecieron los textos acerca del tiempo. Había decidido dejar para más adelante una tercera parte, pero un artículo de National Geographic de este mes me hizo cambiar de idea. Por ello recomiendo leer  Star Eaters, por Michael Finkel, de este mes (Marzo 2014) en National Geographic, que podría traducirse como “Devorador de Estrellas”, refiriéndose a los agujeros negros.

Entre otras cosas Finkel dice: “Usted probablemente escuchó la frase ‘el tiempo es relativo’. Lo que esto significa es que el tiempo no se mueve a la misma velocidad para todo el mundo. El tiempo, como Einstein descubrió, es afectado por la gravedad. Si se colocan relojes sumamente precisos en cada piso de un rascacielos, van a marchar a velocidades diferentes. Los relojes en los pisos bajos —cercanos al centro de la Tierra, donde la gravedad es superior— se moverán a una velocidad más lenta que aquellos en los pisos superiores”. Relojes en los satélites de posicionamiento global (GPS) tienen que regular el tictac de su velocidad, un poco inferior a los que se encuentran sobre la superficie  terrestre. Si no lo hicieran, el GPS no sería preciso”.  Más adelante,  agrega: “Los agujeros negros, con su increíble atracción gravitatoria, son básicamente máquinas de tiempo.” Si una persona viajara en una nave espacial y llegara sumamente cerca del horizonte de eventos, de un agujero negro, sin cruzarlo, por cada minuto que estuviera allí, en la tierra pasarían mil años. Como ya había dicho en los blogs anteriores la gravedad contrae la materia y el tiempo, que depende de ella. Finkel da esta frase concluyente: “La gravedad aplasta al tiempo”. Y, yo agregaría, si se pasa (una nave, planeta o estrella) el horizonte de eventos y se cae en un agujero negro, directamente el tiempo desaparece. Lo que me lleva al convencimiento de que el tiempo no es un ente, una cosa ni una dimensión, pues las cosas que existen  pueden transformarse pero no desaparecer.

Pensar en el tiempo como un ente o cosa, nos viene de los griegos, quienes creían en Cronos, el dios del tiempo. De él nos vienen palabras como “cronología”, “cronológico”, “cronógrafo”,  etc.  Al haber identificado al tiempo con un dios, se generó en la mente colectiva la identificación del tiempo con algo que existe y está allí en algún lado. Pero Cronos era hijo de Urano (cielo) y Gea (la tierra).O sea, desde su inicio el tiempo fue hijo o dependiente  de un sistema de coordenadas de referencia que le daba origen. El tiempo no existe por sí solo.

El tiempo tampoco existe como elemento, no figura en la tabla periódica. Por lo tanto si no es un elemento ¿qué es? Es una relación entre un objeto o sujeto en movimiento respecto a otro plano de referencia o sistema de coordenadas. Si nada se mueve no hay tiempo. Por lo menos a nivel científico nada hay para medir. A nivel filosófico son posibles otros enfoques. El cosmos  no es algo en movimiento sino, desde el Big Bang, un fenómeno del movimiento.

Heráclito, utilizó el río como metáfora del tiempo, una imagen de aquello que siempre corre, que pasa, que requiere movimiento y se renueva. Por ello ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río. Un lago no expresa la idea del tiempo. Un roca tampoco. Desde sus orígenes el tiempo estuvo íntimamente ligado al movimiento y a un sistema de referencia. Aristóteles también sostuvo que el tiempo está relacionado con el movimiento, con el agregado de que puede medirse partiendo de un “antes” a un “después”. No hay tiempo antes del Big Bang, ni más allá del horizonte de eventos de un agujero negro, más allá del cual ni la luz puede escapar de su gravedad. Por ello constituye el límite del tiempo. 
   
Mi conclusión es que 
el tiempo no es una cosa, ni un ente, ni siquiera una dimensión, es una variable del mundo físico que puede ir de cero a un valor sumamente elevado pero que nunca podrá superar la velocidad de la luz del sistema de coordenadas al que está referido.
©Pietro Grieco

21 de febrero de 2014

VIVIR EN EL PODER DEL AHORA O EN EL PODER DE MAÑANA - II Parte

   Como mencioné en el blog anterior, desde hace unas décadas, se puso de moda repetir que hay que morar en el “Ahora”. Esto no es nuevo. Desde la antigüedad, hubo personas que insistieron en que hay que morar en el supuesto único tiempo que existe: el presente, pues el pasado ya se fue y el futuro no llegó. Parece simple y convincente, pero es falso, de igual manera que la tierra es plana y las paralelas nunca se cruzan.  Esta creencia proviene de una observación pesimista, en cuanto a que la
existencia es sufrimiento. 

Por lo tanto, el pasado viene lleno de remordimientos y amarguras, y el futuro —dado que hay que sufrir—, traerá mucha angustia. 


  Pero ¿qué sucede si el pasado trae bellos recuerdos y el futuro promete experiencias plenas de felicidad? 

El argumento carece de validez, especialmente cuando el pasado fue muy bueno y el futuro promete ser aún mejor.

  Vivir ciegamente en el ahora, como quien vive en una burbuja de fantasía, ha sido refutado muchas veces a través de diversos argumentos. 
  Una fábula de Esopo reiterada por La Fontaine y Samaniego, es clara para entender la tontería de pretender vivir clavados en el ahora. La misma se refiere a la cigarra y la hormiga. La cigarra vive ciegamente en el “poder del ahora”. Segura, en el supuesto único tiempo, canta durante el verano. La hormiga, al saber que en el invierno no tendrá el mismo alimento, labora acumulando para el futuro. Cuando finalmente el invierno llega y la cigarra recurre a la hormiga, ésta le niega el alimento, pues si le da no habrá suficiente para las dos. 
                                             
De esta forma la cigarra paga con su vida al morar   tontamente en el ahora.
    El profesor Robert Grudin, en su libro El Tiempo y el Arte de Vivir, sostiene: “La inmediatez física del presente —su insistente, casi prostituida disponibilidad— tiende a oscurecernos su identidad más espiritual, la cual es única y frágil y maldita y condenada a morir. El presente es una princesa condenada, elegante e impresionantemente hermosa quemando el final de su vida con la falsa apariencia de una chica escandalosa. Ella está siempre a nuestra disposición para tomarla, así y todo aceptamos esta invitación demasiado seguido; e incluso aceptándola a menudo raramente comprendemos que no hemos hecho una conquista material sino más bien contactamos con un espíritu soberano, entramos en un dominio de ser cuya luz y poder transfigura todos los otros elementos” (p. 187/8). 



Este es el problema o paradoja del presente: el de transfigurar los otros elementos, cegando la percepción de otros sistemas de coordenadas con sus tiempos propios.

  Sabemos que el cerebro está localizado en el tiempo y el espacio. La mente, en cambio, es “no local” o sea no está limitada al espacio ni al tiempo. Esto explica por qué hay personas que dicen conocer su pasado remoto y hace regresiones, y otras que han tenido visiones de lo que sucederá en el futuro. Más que viajar en la flecha del tiempo, lo que sucede es que la mente abarca todas las dimensiones, y puede situarse en cualquiera de ellas. Muchas  personas cuentan que han visto y vivido el devenir. Hay millones de casos de personas que han tenido experiencias fuera del cuerpo (OBE) y otras que han muerto y han regresado de estas experiencias cercanas a la muerte (NDE). Toda esta actividad mental ocurre mientras el cuerpo continúa donde está.

Andrew Tomas en La Barrera del Tiempo, (Plaza y Janes, Editores) cuyo título en inglés es mucho más interesante: Beyond the Time Barrier, o sea Más Allá de la Barrera del Tiempo, cuenta:
El doctor J. Forbes Winslow, en su libro Las enfermedades oscuras del espíritu, cita un hombre que desde lo alto de un barco cayó al mar y se estuvo ahogando durante dos minutos, antes de que llegara el equipo de salvamento. Sus sensaciones están así consignadas: “De este modo, viajando desde atrás, cada incidente pasado de mi vida parecía fulgurar a través de mi memoria en un orden invertido, no sólo en sus grandes líneas, sino formando un cuadro completo con todos sus detalles; en una palabra, el conjunto de mi existencia parecía colocada ante mí como una especie de vista panorámica.
Unos años atrás, en Moscú, un ingeniero —relación del autor— fue derribado y herido en el Metro. En algunos segundos se sucedieron en su mente, con todos sus detalles, los episodios de su larga existencia.
No distinguía si recorría su vida a una velocidad fabulosa, o si los hechos, desde la infancia hasta el día del accidente, aparecían juntos como en un vasto fresco.
En ambos casos, como en muchos estudios psicológicos sobre los sueños, los hechos, que en las coordenadas de referencia espacio temporal duran años o toda una vida, ante la conciencia no tienen duración y pueden contemplase como un fresco, al unísono, puesto que en la conciencia el tiempo no existe, es un concepto relativo pero nunca un objeto. Por ello cuando nos invitan a algo que no nos interesa, decimos “No tengo tiempo”, pero si es algo que nos agrada en gran manera, vamos, pues previamente decidimos “hacernos el tiempo”. Para lo que nos gusta o consideramos importante, nos “creamos tiempo”.  

  Por ello, a la felicidad se la considera íntimamente ligada a nuestra actitud respecto al tiempo. Las personas felices parecen completas en el presente, alegres,.., en vez de agobiadas por remordimientos del pasado o ansiedad por el devenir. Dan la apariencia de permanencia y consistencia. Robert Gudin sostiene: “Aman experiencias pasadas y el hacer planes; hablan del pasado y del futuro, no como contextos externos, más bien como…, la quieta extensión de su propio ser. Uno casi siente que sus vidas poseen un tipo de eternidad calificada: que pasado y futuro, nacimiento y muerte, se encuentran como en la unión de un círculo (188)”.  La extensión del ser no es a nivel físico sino espiritual. La intención de Grudin es sugerir elevados niveles de percepción e integridad. Por encima de todo estar despiertos, alertas a la verdad de nuestros propios pasados y futuros, así como el presente. Con lo que reitera lo que ya dijera el filósofo romano nacido en Córdoba. La vida no es breve, la hacemos breve cuando no vivimos sabiamente.  

  Las fórmulas de Lorenz (y Einstein) sobre la contracción del tiempo permiten predecir lo que ocurrirá en el futuro de los viajes espaciales. Andrew Tomas da el ejemplo del astronauta (de 25 años) que viaja a la estrella Vega. Al regresar a la tierra en 14 años (según su sistema de coordenadas), ahora tiene 39 años y se encontrará que su esposa (de la misma edad cuando salió de viaje), que ¡tiene 90 años! En grandes distancias y a velocidades cercanas a la luz, como ya habíamos visto el tiempo se contrae y corre mucho más lento. Otra paradoja. Si una persona gana 1000 unidades de dinero por el trabajo de un día de 24 horas, o sea por una rotación de la tierra, pero si viaja como astronauta y da 16 giros alrededor de la tierra, ¿debe cobrar 16000 unidades? Si el proceso de contracción se podría replicar en la tierra (como se hace con la falta de gravedad) ¿la gente podría vivir muchos siglos? A medida que elevamos la conciencia y abrimos posibilidades a la mente tendremos un dominio cada vez mayor del tiempo, hasta que el dios Cronos deje de gobernarnos y comience a ser nuestro servidor.

  Como vimos en el blog anterior Einstein sostuvo y demostró, que “Cada cuerpo de referencia (sistema de coordenadas) tiene su tiempo propio; una indicación de tiempo sólo tiene significado cuando indica el cuerpo de referencia al que se refiere.” En los textos sagrados de la India  y judeo-cristianos el tiempo se lo consideraba relativo. La Biblia dice que: para Dios un día es como mil años, y mil años como un día, (2 Pedro 3,8). O sea que, teológica y metafísicamente, el tiempo no es absoluto. Como seres espirituales o expresiones de un Ser Trascendentes manifestamos esa cualidad de trascender las dimensiones espacio-temporales. Esto sucede naturalmente durante el sueño, en plena meditación o durante estados místicos. Einstein dijo: “La emoción más completa y más bella que podemos experimentar es la sensación de lo místico.

Es la simiente de toda verdadera ciencia” (citado por Andrew Tomas, p. 39). En esos estados es posible percibir toda la realidad y las leyes científicas que la rigen. En mis pocas y breves experiencias de este tipo me fue posible experimentar el universo como un todo y mí ser en armoniosa unidad con ese todo. Aquellos que lo vivieron dicen que es muy bello.

    El ser espiritual, como pura conciencia, no está restringido ni preso en un eterno ahora, es libre, completamente libre como puede concebirlo y puede moverse en todas las dimensiones y en cada caso morará donde siente que es apropiado para cada situación. Muchas circunstancias espaciales son restrictivas, no podemos extender una pared, ni elevar el techo donde vivimos, ni reducir el océano, son dimensiones dadas, pero el tiempo propio podemos determinarlo y utilizarlo a placer: dormir poco o mucho, leer una hora o dos, caminar toda la mañana o la tarde, ir a charlar con amigos o practicar un deporte. El tiempo, bien empleado, brinda libertad y creatividad para recrearnos y recrear el mundo. Aprovechando las lecciones del pasado, y desarrollando la visión de futuro, vivimos el presente con armonía.

  Reitero lo dicho en el blog anterior: El ser espiritual no mora en el pasado, el presente ni el futuro, mora en la intemporalidad de la conciencia, la cual, como fundamento último del ser, es puro espíritu. Posee la libertad de situarse donde desee. Las dimensiones espacio temporales definen coordenadas específicas al movimiento del cuerpo y al cerebro, pero no se circunscriben a la conciencia y a la mente. Por el contrario es la conciencia que abarca las dimensiones espacio-temporales y hace que la mente se mueva y sitúe en las coordenadas que elige. Es durante los estados místicos cuando la visión de la conciencia abarca con claridad todas las dimensiones y la mente las recorre y razona con ellas.
  
  Así como la teoría de la relatividad nos liberó del tiempo newtoniano absoluto (igual en todas partes) la concepción espiritual nos libera de la esclavitud del tiempo sujeto a coordenadas espaciales, y nos abre la posibilidad de vivir un día como mil años y mil años como un día. 
©Pietro Grieco


31 de enero de 2014

VIVIR EN EL PODER DEL AHORA O EL PODER DE MAÑANA



  En materia espiritual hay conceptos que, por su repetición, se convierten en moda. Mantras sagrados repetidos sin pensar, como si fueran verdades  evidentes de por sí. En este texto y el siguiente deseo refutar que: “Hay que morar en el ahora, pues el presente es el único tiempo que existe”.  

  El énfasis de vivir en el presente (se dice) es para evitar los remordimientos del pasado, saber dejarlos ir. Claro, tampoco morar en el futuro pues angustia pensar qué nos puede deparar. He leído, hace unos días, en una columna de espiritualidad iniciar con: 
“La eterna amenaza del futuro”
(Infobae 28-1-14), como si el futuro fuera un monstruo amenazante. Y, de esa forma, forzar la conclusión sobre la importancia de morar “en el ahora”. Afirmación sin fundamento, puesto que hay consenso científico en que si comparamos la calidad y promedio de vida desde la antigüedad al presente, la situación humana siempre evolucionó favorablemente. Además a muchas personas les place recordar con afecto el pasado, asi como pensar en sus planes, sus proyectos y sus metas en el futuro.

  De los griegos nos vienen dos posiciones filosóficas opuestas respecto al tiempo, la “estática” (de Zeno y Parménides), que sostiene que elcambio temporal es una ilusión; y la “dinámica” opuesta a la posición anterior  (de Heráclito y Aristóteles), en la cual el tiempo es un constante fluir. Una definición filosófica actual indica que es la dimensión del cambio, para distinguirla de las otras tres dimensiones del espacio.

  En la cosmología de Newton, de un universo mecanicista, el tiempo era absoluto. Una hora era una hora en cualquier lugar del universo. La teoría de la relatividad vino a cambiar las cosas, al demostrar que algunos hechos son del pasado y otros del futuro sin importar el marco de referencia. Además las leyes fundamentales de la física son reversibles, o sea,  la materia puede transformarse en energía y viceversa.

  Como el universo determinista y absoluto newtoniano fue reemplazado por la teoría de la relatividad, el concepto del tiempo absoluto, como el metro absoluto han dejado de serlo. No debe llamar la atención que el eterno “presente ahora”, haya perdido su encanto. Albert  Einstein en el capítulo 9 de su obra “La Relatividad”, explica:

Cada cuerpo de referencia (sistema de coordinadas) tiene su tiempo propio; una indicación de tiempo sólo tiene significado cuando indica el cuerpo de referencia al que se refiere.
Antes de la teoría de la relatividad, la física suponía siempre tácitamente que la indicación del tiempo tenía un valor absoluto, es decir, que era independiente del estado de movimiento del cuerpo de referencia.

  Un ejemplo ayudará a entenderlo. Para una persona parada en una estación y otra viajando en un tren, el tiempo corre de manera diferente. Un rayo que cae delante del tren será visto primero por el pasajero que camina en el tren y se acerca al lugar del fenómeno, mientras que el individuo parado al costado de la vía, el tiempo será más extenso. Veamos otro ejemplo.

  Supongamos un tren de algodón, a medida que avanza la presión del aire y del viento harán que el tren se encoja. A medida que incrementa la velocidad, más se contraerá. Si en el tren hay relojes también de algodón, se irán encogiendo con lo cual las manecillas se harán más pesadas e irán más lentas. El tiempo será más lento.  Esto explica por qué un viajero espacial, que deja en la tierra a su mellizo, luego de un tiempo al regresar será más joven que su hermano. Para él el tiempo corrió más lento y fue más breve. Es paradójico, pero (en igualdad de condiciones), un individuo parado envejecerá más rápido que uno en movimiento. Einstein también explicó el concepto subjetivo y relativo del tiempo con el ejemplo de que breves momentos en un incendio puede parecernos una eternidad, mientras que en una reunión con amigos, el tiempo pasa volando y, por ende, parece más breve.

  Es claro que esto no es nuevo. Séneca, en su magnífico escrito “Sobre la Brevedad de la Vida”, sostiene que no es breve la vida, sino que los hombres la hacen breve por no saber aprovecharla. Para evitar que el tiempo parezca breve, cada individuo debe aprovechar su tiempo propio viviendo con intensidad, reflexionando sobre la misma, pues como dijo Sócrates, una vida sin análisis no merece ser vivida. O sea hay que saber utilizar el tiempo para que no se nos escape como agua entre los dedos.  En síntesis: 
 “Para Séneca, aquel que mejor vive la vida, es el sabio, ya que recuerda sabiamente el pasado, sabe aprovechar el presente y dispone [de] el futuro. Esta unión de los tres tiempos, hace posible que la vida del sabio sea larga; y muy corta la de aquellos que se olvidan del pasado, descuidan su presente y miran al futuro con miedo y temor”  Wikipedia Org.

  Filosóficamente la idea de morar exclusivamente en el “tiempo presente” fue rechazada. Dado que, cuando se dice tiempo presente, ya pasó debido al retraso de los sentidos en percibir los hechos. Humanamente el tiempo presente siempre es pasado. La neurociencia nos dice que los humanos no viven en el momento de los hechos pues el cerebro tarda en organizar la información del sonido que viaja mucho más despacio que la luz. Eso se ve claro en las entrevistas televisivas cuando el entrevistado se encuentra en un lugar alejado del centro de noticias. Se hace evidente que el cerebro no puede procesar la imagen (luz) y la voz (sonido) en forma simultánea. Descubriéndose así el engaño del llamado tiempo presente. Otra observación es que el tiempo puede estirarse, debido a que la memoria retiene más los hechos nuevos o más intensos. Por lo tanto a los que experimentan hechos nuevos, les produce la sensación de que han vivido más. Esto sucede durante las vacaciones como en la infancia. El tiempo parece más largo o extenso porque todo es nuevo.

  En materia espiritual hay que evitar caer en posiciones absurdas impuestas por las corrientes de moda como vivir en el “Poder del Ahora”. Nada es más efímero que el tiempo presente. Cada individuo debe morar en el tiempo propio que le corresponde.

 




El ser espiritual no mora en el pasado, ni el presente, ni en el futuro, mora en la intemporalidad de la conciencia, la cual, como fundamento último del ser, es puro espíritu.

Posee la libertad de situarse donde desee. No es que las dimensiones espacio temporales circunscriban a la conciencia y a la mente, simplemente la mente las abarca y razona con ellas en la conciencia que todo lo permite y registra.


En el próximo blog profundizaré estos conceptos para que no queden dudas.



©Pietro Grieco

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