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26 de noviembre de 2015

EL MAS GRANDE LOGRO HUMANO QUE CAMBIÓ LA VISIÓN DEL MUNDO


     Celebramos cien años de la presentación de la Teoría de la Relatividad General, por Albert Einstein, en Berlín, en 1915. Paul Dirac (Premio Nobel de Física 1933), dijo: 
 “El descubrimiento más grande jamás hecho”. Años más tarde otro premio Nobel de física (1954), Max Born dijo: “El más grande logro del pensamiento humano sobre la naturaleza”. 
 
     Cada vez que me he movido, y han sido muchas, de un hogar a otro, de un país a otro, siempre he llevado conmigo un pequeño libro: La Relatividad, por Albert Einstein. Por años, de muy joven, luché para entender esta teoría. Un día encontré un libro titulado El A, B, C de la Relatividad por Bertrand Russell, pero como terminé más confundido que antes lo abandoné. Pensé que leer a Einstein sería imposible. Equivocado. Su libro presenta la explicación más simple que conozco. El mismo autor dice en el Prefacio, escrito en 1916, que la exposición es para aquellas personas que no dominan el aparato matemático de la física teórica.
 
    La presentación en la Academia Prusiana de Ciencias, en Berlín, de la Teoría de la Relatividad General, en 1915, continuaba un primer descubrimiento de 1905, y otro de 1907. Esta teoría, aun no comprendida del todo, cambió la visión cosmológica del universo en el cual aparentemente estamos inmersos. El ideal filosófico en que estuve imbuido desde muy joven era y es: buscar la verdad, pues según el precepto bíblico, “la verdad nos hará libres”. Por ello la curiosidad por saber qué verdades presentaba, ya que para mí, de acuerdo al viejo precepto védico, la verdad era una sola,  aunque puede tener muchas explicaciones.  

Desde el inicio el texto me desarmó. 
   
Lo primero que hace es desarticular el concepto de “verdadero” aplicado a la geometría clásica o euclidiana, la ciencia que mide con exactitud. Recuerda que una proposición era considerada verdadera si se podía deducir de axiomas, que fueran verdaderos. Pero nos dice que “la noción de verdadero no se aplica a enunciados de la geometría pura, porque el término “verdadero” designa siempre, en última instancia, la concordancia con un objeto “real”. (Muchas veces los estudiantes de metafísica nos olvidamos de este aspecto básico). Pero la geometría pura se refiere solamente a la relación lógica que guardan los conceptos entre sí. La geometría euclidiana, para la cual la distancia más corta entre dos puntos es la recta, y dos rectas paralelas nunca se cortan, es para superficies planas únicamente. Sobre una esfera las rectas en algún momento se cortan. Este me explicó porque la mente humana acostumbrada a pensar en términos dogmáticos de geometría plana, no podía pensar, aunque lo viera todos los días, que la tierra fuera redonda. Tuvieron que pasar casi dos milenios desde que Eratóstenes descubrió la esfericidad de la tierra, hasta el descubrimiento de América. 
   Más delante, el texto da el ejemplo del tren que avanza con un pasajero que deja caer una piedra sobre el terraplén. Para el pasajero la piedra describe una línea recta. Pero para un peatón sobre la vía del ferrocarril, verá que la piedra describe una parábola. La pregunta que propone es ¿la piedra al caer recorre realmente  lugares sobre una línea recta o sobre una parábola?  Dado que la piedra describe una línea recta desde el vagón, también se puede decir que con respecto a un sistema de coordenadas ligadas al vagón, como cuerpo de referencia, describe una línea recta. Pero desde el punto de vista de una persona situada sobre las vías, o un sistema de coordenadas ligada rígidamente al suelo, la piedra describe una parábola. 
   Con esta explicación se ve que no existe una trayectoria en sí, sino una trayectoria respecto a un cuerpo de referencia, o sistema de coordenadas. Esto hace comprender que no hay una verdad en sí, sino una verdad relativa a un cuerpo o plano de referencia. Por lo tanto no existe “La verdad”,  sino verdades relativas a sistemas de coordenadas. Cada individuo vive su realidad y esa es “su verdad” de acuerdo al punto de coordenadas en el cual está situado. Los individuos que se encuentran en el mismo plano de realidad pueden vivir la misma verdad, pero no con individuos en otros planos, con otras realidades. 
   El capítulo nueve me hizo abrir los ojos, como quien encuentra un tesoro y queda totalmente sorprendido por la belleza de lo que ve, o comprende. Trata sobre “Relatividad de la simultaneidad”. Con dos líneas, una indicando las vías de un tren y la otra al tren en movimiento, explica cómo dos acontecimientos simultáneos, la caída de dos rayos, para un individuo parado sobre las vías y otro sobre el tren verán los fogonazos en dos momentos distintos. Si colocamos un reloj en cada punta de la estación, al caer los rayos ambos relojes indicarán el mismo tiempo (hemos afirmado que son simultáneos), pero no es lo mismo para un individuo en el tren y otro parado en la estación. El individuo que avanza sobre el tren verá primero el fogonazo proveniente del final de la estación (hacía donde se mueve) y después el fogonazo del lado opuesto del que se aleja. Dice exactamente Einstein: 
Dos acontecimientos, que son simultáneos con respecto a la vía férrea, no son simultáneos con respecto al tren, y recíprocamente (relatividad de la simultaneidad). Cada cuerpo de referencia (sistema de coordenadas) tiene su tiempo propio; una indicación de tiempo solo tiene significado cuando indica el cuerpo de referencia al que se refiere. (La Relatividad, Editorial Grijalbo SA, México, 1970).
   Inmediatamente, Einstein  aclara que “Antes de la teoría de la relatividad, la física suponía siempre tácitamente que la indicación del tiempo tenía un valor absoluto, es decir que era independiente del estado de movimiento del cuerpo de referencia”. Aun forma parte de la mentalidad de la mayoría de los humanos el creer que una hora es una hora en todas partes. Ahora sabemos que no lo es. Depende de si se encuentra en un cuerpo en movimiento o no. 
   
Finalmente lo más interesante es la comprensión de qué es la materia. Veamos un ejemplo tomando la longitud de un tren: no es la misma si está detenido o si está en movimiento. Para entender esto voy dar mi ejemplo de un tren construido enteramente de algodón. Que a su vez lleva un reloj, también de algodón. A medida que se mueve, al chocar con el aire, el algodón se irá comprimiendo, el tren se contraerá y será más pequeño. Pero ¿qué sucederá si le imprimimos una velocidad extrema? El algodón se irá desintegrando, y no quedará nada del tren. Y ¿qué sucede con el reloj de algodón? Que al comprimirse las agujas se irán moviendo cada vez con mayor lentitud y el tiempo se hará más lento, a mayor velocidad, el tiempo tenderá a cero, hasta que al desintegrarse el reloj, el tiempo para ese tren deja de existir.
   
  Pues esto es lo que sucede con cualquier objeto que llega a la velocidad de la luz. La materia deja de existir y se transforma en energía.
La teoría hace comprender que el universo, o la visión del mismo, que teníamos  en nuestras mentes eran equivocadas y que la realidad es otra. La concepción de un tiempo fijo, continuo y universal dejó paso a un tiempo relativo a la velocidad de la luz. La materia sólida e inalterable, dejó de serlo, pues a velocidades extremas se transforma en energía. Y viceversa,  la energía puede transformarse en materia. A su vez el tiempo puede ser distinto para distintas personas según el plano en el cual se encuentran. Esto se verifica con el ejemplo siguiente:
 Dos mellizos, uno queda en la tierra por varias décadas y otro viaja al espacio exterior a una   velocidad cercana a la luz. A esa velocidad el reloj se ralentiza, y el tiempo se hace más lento. Cuando la nave regresa del exterior y  ambos hermanos se encuentran, descubren que quien quedo en la tierra envejeció más. Parecería que debería ser al revés, quien sufrió el stress y el agotamiento del viaje debería de haber envejecido más, pero la teoría demuestra lo contrario. El tiempo para una nave y sus ocupantes a velocidades elevadas (al contraerse) se hace más lento, mientras que para un sujeto en la tierra sigue al mismo ritmo. Según la distancia recorrida y la velocidad empleada, el individuo que viajó podrá tener unas horas o unos años menos que alguien que quedó en la tierra. O sea viajar ¡rejuvenece!
  
 No deseo continuar con más detalles sobre la teoría de la relatividad, dado que este blog no es presentar problemas de la física, sino de espiritualidad. Pero sí indicar que la teoría de la relatividad no sólo afectó a la física, sino que también afectó a la filosofía, a la ciencia y a la religión, en cuanto a la visión cosmológica del mundo. En momentos en que hay movimientos que quieren imponer una visión única y dogmática de “la verdad”, vemos cuán errados están pues hay verdades relativas, según los planos de referencias. Es interesante que entre la religión y la ciencia, Mahoma dijo que tiene que primar la ciencia. 
  Espiritualmente hace ver que los conceptos científicos absolutos no son tales, y lo mismo se pude decir de la filosofía, y la religión. Einstein fue un hombre religioso, pero en sus propios términos totalmente distintos al de las religiones tradicionales. El sostuvo que:

La más hermosa experiencia que podemos tener es el misterio. Es la emoción fundamental que se yergue en la cuna del arte y la ciencia verdaderos. El conocimiento de la existencia de algo que no podemos penetrar, nuestras percepciones de la razón más profunda y de la belleza más radiante, la cual solamente en sus formas más primitivas son accesibles a nuestra mente—es este conocimiento y esta emoción que constituye la verdadera religiosidad; en este sentido, y en este sentido solamente, yo soy un hombre profundamente religioso (All Men Seek God,  Hallmark Editions, Kansas City, Missouri, 1968). 

   Gracias a la esta teoría tenemos la televisión, los viajes espaciales, el GPS, la energía nuclear, el rayo láser, el microondas, el microchip, etc. Pero fundamentalmente nos brinda otra concepción de la realidad y de aquello que considerábamos la verdad. Nos hizo más humildes y prudentes para no creernos que tenemos “la verdad” para imponer a otros. Nos recuerda lo que dijo Marco Aurelio, que la verdad es una cuestión de perspectiva. Y cada individuo, libre de imposiciones dogmáticas, puede tener la suya.
2015©Pietro Grieco


31 de enero de 2014

VIVIR EN EL PODER DEL AHORA O EL PODER DE MAÑANA



  En materia espiritual hay conceptos que, por su repetición, se convierten en moda. Mantras sagrados repetidos sin pensar, como si fueran verdades  evidentes de por sí. En este texto y el siguiente deseo refutar que: “Hay que morar en el ahora, pues el presente es el único tiempo que existe”.  

  El énfasis de vivir en el presente (se dice) es para evitar los remordimientos del pasado, saber dejarlos ir. Claro, tampoco morar en el futuro pues angustia pensar qué nos puede deparar. He leído, hace unos días, en una columna de espiritualidad iniciar con: 
“La eterna amenaza del futuro”
(Infobae 28-1-14), como si el futuro fuera un monstruo amenazante. Y, de esa forma, forzar la conclusión sobre la importancia de morar “en el ahora”. Afirmación sin fundamento, puesto que hay consenso científico en que si comparamos la calidad y promedio de vida desde la antigüedad al presente, la situación humana siempre evolucionó favorablemente. Además a muchas personas les place recordar con afecto el pasado, asi como pensar en sus planes, sus proyectos y sus metas en el futuro.

  De los griegos nos vienen dos posiciones filosóficas opuestas respecto al tiempo, la “estática” (de Zeno y Parménides), que sostiene que elcambio temporal es una ilusión; y la “dinámica” opuesta a la posición anterior  (de Heráclito y Aristóteles), en la cual el tiempo es un constante fluir. Una definición filosófica actual indica que es la dimensión del cambio, para distinguirla de las otras tres dimensiones del espacio.

  En la cosmología de Newton, de un universo mecanicista, el tiempo era absoluto. Una hora era una hora en cualquier lugar del universo. La teoría de la relatividad vino a cambiar las cosas, al demostrar que algunos hechos son del pasado y otros del futuro sin importar el marco de referencia. Además las leyes fundamentales de la física son reversibles, o sea,  la materia puede transformarse en energía y viceversa.

  Como el universo determinista y absoluto newtoniano fue reemplazado por la teoría de la relatividad, el concepto del tiempo absoluto, como el metro absoluto han dejado de serlo. No debe llamar la atención que el eterno “presente ahora”, haya perdido su encanto. Albert  Einstein en el capítulo 9 de su obra “La Relatividad”, explica:

Cada cuerpo de referencia (sistema de coordinadas) tiene su tiempo propio; una indicación de tiempo sólo tiene significado cuando indica el cuerpo de referencia al que se refiere.
Antes de la teoría de la relatividad, la física suponía siempre tácitamente que la indicación del tiempo tenía un valor absoluto, es decir, que era independiente del estado de movimiento del cuerpo de referencia.

  Un ejemplo ayudará a entenderlo. Para una persona parada en una estación y otra viajando en un tren, el tiempo corre de manera diferente. Un rayo que cae delante del tren será visto primero por el pasajero que camina en el tren y se acerca al lugar del fenómeno, mientras que el individuo parado al costado de la vía, el tiempo será más extenso. Veamos otro ejemplo.

  Supongamos un tren de algodón, a medida que avanza la presión del aire y del viento harán que el tren se encoja. A medida que incrementa la velocidad, más se contraerá. Si en el tren hay relojes también de algodón, se irán encogiendo con lo cual las manecillas se harán más pesadas e irán más lentas. El tiempo será más lento.  Esto explica por qué un viajero espacial, que deja en la tierra a su mellizo, luego de un tiempo al regresar será más joven que su hermano. Para él el tiempo corrió más lento y fue más breve. Es paradójico, pero (en igualdad de condiciones), un individuo parado envejecerá más rápido que uno en movimiento. Einstein también explicó el concepto subjetivo y relativo del tiempo con el ejemplo de que breves momentos en un incendio puede parecernos una eternidad, mientras que en una reunión con amigos, el tiempo pasa volando y, por ende, parece más breve.

  Es claro que esto no es nuevo. Séneca, en su magnífico escrito “Sobre la Brevedad de la Vida”, sostiene que no es breve la vida, sino que los hombres la hacen breve por no saber aprovecharla. Para evitar que el tiempo parezca breve, cada individuo debe aprovechar su tiempo propio viviendo con intensidad, reflexionando sobre la misma, pues como dijo Sócrates, una vida sin análisis no merece ser vivida. O sea hay que saber utilizar el tiempo para que no se nos escape como agua entre los dedos.  En síntesis: 
 “Para Séneca, aquel que mejor vive la vida, es el sabio, ya que recuerda sabiamente el pasado, sabe aprovechar el presente y dispone [de] el futuro. Esta unión de los tres tiempos, hace posible que la vida del sabio sea larga; y muy corta la de aquellos que se olvidan del pasado, descuidan su presente y miran al futuro con miedo y temor”  Wikipedia Org.

  Filosóficamente la idea de morar exclusivamente en el “tiempo presente” fue rechazada. Dado que, cuando se dice tiempo presente, ya pasó debido al retraso de los sentidos en percibir los hechos. Humanamente el tiempo presente siempre es pasado. La neurociencia nos dice que los humanos no viven en el momento de los hechos pues el cerebro tarda en organizar la información del sonido que viaja mucho más despacio que la luz. Eso se ve claro en las entrevistas televisivas cuando el entrevistado se encuentra en un lugar alejado del centro de noticias. Se hace evidente que el cerebro no puede procesar la imagen (luz) y la voz (sonido) en forma simultánea. Descubriéndose así el engaño del llamado tiempo presente. Otra observación es que el tiempo puede estirarse, debido a que la memoria retiene más los hechos nuevos o más intensos. Por lo tanto a los que experimentan hechos nuevos, les produce la sensación de que han vivido más. Esto sucede durante las vacaciones como en la infancia. El tiempo parece más largo o extenso porque todo es nuevo.

  En materia espiritual hay que evitar caer en posiciones absurdas impuestas por las corrientes de moda como vivir en el “Poder del Ahora”. Nada es más efímero que el tiempo presente. Cada individuo debe morar en el tiempo propio que le corresponde.

 




El ser espiritual no mora en el pasado, ni el presente, ni en el futuro, mora en la intemporalidad de la conciencia, la cual, como fundamento último del ser, es puro espíritu.

Posee la libertad de situarse donde desee. No es que las dimensiones espacio temporales circunscriban a la conciencia y a la mente, simplemente la mente las abarca y razona con ellas en la conciencia que todo lo permite y registra.


En el próximo blog profundizaré estos conceptos para que no queden dudas.



©Pietro Grieco

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