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14 de diciembre de 2014

¿QUIEN DETERMINA NUESTRO DESTINO?


                                    Parte III  El Enfoque Espiritual

¿Cuál es nuestro destino espiritual? Parecería que el mundo es nuestro destino, pero…  tan solo es uno transitorio. Por ello Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy de arriba… Yo no soy de este mundo” (Juan 8: 23). El destino espiritual es intemporal y trasciende el mundo, por lo tanto consiste en vivir y experimentar la existencia que trasciende a lo corporal y material.

 El enfoque espiritual es paradójico: no hay que ir a ninguna parte, se halla en el mismo ser. Corresponde a la experiencia interior conectada a espacios del corazón que otorgan sentido y propósito a la vida. La espiritualidad brinda la percepción de pertenecer a una vastedad más allá de nuestro ego, que conecta y relaciona al ser en forma armoniosa con todo lo existente.

No consiste en alcanzar como resultado alguna meta lejana, pues como bellamente lo expresó Shunryu Suzuki: “El resultado no es el punto; es el esfuerzo para mejorarnos a nosotros mismos lo que es valioso. Para esta práctica no hay fin”. Este esfuerzo lo vemos en sus frutos, al manifestar sabiduría, armonía, no-violencia, compasión, paz y, fundamentalmente, felicidad y alegría.

El logro del destino espiritual asemeja al esfuerzo de ascender a una montaña.

Tomamos la determinación de llegar al cielo con entusiasmo, pero a medida que subimos, nos damos cuenta de las  cosas que debemos abandonar. No se puede ascender con una pesada bolsa sobre nuestras espaldas. Como el globo aerostático, para ascender hay que aprender a largar lastre. A ninguno de los místicos, profetas, y maestros espirituales, como grandes creadores y científicos les fue sencillo. Debieron esforzarse y persistir. Dejar atrás creencias antiguas a las que estaban apegados, deseos de placer, ambiciones de poder y otras pesadas cargas. Purificarse en sentimientos y pensamientos. Ser más leves. Más transparentes.

Cuando ascendemos parece que pronto llegaremos a la meta, pero son pequeñas mesetas, que dan un descanso. Muchos, satisfechos con el esfuerzo, quedan allí, listos para regresar. Los menos continúan. La ladera se hace más escarpada, hay menos árboles, hace más frío. Tras mucho esfuerzo llegan a un refugio. Un lugar para reponer fuerzas, superar las dudas, reafirmar el propósito y el sentido de la existencia. Las demandas son mayores. Nuevamente son muy pocos los que se determinan a seguir. La montaña se hace más hostil.

El frío aumenta y la nieve es un gran obstáculo. ¿Se justifica seguir? Ya la ambición no alcanza, la voluntad flaquea. Sólo continúa quien es impulsado por un fuego interior, una fuerza inexplicable.

De allí en más, llegar a la meta semeja caminar sobre una cuerda tendida sobre el abismo. Es para muy, muy pocos. Es para los que se mantienen concentrados, en equilibrio, conscientes y despiertos. Finalmente se llega a la cima. Se contempla los 360 grados del vasto universo, se conoce toda la verdad. ¿Qué verdad y qué universo? Pues la verdad y el universo del propio ser. El ser que fue, que es y que será. El ser que está unido con el todo. El ser que es un holograma conteniendo la totalidad en unidad. Reconocerse como el Cristo, “Yo y el Padre, el Ser Infinito, somos Uno”. En ese momento ¿qué queda por hacer? El ser se enfrenta con la ascensión, el Nirvana,  o el regreso.

Si se  regresa es para ayudar a otros. Ser igual a todos los demás, con la visión de que detrás de cada individuo hay una manifestación del infinito, que puede liberarse de sus cargas y limitaciones y vivir despierto a esa realidad. Desde el llano contempla la montaña.


Allí esta quieta y firme. Si estuvimos en la cima, somos la montaña. Ese es nuestro ser. Hace años una sanadora espiritual noruega me dijo: “El mundo necesita individuos firmes como una montaña y rectos como una espada”. La metafórica espada de la verdad que corta las ligaduras del ego, las pasiones y la ignorancia.

La ascensión en la dinámica del ser, la tuvieron los yoguis en montañas y bosques.



Cada vez que la elevación espiritual fue mediante aspectos materiales externos, condujo al fracaso. Por ejemplo, Buda en su búsqueda hasta bordear la muerte con el ascetismo extremo, fue un fracaso. Su destino espiritual lo halló cuando batalló internamente. Concentrado en su propia conciencia bajo un árbol, luchando contra las creencias perversas de la mente, hasta que tocó tierra, entonces alcanzó la revelación iluminada del ser. A su vez los profetas como Elías y Eliseo hallaron su destino espiritual en el desierto. También Jesús, para hallar su destino espiritual, tuvo su lucha en el desierto. Se dice que su concentración duró 40 días y 40 noches, luchando contra las perversidades en su propia mente. 

La espiritualidad destina al individuo hacía las capacidades más elevadas del ser: la visión, la sabiduría, la creatividad, la calma, la armonía, la imaginación, la bondad, la compasión y el amor incondicional, entre otras.  Es una oportunidad de amar, crear arte y felicidad, desarrollar actividades que expandan nuestros talentos de ser, de experimentar lo inefable en un deporte, en la meditación sentada o en movimiento, o en nuestras actividades diarias de servir con amor.

El enfoque espiritual, permite —estando en el mundo—, vivir nuestra verdadera identidad. La que muchas veces se halla oculta bajo las capas de ambiciones, materialidad, sufrimientos, egoísmos, aferramientos, deseos, y  creencias diversas. Por ello todo camino espiritual comienza con la purificación de nuestra mente y corazón. Una consciencia purificada abre el camino de crecimiento para que nuestro ser bello y puro, el auténtico y sin mancha, el iluminado y despierto del que hablan místicos, maestros y profetas sea una realidad. 

La perspectiva espiritual permite vivir desde una dimensión intemporal, independiente del soporte material, desde el ser-acá como pura conciencia,  en vez del ser-ahí, en el mundo. Vivir fuera del tiempo hace que la conciencia nos renueve. Por ello internamente no importa la edad nos sentimos siempre jóvenes. La elevación de la conciencia hace que la humanidad se encamine a la búsqueda de condiciones que eliminen el envejecimiento, y hagan que el cuerpo se corresponda con la conciencia espiritual

Desde antiguo el hinduismo aseguraba al individuo, mediante el libre albedrío, la posibilidad de crear su propio destino. Lógicamente el mismo estaría influido por la ley moral del karma, de causa y efecto de cada acto. El budismo refuerza esta idea complementándola, en el proceso de morir, con la práctica de la imaginación lanzando la conciencia a una nueva dimensión donde el ser continúa su existencia.
El ser spiritual no solo determina su destino, también determina su circunstancia. Es dueño y señor de su ser. Esta convicción le permitió a Ralph Waldo Emerson adoptar con amplitud la doctrina espiritual. Reconoció que la medida espiritual de inspiración determina la profundidad del pensamiento, y nunca quién lo dijo. Por ello afirmó: “Tú piensas que soy una criatura de mi circunstancia: Yo produzco mi circunstancia.” (You think me the child of my circumstances: I make my circumstance “The Transcendentalist”). Para los pensadores trascendentes  lo sagrado no era la religión, sino la vida. Lo único sagrado era la integridad de la conciencia individual.

Hoy en día, el destino espiritual no requiere subirse a un tren o un avión, para ir a un desierto o la montaña más alta. No. No requiere  ir a ninguna parte, sino a la dimensión superior del mismo ser. El ser divino, el ser sagrado, el único ser de cada uno, el núcleo iluminado y espiritual que mencionó Jesús y demostraron profetas, yoguis, y místicos. Esta parte esencial  le pertenece a todos los seres. 

La pregunta es ¿cómo se logra? Mediante prácticas conocidas: la meditación, el silencio,  lecturas inspiradas, la soledad, el canto, la oración constante, el uso de mantras, el baile, la música, etc. Hoy día hay muchas opciones, parafraseando al Prof. Leo Buscaglia es posible elegir la alegría sobre la desesperación; la felicidad sobre las lágrimas; la acción sobre la apatía; el crecimiento sobre el estancamiento; es posible elegirse a uno mismo, elegir la vida. Es tiempo de reconocer que no estamos a merced de fuerzas mayores que uno. Nosotros somos verdaderamente la mayor fuerza para nosotros mismos. (Living, Loving and Learning). Únicamente si estamos descentrados y perdemos la órbita de nuestro verdadero ser, nuestro destino estará fuera de nuestras posibilidades.

El rabino Zalman Schachter, escribió en The First Step: “Nuestra intención es siempre libre. No existe nada que pueda obstruir nuestra intencionalidad. Incluso si el mundo entero nos coerciona dentro de sus esquemas, siempre podemos “intentar” lo que queremos”. Da un ejemplo muy interesante -pude demostrar algo similar-. Él sostiene que si nos hallamos bajo el torno del dentista, y sentimos el punzante dolor, podemos intentar hacer de este dolor un ofrecimiento de amor. Amor a Dios o a quien deseamos. En mi caso la solución era mantener mi mente fuera del dolor y concentrado en mi identidad espiritual. El espíritu no sufre y nuestro ser tampoco.       
Espiritualmente cada persona puede escoger el enfoque que le sirva para avanzar en la búsqueda del destino espiritual. En este sentido Sue Bender, para quien el diario vivir puede ser una experiencia sagrada, dijo:

La forma externa, la práctica, y la denominación pueden ser diferentes para cada uno de nosotros, pero en una forma profunda y todo-comprensiva yo creo que no estamos solos. Existe un espíritu, un poder superior —el universo—guiándonos, conduciéndonos a aquello que significa aprender, y a hacer: nuestro destino, nuestra contribución única a los demás (The Power of Small Things, in Handbook for the Spirit, New World Library, 2008).

Si estamos en sintonía con ese poder superior, el universo o el espíritu, ese poder nos guiará y dará el contexto correcto para un destino correcto.

La concepción del destino espiritual ofrece la libertad de, por lo menos, intentar morar en nuestra conciencia espiritual y, con ella, navegar hasta emerger en la vasta eternidad de la existencia.

©Pietro Grieco
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13 de octubre de 2014

PREMIO NOBEL DE LA PAZ A MALALA Y KAILASH



 
     Me ha causado una gran alegría que Malala recibiera el premio Nobel de la Paz. Siendo una joven menor de edad supongo que demandó bastante coraje al Comité otorgárselo.
    
  El premio a Malala Yousafzai, de Pakistán, fue compartido con Kailash Stayarthi, de la India. Este por ayudar a niños abusados, maltratados, abandonados. Justo premio a dos luchadores empedernidos contra las injusticias de este mundo.
   
   Ambos son un ejemplo para sus países y el resto del planeta, para elevarse sobre las mezquindades de mentalidades colonizadas por ideologías de violencia innecesaria. 

  Ambos luchan para que niños y niñas tengan un futuro mejor, donde el entendimiento, la compasión y la educación deberían ser lo normal pero que no lo son aun en sus países.


   Son ejemplo de valentía para seguir adelante, pese a estar amenazados o tener que vencer todo tipo de adversidades. La ignorancia será vencida, el derecho de los niños de ambos sexos para estudiar y crecer con dignidad será establecido, la barrera de la discriminación eliminada. 

  Estamos gozosos porque los derechos individuales a la libertad, la educación, y a un hogar digno se alcanzarán. Con amor hasta los que se oponen, un día serán redimidos de sus errores.

    Que haya paz en la tierra entre las personas de buena voluntad demandará esfuerzos adicionales. 
                                 
                             Pero reconocer a los que luchan y apoyarlos,  son  pasos necesarios. Gracias a ellos todos somos mejores seres humanos.

©Pietro Grieco




30 de septiembre de 2014

¿QUIEN DETERMINA NUESTRO DESTINO?


                       II  Parte
           El Enfoque filosófico

En la antigüedad existía la creencia de que era posible conocer el destino. Para ello existían los augures, los astrólogos, los realizadores de vaticinios y los profetas. Lo más prestigioso era consultar a los dioses. Para ello existían lugares famosos como el Tempo de Apolo, en Delfos, Grecia, al cual se podía ir a consultar al oráculo cuestiones de la vida diaria. Una mujer embarazada si nacería niño o niña; para un general si ganaría la batalla, un emperador cuánto tiempo viviría. Al visitar dicho templo, hace unos años, descubrí como hacía el oráculo para acertar de qué sexo sería un niño antes de ser concebido. Los sacerdotes siempre decían una cosa (niña) a la madre, pero registraban lo opuesto (niño). Si al nacer, el sexo era tal como habían dicho, era una ratificación de la sabiduría del oráculo. Si era lo opuesto, y los padres se iban a quejar, los sacerdotes conducían a la persona a los registros y ¡oh sorpresa! Habían entendido mal, pues no era niña, sino niño, lo dicho por el oráculo.

En el blog anterior vimos cómo occidente estuvo dominado por la doctrina de la predestinación calvinista, basada en el texto bíblico y cómo la misma perdió vigencia cuando nuevos descubrimientos científicos cambiaron la visión cosmológica del mundo. La biblia y otros textos sagrados dejaron de tener la influencia casi monopólica del conocimiento. La idea de que el destino estaba determinado por los dioses, o las diosas, viene de muy antiguo. Los griegos, que recogieron conceptos de civilizaciones anteriores hablaron de la Moira, en latín la Parca, o la Fatalidad. La Moira estaba representadas por tres hermanas: Cloto, Láquesis y Átropos y poseían más poder que los dioses, pues representaban una verdad natural inflexible, un orden cósmico inevitable. Cada Fatalidad o Parca tenía una misión: Cloto: hilaba las hebras de la vida; Láquesis: asignaba la extensión del espacio y del tiempo; y Átropos fijaba el momento de la muerte al cortar las hebras vitales. La determinación del destino basado en un orden cósmico por encima de los dioses mitológicos, se relaciona con el pensar filosófico y científico que también basan sus ideas en visiones cosmológicas.

Fueron inocentes descubrimientos geológicos de restos fósiles, correspondientes a animales de centenares de millones de años que comenzaron a negar el texto bíblico. A su vez el geólogo y naturalista Charles Darwin dio la visión científica que aceleraría el cambio de paradigma sobre el inicio de la vida y su evolución, extendiendo su origen a períodos de tiempo muchos más extensos que los textos sagrados. El universo no había comenzado hace unos seis mil años, sino 13500 millones años atrás. Una diferencia sideral. A ello se sumaron los descubrimientos de restos humanos en África de más de dos millones de años. Si fuera por los textos sagrados, dinosaurios y mamuts nunca existieron, y los fósiles que se descubren día a día serían una película de ficción.

Concepciones filosóficas, de oriente a occidente, van desde el total indeterminismo hasta un determinismo irremediable. El astrónomo, matemático, filósofo y poeta persa Omar Khayyám (1040 – 1123), considerado uno de los mayores sabios de la edad media, sostuvo en su famosa obra Rubáiyat:

Admitamos que hayas resuelto los enigmas de la creación. Pero ¿cuál es tu destino? Admitamos que hayas despojado de todas sus vestes a la Verdad. 

Pero ¿cuál es tu destino? Admitamos que hayas vivido feliz cien años y que
te esperan cien otros todavía. Pero ¿cuál es tu destino?


Como podemos ver no afirma que es esto o aquello, sino que pese a vivir en el mundo musulmán, en el cual todo estaba predeterminado por Alá, con lenguaje elegante y poético, contradice ese enfoque y sostiene que el destino seguirá siendo elusivo e indeterminado para el ser humano.

Un futuro fijo e inevitable, sea prefijado por los dioses, un universo mecánico, o cualquier causalidad forzosa, también ha tenido sus adherentes. Por ejemplo Leibniz en su Metafísica sostiene: “Y nosotros afirmamos que todo lo que ha de ocurrirle a alguna persona, ya está comprendido virtualmente en su naturaleza o noción, como las propiedades lo están en la definición del círculo;” (Discurso de Metafísica, cap. 13). Es semejante a la Moira o al universo mecánico de Newton de causalidad inevitable. Cualquiera de las causas hace que al individuo le sea imposible de escapar de su destino. Esto es el determinismo.

En el mundo moderno millones de personas se consideran deterministas. Si con la mecánica de Newton es posible calcular el movimiento de un objeto, vehículo o  planeta y prever su ubicación en el futuro como en el pasado con certeza, entonces —supuestamente— sería igualmente posible calcular el destino. Pero filosóficamente, estas fórmulas, como las que prevén el clima para los próximos días, son consideradas dudosas, pues no consideran las interferencias u obstrucciones accidentales que pueden producirse: un poco de basura en un reloj; un alud en las vías del ferrocarril; una tormenta que desvía a un avión, una erupción solar, y así sucesivamente. Lo atractivo del determinismo es que si todo funciona mecánicamente permitiría predecir lo que le sucederá a cada persona. Sin embargo los juegos de azar contradicen todos los días este enfoque, pues si se pudiera saber con exactitud el destino de cada individuo también se podría saber que caballo ganaría tal o cual carrera, o qué número ganará la lotería. El juego perdería su encanto. 

Es un hecho que nadie puede predecir lo que le sucederá a individuos o a los mercados. Si así fuera, todos serían ricos inevitablemente.

La doctrina opuesta, basada en el libre albedrío, es el indeterminismo. Para Sartre, al negar la existencia de Dios, (partiendo de la idea de Nietzsche, de que Dios ha muerto), no existe una idea en la mente de Dios sujeta a su gobierno. Por lo tanto cada ser humano está solo, abandonado y al mismo tiempo libre. En este sentido considera que cada individuo en todo momento a través de sus decisiones crea y recrea su destino. El individuo está gobernado por el albedrío, la capacidad de hacer aquello que le dicte la voluntad. Incluso si un individuo es enviado a la guerra y aparentemente debe defender a su patria y matar al “enemigo”, sin posibilidad de hacer otra cosa, Sartre interpreta que no es verdad, en esa situación, si no desea matar a nadie,  ni ir a la guerra, puede incluso suicidarse y decidir su destino, y nunca el que le impongan. Por lo tanto el ser humano detenta siempre la libertad de decidir. El futuro no se halla prefijado. Por el contrario el individuo posee la libertad de elegir su camino y su futuro incluso si es desagradable.

Existe un enfoque intermedio que surgió en el campo de la lógica: el indefinido.
La concepción de “si” o “no” o, “verdadero” o “falso” sufrió un importante cambio de notación axiomática de los silogismos, al introducir  Jan Lukasiewicz el concepto de indeterminación. Para que cualquier proposición sobre el futuro no sea considerada ni verdadera ni falsa, sino posible, propone una tercera categoría de verdad posible: la indefinida. Donde 1, es “verdadero”, 0 es “falso” y ½ es “indefinido”. Esta lógica ya no refleja valores absolutos sino valores probabilísticos.

Todas las concepciones tienen un falla común.  Adoptan un paradigma, y desde esa perspectiva estática juzgan la realidad. El paradigma de la tierra plana determinó la geometría plana de Euclides. Situados en la mecánica newtoniana causa y efecto se siguen indefinidamente en forma precisa como el mecanismo de un reloj. Con la teoría de la relatividad tiempo y espacio dejaron de ser valores absolutos. Con la teoría cuántica, al sostener que no es posible determinar la posición y la velocidad de una partícula surge algo indeterminado. Cuando sabemos una cosa desconocemos la otra. Nos hallamos ante situaciones estadísticamente probables.

Por ello se puede afirmar que el destino de un ser humano no está determinado, aunque por ahora está acotado por las condiciones físicas. Todo individuo posee opciones y limitaciones. Por lo tanto el ser humano puede forjar su destino entre una gran variedad  de opciones pero acotado dentro de ciertos límites.

En el presente estamos conscientes de que, con el cambio de paradigmas, el destino humano puede ir desde el tiempo limitado a la eternidad. Si se logra que las células no se dañen por oxidación, y sean reemplazadas por nuevas y sanas constantemente, el ser humano podría vivir indefinidamente. La genética ha abierto un campo de posibilidades impensadas para evitar las enfermedades antes de nacer. Con la inteligencia artificial cubriendo cada día un espectro más amplio de las actividades abre posibilidades ilimitadas. La vida en el espacio, también abre posibilidades impensadas al destino humano. 

Con cada acción los seres humanos van formando su destino abierto al futuro. 

©Pietro Grieco

21 de agosto de 2014

QUIEN DETERMINA NUESTRO DESTINO


¿Podemos elegir nuestro destino, o nuestra vida está pre-determinada por  el azar,  un ente superior, la fatalidad o una conciencia cósmica? 
¿Hay personas destinadas a ser violentas o pacíficas, pobres o ricas, con mala o buena salud?  En teología se lo trató bajo el concepto de “predestinación” y en filosofía bajo el de “determinismo” e “indeterminismo”. 


Veamos primero  el enfoque religioso, luego el científico y finalmente el espiritual.

I. El Enfoque Religioso

Cualquier persona que visite la ciudad de Ginebra hallará dos íconos inevitables: el chorro de agua del lago Leman (o lago  Ginebra) y el monumento de 100 metros de largo a los Reformadores.  El cual destaca en el centro a los ginebrinos Guillermo Farel, Juan Calvino, Teodoro de Bèze y John  Knox.  Ginebra fue pionera, en el siglo XVI, en adoptar las ideas del monje católico alemán Martín Lutero, quien se rebeló contra la jerarquía de Roma, aduciendo, entre otras cosas, la inmoralidad de la venta de indulgencias. Fue un acto de coraje individual, cuya influencia para cambiar la realidad ha sido enorme. No era, ni es necesario llegar a ser un papa, ni siquiera un obispo, para cambiar contextos y circunstancias. Un individuo convencido de su verdad podía plantarse ante la autoridad —o la adversidad—para transformarla.  Lutero no fue un improvisado, ni hizo marchas públicas, se rebeló con 95 tesis dirigidas a la autoridad de Roma.


En mi última visita a Ginebra, recordé que el seguidor de Lutero, Juan Calvino había hecho énfasis en la doctrina de la predestinación; por lo tanto,  decidí ir al Museo de la Reforma para ver qué antecedentes había. Hallé que  dicha doctrina no fue un invento de Calvino, sino más bien una conclusión directa de (las contradicciones) del texto bíblico. Si no hubiera sido por la voluntad divina ¿cómo podría Abel, el preferido de Dios, ser asesinado por su hermano Caín? O ¿por qué Jacob, el segundo de Isaac, fue elegido como primogénito, en vez de Esaú? O ¿por qué los inocentes pueblos de Canaán con sus niños, ancianos y mujeres  (incluido su ganado), debían ser asesinados por los Israelitas, por el sólo hecho de estar allí, contradiciendo el mandamiento de “No matarás”?  Recordemos que la Doctrina de la Predestinación sostiene que todo ya ha sido establecido por la voluntad de Dios. Si esto es así, de inmediato se plantea el problema de si la libertad existe o no. Según algunos estudiosos, como Marc Faessler, era ése el tema que realmente interesaba a Calvino: la libertad.


  En el presente, las contradicciones bíblicas, provienen, de considerarlo un texto único, cuyo autor es nada menos que Dios. Esto hace de Dios un ser que se contradice a sí mismo. Cada libro contenido en la Biblia es una fusión de una diversidad  de textos provenientes de momentos históricos y autores bien diferentes. Con tales orígenes las contradicciones son inevitables. En vez de cuestionar los textos con sentido crítico, Calvino los justificó mediante la doctrina de la predestinación.

  No son contradicciones, para Calvino, así lo quiso Dios. Lutero, más práctico, sostuvo que las secciones relevantes de la Biblia son las que hablan del Espíritu. La doctrina calvinista enfatiza la potestad de Dios, la bondad de su creación, las limitaciones de la creatura humana por el pecado original, y la Biblia como única autoridad. En este contexto se sitúa la doctrina de la predestinación. Es claro, la doctrina presentaba una paradoja: contradecía la libertad y el libre albedrío.

  La vida eterna, de los hijos de Dios, según Calvino, era posible mediante la actividad redentora de Cristo. Éste aspecto, tratado dentro de la bondad de la creación divina se conectaba con la cooperación en la sociedad, enfatizando la participación, el trabajo duro y el éxito en las actividades humanas. Las personas glorifican a Dios trabajando con alegría. El premio por al trabajo duro es la riqueza.


  Por lo tanto si bien el destino final en la eternidad estaría predeterminado, permite elección y el ejercicio del libre albedrío condicionado a los estrechos caminos a seguir. Muchos pensadores consideran que el enfoque de lograr la vida eterna mediante las buenas obras y el trabajo intenso, fue un aspecto esencial en el progreso de los países donde el protestantismo ejerció su influencia. Influencia que ha continuado.

  Hoy en día esta doctrina está superada (ni la ciencia es considerada infalible), la Biblia ya no es considerada un texto absoluto, ni fuente única de verdad. Eso no impide que siga teniendo gran cantidad de ciegos seguidores.

  En su época y para las mentes que demandaban una certeza absoluta, tenía sentido. Los que hacían el bien contaban con la posibilidad de la salvación, en cambio los que hacían el mal eran condenados. ¿Quién determinaba lo que estaba bien o mal? ¡La misma iglesia! El poder, sobre los fieles, que se adjudicaba la religión era enorme. Calvino fue un trabajador infatigable, para establecer y hacer cumplir normas, que él mayormente había redactado. Esto le trajo muchos enemigos y se convirtió en un déspota hasta con quienes lo apoyaron. El destino estaba predeterminado: algunos —los que seguían sus preceptos— se salvarían y el resto estaban condenados.

  Además, su la visión eurocéntrica, ignoraba a aquellos que no eran cristianos y ni siquiera habían oído hablar de Cristo: los condenaba sin sentido. En el mundo global posmoderno, los dogmas localistas pierden valor y sentido. Si la leyenda bíblica fuera la única verdad, la humanidad sería heredera de Caín, un fratricida. 

En la segunda parte veremos los enfoques científicos y filosóficos del destino.
©PietroGrieco





4 de agosto de 2014

VIVIR EN ARMONÍA EN PALESTINA

Después de mi blog Morir en Jerusalén, unas semanas atrás, la violencia se extendió a Gaza. Me sentí triste, realmente triste. Palabras de amor y comprensión parecen una indecencia en medio de tanta muerte. No se trata de quien tiene razón, pues la razón (como demostró el filósofo Kant), es insuficiente para comprender la realidad. El legítimo derecho a defenderse de Israel, expresadas por Peter Lerner, el vocero militar parecían razonables.  Pero los  tremendos excesos, hace que Judíos y no judíos, incluyendo al Secretario General de las Naciones Unidas, estén clamando por lo que se considera una masacre de civiles, en especial niños, sin ninguna relación con objetivos militares. Quisiera plantear hechos, tan objetivamente como la información me permita, para pasar, al final, al enfoque espiritual de este blog.


Nadie puede negar el derecho a defenderse destruyendo lo que se considera una amenaza. Pero eso no significa arrogarse el derecho a masacrar niños en una playa, donde no había ni túneles, ni lanza misiles, como tampoco los había sobre una azotea en la que jugaban niños, ni en los hospitales, ni en el principal mercado lleno de gente, la universidad, ni en las escuelas de las Naciones Unidas, ni en centros religiosos como la Iglesia cristiana a cargo del sacerdote Jorge Hernández, que atendía a niños discapacitados. No podemos negar que, posiblemente, producir víctimas sea parte de la estrategia de Hamas, pero lo increíble es que Israel contribuya a la misma. Ante los cuestionamientos, las autoridades israelíes dijeron que investigarían cada hecho. Nunca informaron nada. Tampoco es posible condenar a unos y otros, de acuerdo con la información periodística que puede estar manipulada. En una guerra lo primero que sufre es la verdad, a través de la desinformación sistemática. No somos jueces. Pero cada uno de nosotros debemos mantener sus principios, uno de ellos es que todo individuo o comunidad es responsable de sus actos y deberá responder ante la justicia por ellos.

Siempre sentí que en Palestina se produjo una arbitrariedad de origen. Después de dos mil años, los israelíes, habiendo pasado por persecuciones y el holocausto, las naciones de occidente en un acto de justicia y bondad, le garantizaron a través de las Naciones Unidas, en 1948, un lugar soberano en Palestina. Pero ya se sabía que, con millones de personas, yendo al nuevo estado surgirían conflictos con los habitantes del lugar. Pese a ello nunca se proveyó de soluciones a los palestinos. Esta inequidad inicial produjo constantes discordias, por ser dos pueblos sobre el mismo territorio. De este hecho no es culpable Israel ni los palestinos. Pero viendo las consecuencias, y habiendo pasado por el holocausto, sería un gesto elevado de Israel hacer que las Naciones Unidas otorguen a los palestinos los mismos derechos y obligaciones.

Por las tensiones internas y externas, entre israelíes y palestinos, han reaparecido, en ambos bandos, los neo-zelotes (sectarios que buscan soluciones mediante la violencia). El conflicto parece una constante respuesta machista: el uso de la fuerza, como única respuesta.  ¿No es extraordinario ignorar el elemento femenino? Falta el amor a la vida, a los hijos, la ternura, la compasión, y la practicidad para una solución permanente y segura para las familias. En vez se va tras soluciones para consolidar poder político y satisfacer intereses armamentistas. Este es un aspecto central. Alguien podría pensar que esto afecta sólo a la comunidad musulmana. Fue sorprendente leer sobre cómo las mujeres son discriminadas y abusadas en el mismo ejército de Israel. Véase el trabajo publicado en el Washington Post el 24 de julio 2014, por la periodista Yael Even Or, con el apoyo de una larga lista de firmas de mujeres reservistas, que se niegan a participar de la guerra. Su visión es más humana, sabia y comprensiva de la mayoría de los argumentos conocidos. La petición de las reservistas también puede verse en el sitio: Lo-Meshartot.org. La paz deberían negociarla las mujeres.

Para la solución  de las desavenencias, hay que escoger un método no violento de resolución de conflictos. En este sentido Martin Luther King enfatizó: “La humanidad debe emerger de todo conflicto con un método que rechace la venganza, la agresión y la represalia”. Un sistema aplicable podría ser el propuesto por Marshall B. Rosenberg, Ph.D., llamado NVC (por Non Violent Communication). Rosemberg no entendía el porqué, otros niños le pegaban, hasta que comprendió que era por ser judío. Esto le impactó de tal forma que, de adulto, estudió psicología para discernir qué empujaba a personas golpear a otra sin saber quién era. Con el tiempo elaboró un procedimiento para entenderse con sus opositores. Lo practicó en Estados Unidos y otros países del mundo, incluso entre los palestinos. El principio fue recibido con cierta resistencia. Esforzándose por comprender sus necesidades y sus sentimientos logró un acercamiento con gente de Gaza. Finalmente lo invitaron a comer a sus casas. Véase su libro “Speak Peace in a World in Conflictwww.PuddleDancer.com. Puede utilizarse cualquier otro método aceptable para las partes. Pero es imprescindible acordar un protocolo, que actúe como una guía o camino que conduzca a la paz. También hay que reiterar que si una persona hace un acto dañino, no nos obliga a nosotros a realizar lo mismo. El ojo por ojo y diente por diente es puro salvajismo. No llevarse bien es una enorme pérdida de energía y recursos.


Muchos países del mundo han tenido que hacer frente a acciones subversivas, y las superaron mediante la ley y la justicia. Nunca matando inocentes por centenares e hiriendo a miles. Medios impuros contaminan los fines y los hacen inalcanzables. No soy el único en sentirme triste. Daniel Barenboim, conocido director de orquesta (Divan) y Mensajero de la Paz para las Naciones Unidas (con pasaporte israelí y palestino), dijo en un comunicado publicado en diversos diarios del mundo: “Escribo estas líneas con pesar en el corazón, ya que los acontecimientos durante las últimas semanas han confirmado mi convicción de larga data, de que no hay solución militar para el conflicto israelí-palestino”. La propuesta de Barenboim consiste en manifestar empatía o compasión mutua. Compasión, que en este caso, no se refiere a un sentimiento de comprensión psicológica, sino de una obligación moral.
Únicamente entendiendo el dolor del otro y lo que le hace sufrir, podemos ayudar a aliviar dicho dolor y avanzar uno hacía el otro.

Como sostenía Gandhi nunca hay que reaccionar contra la violencia pero tampoco ceder ante la injusticia. Sin justicia no hay paz válida. Debemos estar conscientes de que una vez que comienzan acciones violentas, las muertes de inocentes pueden llevar a ser tipificadas como crímenes de lesa humanidad.  Por ello todos los hechos, incluso los políticos, deben ser analizados y juzgados por un tribunal internacional independiente. Resulta imprescindible buscar caminos de armonía, para vivir en paz

Einstein dejó algunas enseñanzas aplicables: Una es que la mente que produce el problema, no puede dar la solución. Por ello mi propuesta de que sean mujeres las que negocien la paz. El otro concepto sabio es que si pensando como pensamos (ojo por ojo, diente por diente) llegamos donde estamos (el conflicto constante), ¿qué nos hace pensar que pensando igual, llegaremos a otro resultado? Por ello si los bandos en conflicto no lograron una armonización de intereses, la comunidad de naciones debe hacerlo como lo hizo en 1948. Se requiera coraje, humildad y determinación para llegar a un entendimiento. Aunque no sea por amor ni una obligación moral, debería serlo por la simple comprensión de evitar el aniquilamiento mutuo. Las armas futuras serán cada vez más sofisticadas y poderosas. Y puede llegar el momento en que coloquen (mediante robots o drones) una bomba atómica de bolsillo, bajo la cama de la máxima autoridad enemiga y hacer desaparecer a toda una ciudad. Drones indetectables pueden ser más económicos y eficaces que construir túneles. El precepto de negociar con el enemigo mientras estamos a tiempo, está más vigente que nunca. Pasemos ahora al enfoque espiritual.

El enfoque espiritual
El gran culpable de muchos problemas es nuestra mente. Dijo el Dalai Lama: Nosotros tendemos a ser controlados por nuestra mente, siguiendo su sendero egocéntrico. Por lo tanto para lograr una perspectiva espiritual es necesario dejar de lado nuestra avaricia, nuestras ambiciones, los deseos de todo lo mío, mío, mío de la mente, excluyendo, de esa forma al prójimo, que conduce irremediablemente al sufrimiento. Para pasar de lo mío a “lo nuestro” incluyendo al prójimo, debemos hacerlo desde la perspectiva divina o universal. Hay diversos procedimientos de control de la propia mente, como los recomendados por el Dr. Alexander Bain y sus seguidores. O seguir procedimientos miles de años más antiguos, como la meditación y la contemplación. Un procedimiento simple es reemplazar los pensamientos de superioridad por pensamientos de humildad, los de odio por los de amor, los de agresión por los de no violencia, y así sucesivamente. Esto nos libera del sufrimiento causado por nuestras acciones o las de los demás. De los profetas y yoguis nos viene el mismo concepto: todos somos uno en la Divinidad.
Por ello es necesario elevarse y pensar espiritualmente. Lo cual es lo opuesto de lo que puede ser una estrategia de guerra sin solución. En primer lugar, (y esto lo aprendí trabajando en prisiones de máxima seguridad), nunca miramos a nuestro prójimo como un ser malo, dañino o perverso. Lo contemplamos como un ser divino, inocente, amoroso y puro. Esto no es ser naife, sino porque esto es lo que queremos que se manifieste. Este aspecto lo descubrió Nelson Mandela en su lucha para solucionar el problema del apartheid en Sud África: Pensar muy bien de las personas a menudo les permite comportarse mejor de lo que harían de otra forma. Jack Kornfield sostiene que esto tiene efectos sorpresivos. La práctica espiritual puede ser muy simple: Contemplar con los ojos de la compasión  y actuar con nuestra intención más sabia. (After the Extasy the Londry, 253). Esto conduce al perdón y la redención.

  Para que haya paz debe primar la justicia, sin justicia no hay paz posible. Pero para ello primero debemos lograr la paz en nuestra conciencia, estar en paz y manifestar paz.   
   Debe reconocerse la existencia del otro, comprender sus necesidades y sus sentimientos: debe existir equidad y generosidad en las concesiones, debe renunciarse a la violencia para la solución de las disputas y aceptar  o designar tribunales arbitrales si es posible sin relación con las partes, cuyos miembros sean de países alejados. Hay que pensar diferente para producir resultados diferentes. Una mente armoniosa es calma y amorosa, no daña a nadie pero bendice a todos. La meditación hace que le mente adquiera hábitos virtuosos de pensar. La empatía y la compasión son naturales para todo ser humano que desea vivir en armonía.

Síntesis:
1 Corregir el problema de origen. Las Naciones Unidas deben otorgar a los palestinos los mismos derechos y obligaciones que Israel.
2 Hacer a todo individuo o comunidad responsable de sus actos violentos, por los que deberá responder ante la justicia.
 3 Los hechos deben ser juzgados por un tribunal internacional independiente.

4 Incorporar el elemento femenino con su visión para la negociación y para la solución de problemas de todos los días.
5 Adoptar un método no violento de resolución de conflictos.
6 Recordar que medios impuros contaminan los fines y los hacen inalcanzables.
7 Pensar en forma elevada. Controlar la mente egocéntrica. Nunca odiar y manifestar empatía y compasión  mutua.

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...LA PAZ...

La paz por recelo a la agresión, o la represalia atómica no es paz es inacción por temor. La verdadera paz parte de la seguridad en nosotros mismos, no de impedir la acción a otros.