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18 de noviembre de 2016

MINDFULNESS OF THE MIND ... (Conscientes de nuestra mente)


 Años atrás, al visitar la casa de una amiga, me gustaba su bello jardín, excepto unos arbustos que daban feo olor. Un día, al alabar sus hermosas flores, esta amiga, me llevó a conocer su secreto: el compost.

 Detrás de los arbustos, que yo pensaba que daban mal olor, era donde preparaba el abono para sus flores. Comprendí que el compost, es lo que le permitía obtener el perfume de sus flores. Uno era la continuidad de lo otro. Un buen jardinero sabe obtener de la basura orgánica un compost para utilizarlo adecuadamente, y no se molesta por el olor, pues reconoce su utilidad. Todos podemos ser excelentes jardineros de la mente. 
 
En el blog anterior vimos cómo estar conscientes de nuestro cuerpo y sus acciones: comer, caminar, conducir nuestro vehículo, etc., o sea aspectos externos a la mente. En este texto enfocaremos mindfulness a los aspectos interiores de la mente. Para aplicar el uso transformador de mindfulness, he tomado como ejemplo el enojo. A una persona enojada, se la representa fuera de control, furiosa, con cara agria, roja de sangre, alterada, agresiva, falta de armonía, descentrada de su propio ser. ¿Qué sucede mentalmente con el enojo: cómo surge, se manifiesta, afecta, se disipa, y transforma en calma y armonía? 
Thich Nhat Hanh, sostiene que cuando se observa el enojo o la cólera se debe utilizar la respiración muy de cerca. ¿Acaso cuando una persona está enojada, colérica o enfadada no respira más agitadamente y le suben sus palpitaciones? La observación consciente evita que el enojo monopolice la mente completamente. El ser reconoce “la mente está enojada  y yo estoy enojado”, significa que vemos lo que sucede, estamos alertados de nuestro estado. Este reconocimiento acompaña al enojo. Cuando hacemos esto ponemos en acción “mindfulness”.
Estar conscientes del enojo, 
no significa tratar de suprimir el enojo (que tiene su razón de ser), 
ni expulsarlo, sino tan solo mirarlo, vigilarlo. Esta actitud ilumina lo que está sucediendo, no lo juzga, pero lo sigue con una mirada compasiva, cuidándolo como a un hermano menor. Nosotros no somos nuestra mente, como un programa no es una computadora. Por el efecto de identificación, si la mente  está enojada, encolerizada, enfadada, parece que fuera nuestro propio ser  enfadado o encolerizado. Si quisiéramos eliminar o expulsar esos estados sería pretender expulsar nuestro propio ser. Es aquel viejo concepto de Alejandro Solyenitzin sobre el mal: el mal y el odio están en el mismo corazón humano y, si se los quiere expulsar, habría que cortar parte del propio corazón, ¿quién puede hacerlo? La parábola del trigo y la cizaña, al hacer crecer ambos juntos, sugiere el mismo camino.

Cuando estamos gozos y alegres somos pura alegría; cuando odiamos, somos odiosos; cuando amamos somos amorosos; y cuando estamos enojados y furiosos, somos todo enojo, toda furia. Ahora bien cuando reconocemos el enojo, la ira, la furia, podemos estar conscientes de que es una energía en nosotros, la cual es posible transmutarla. Pero para transformarla en otra energía tenemos que reconocerla y aceptarla. 
Este es el comienzo de la transformación. Thich Nhat Hanh da un ejemplo hermoso, en su ya mencionado texto (Transformation and Healing, Random House, 1993). Un contenedor de basura lleno de material orgánico con olor intenso, puede ser transformado en compost, y utilizarse como abono para obtener bellas y perfumadas rosas. En este proceso primero vemos y olemos la basura, luego el compost, luego las rosas, como elementos separados. Pero si discernimos profundamente podemos comprender que las flores ya existían en la basura. Sabemos que una flor tarda unas pocas semanas en ser basura. A su vez esta basura ya contiene potencialmente hierbas aromáticas o flores. 
Siempre recuerdo la extraña y bella historia que me contó un director de prisiones. Al inicio de su designación lo enviaron a una provincia lejana, donde no conocía la gente ni sus costumbres. Para dar actividad a los internos les solicitó si alguien sabía sembrar y producir fresas (o frutillas). Un joven le dijo que podría producir las mejores fresas de su vida, si le entregaba lo que necesitaba. El director le respondió que podía contar con su apoyo y, preguntó que necesitaba. La respuesta lo dejó anonadado: ¡los excrementos de los otros internos! Para la gente de campo, el uso de los excrementos de la hacienda ha sido el mejor abono de la historia. Aprobada la solicitud. Efectivamente ese interno produjo las mejores fresas que se pueden imaginar. No solo el director, sino otros presos también se beneficiaron, de esta transformación de materia orgánica en un fruto bello y útil. 
La dualidad nos impide ver la continuidad de los procesos. La dualidad produce discriminación entre lo bello y lo feo, lo bueno y lo mano, entre lo dulce y amargo. La dualidad nos hacer rechazar la realidad total y aceptar solo una parte. No debemos temer el compost, ni rechazarlo. Lo mismo con el enojo, no es para desesperar, es una energía que puede ser transformada. El enojo es una especie de basura, la  que se halla en nuestro poder transformar y  utilizar. Este conocimiento nos hace aceptar el enojo o la furia o la ira. Al hacerlo y contemplarlo con misericordia, ya nos da cierta calma, un poco de paz. Gradualmente podremos transformar el enojo, la enemistad, la irritación, en una situación armoniosa, gozosa, alegre. 
Este procedimiento es mejor que dejar crecer el enojo o la ira y, a veces darle un argumento, que incentiva y acelera el proceso; en esos casos puede producir mucho daño al bienestar mental y físico. En cambio si observamos el enojo (o lo que fuere) y con nuestra respiración vamos calmando la situación, el enojo puede seguir, pero será menos peligroso, perderá fuerza, y ser irá transformando en otra energía. Mindfulness como una luz, se asemeja al efecto que producen los fotones solares sobre las plantas: hace que crezcan, florezcan, y fructifiquen. 

La práctica de mindfulenss of the mind, 
(conscientes de nuestra mente
va a colocar el foco de luz de nuestra conciencia 
sobre un aspecto de nuestra propia mente, 
y como la luz del sol sobre las plantas, 
transformará los estados mentales 
en otros mejores. 

Si sufrimos el enojo pensando en retrucar a las personas que nos produjeron el enojo, por su abuso, malicia, falta de consideración, brutalidad, crueldad o deshonestidad, que pueden ser reales o exageradamente imaginarios, va a arder más enojo en nosotros. El problema es el enojo en nosotros y no lo que otros hicieron. Cuando hay un incendio no podemos ir insultando al cielo, debemos apagar el incendio para que no se propague. Con la respiración y la meditación podemos al inhalar decir: Reconozco mi enojo, al exhalar podemos repetir mentalmente: Sé que el enojo sigue en mí. Al inhalar repetir: Reconozco que el enojo es un sentimiento desagradable. Al exhalar repetir: Sé que este sentimiento como apareció  también va a desaparecer. Al inhalar: Sé que puedo cuidar de este sentimiento. Al exhalar: Yo calmo este sentimiento
Abrazamos el sentimiento de enojo como una madre a un chico llorando y clamando atención, con ternura y comprensión. Cuando una madre pone su corazón y su mente en abrazar y mecer a su bebe con amor se va a calmar. De la misma manera podemos calmar nuestra mente. Algunas personas para calmar el enojo, la ira, la furia, y otras negatividades utilizan la caminata de meditación. Combinan la respiración y el movimiento, poniendo la atención en cada paso y el contacto de la suela o la planta de los pies con la tierra. Poco a poco veremos cómo el efecto de la meditación nos calma, fortalece y serena.   
El observar el origen de nuestros estados mentales, descubrimos sus raíces, que pueden ser falta de información, torpeza, resentimientos, o malos hábitos en nosotros o en la o las personas que originaron el enojo. Pero también podemos ver y discernir los elementos liberadores de nuestro propio sufrimiento, que habitualmente acompañan los enojos o las perturbaciones. Una visión compasiva, el entendimiento y el amor liberan del sufrimiento, calman y suavizan. Las personas enojadas creen que se les pasará el enojo liberando la energía negativa de su corazón a través de la agresión, los insultos, destrozando cosas, o encerrándose en una habitación y gritando hasta calmarse. Estas formas de combatir el enojo hasta el agotamiento físico, pueden ser peligrosas.


No utilizan su propia energía en forma no violenta, para algo superior. 

El enojo se origina en nosotros, porque en nosotros están ocultas las raíces del enojo. El medio y otras personas son causas secundarias. Son nuestros deseos, nuestro orgullo, nuestra agitación, nuestras dudas, nuestra suspicacia, nuestra confusión, nuestra ignorancia. Cuando los profetas bíblicos iban al desierto a meditar, o los yoguis a los bosques y cuevas del Himalaya, iban a practicar mindfulness de la mente, o sea la observación consciente de sus pensamientos de dudas, ambiciones, temores, deseos. Nelson Mandela aprendió a meditar y utilizó el sistema para transformar su mente, de esta manera pasó de la violencia armada a la no violencia. Percibió que si alguien se deja gobernar por “sus” ideas, y los pensamientos derivados de su ego, forma en su mente murallas de las que no puede salir, ni percibir qué sucede más allá de su propia mente. Comprendió cómo funciona la mente de las demás personas y ser misericordioso y compasivo. Utilizó  su energía para construir una sociedad sin discriminación racial, sin odios, ni injusticias.

Sí, con mindfulness of the mind podemos transformarnos y trasformar al mundo, pues permite ir a la profundidad de la mente a observar los pensamientos, para (en caso de ser necesario) transformarlos y producir la sanación de nuestra forma de pensar. La Biblia nos habla de transformarnos mediante de la renovación de nuestra mente (Romanos 12:2). Esta es la actividad más importante de le espiritualidad para lograr refinar nuestro ser y nuestra ascensión en la escala del ser. Como bien escribió Shannon Peck, “el amor sana”. Lo opuesto, el odio, el enojo, la ira, enferman. Saber transformar energías negativas en amor nos sanará a nosotros y al mundo. 
¿Cómo transformar la violencia en calma, la rabia, 
el enojo, la bronca en armonía, la discordia en paz,
 y la tristeza en alegría? Lo primero es reconocer qué tipo de problema se trata, para luego aplicar el tratamiento apropiado. Podemos transformar barro en ladrillos, la arcilla en una jarra, el hierro en una olla, el oro en una joya y la  basura en perfume de rosas. Y espiritualmente es posible transformar pensamientos agresivos y enfermos en otros compasivos y sanos. 

El Dalai Lama, (junto a Desmond Tutu y Douglas Abrams)  en The Book of Joy, (Il Libro della Gioia, Garzanti S.r.l., Milano, 2016)  sostiene que lo que enferma la mente son los pensamientos negativos, los tóxicos, los dañosos. Si no los eliminamos, desarrollamos una especie de infelicidad, de descontento que nos conduce a la frustración y la ira. Propone para eliminar los dolores psíquicos desarrollar la “inmunidad mental.” Esta inmunidad  crea una sana disposición de la psique que la hace menos susceptible a los pensamientos y sentimientos negativos. De igual forma como un cuerpo vigoroso enfrenta sin inconvenientes los virus que lo pueden atacar. Pues, si estamos débiles, el virus más insignificante puede ser peligroso. De igual manera con una mente vigorosa cualquier ataque puede afectarle un poco, pero de inmediato se recupera. En cambio con una mente inquiera e inestable, cualquier pequeño problema puede causar una crisis. 

Cuando el enojo, la rabia o la bronca se apoderan de la mente el individuo, se identifica y transforma en un sujeto rabioso, enojado o embroncado. Entonces el individuo y su estado se fusionan en uno. 

Lo magnífico es que la conciencia del ser posee la luz del amor, que no juzga ni condena, sino que contempla, ilumina y transforma. Sin juzgar dejamos que el enojo se desinfle y canalizamos esa energía transformadora en algo positivo. De esa forma la causa del sufrimiento se elimina, restablece la saludable inmunidad  y el bienestar.

La práctica de mindfulness nos permitirá, en las palabras de Kahlil Gibran (El Profeta):

                           Tocar con tus dedos
                           El cuerpo desnudo de tus sueños.
                           …………………………………
                           Y el infinito tesoro de tus profundidades
                           Será revelado delante de tus ojos.

Estar en el  momento presente observando la propia mente en forma consciente, evitamos ser manipulados por las apariencias del mundo, asegura nuestra libertad de conciencia, para llevar libertad y sanidad al mundo.
  © Pietro Grieco







28 de agosto de 2016

MINDFULNESS


Cuando estamos comiendo ¿estamos conscientes de ello o estamos viendo la TV, charlando, o pensando una respuesta a algo?  Cuando estamos conduciendo un vehículo ¿estamos conscientes de ello o estamos pensando en cómo conducen otros conductores, un problema en el hogar o el trabajo, o ...? Cuando trabajamos ¿estamos atentos a nuestra tarea, o estamos vagando por la estratósfera? La mayoría de los problemas de los humanos se deben a que casi siempre nuestra vida está en un lado y la mente en otra cosa. ¿O como cantó John Lennon: “Life is what is what happens to you while your busy making other plans?”  (“La vida es lo que está sucediendo, mientras estamos ocupados haciendo otros planes.”)  Parece que en la vida posmoderna nos perdernos en la inconsciencia. Esta actitud traen consecuencias a veces trágicas. Lo opuesto de inconsciencia es “Mindfulness”. 

 

Este término “mindfulness”, originado en el sanscrito, significa estar consciente para percibir lo que sucede con intensidad a cada instante. Estar completamente alertas y vigilantes de lo que acontece sin distraerse.  En su obra Transformation and Healing (Sutra of the Four Establishments of Mindfulness), Thich Nhat Hanh analiza el texto sobre las formas de establecer “mindfulness”. Menciona la palabra satipatthana compuesta de “sati” que significa “recordar” o mindfulness, y upatthana que significa “lugar de la morada”. En chino, el Sutra es expresado como “Nian Chu”. Nian significa: “estar consciente de”, “poner la atención en...”, o “recordar”.  Chu puede significar “el lugar donde se mora”, “la acción de estar presente”, o “el acto de establecerse”. Por lo tanto traducimos “mindfulness” como: acordarnos de estar conscientes y presentes en nuestra propia mente, sea donde sea que esté nuestro cuerpo, para evitar ser manipulados por las apariencias del mundo.

La práctica de mindfulness
La práctica consiste en estar conscientes, concentrados en lo que sucede durante cada instante. Esto no significa estar sentados una posición zen, pues  puede aplicarse a cualquier actividad diaria: comer, caminar, conducir, pensar, etc.  Shunryu Suzuki lo aclaró cuando dijo: “Zen no es algún tipo de excitación, sino la concentración en la rutina usual de cada día”.  Zen is not some kind of exitement, but concentration on our usual everyday rutine” (Zen Mind, Beginner’s Mind). La práctica de estar conscientes y concentrados se realiza mediante la meditación o la contemplación. En este sentido hay que recordar que, en el diario vivir la mente posee un programa “instintivo” preestablecido para satisfacer deseos y evitar sufrimientos. El mismo, ante cualquier estímulo, produce el accionar instintivo, resultado de un programa innato, del que no participamos en su “instalación”, aunque somos controlados por el mismo. Por ello la mente se acciona irreflexivamente siempre centrada sobre sí misma. La meditación por lo tanto consiste en lograr el control sobre la propia mente, para reorientarla por caminos más elevados, no egoístas, compasivos y virtuosos. La experiencia me ha enseñado que únicamente la práctica constante puede lograr cambios efectivos en las actitudes preestablecidas.

Si una persona lee una partitura de música, pero no aprende a tocar un instrumento, nunca producirá música. Es posible que al inicio produzca ruidos molestos, incluso ante la falta de resultados armoniosos se sienta frustrada y abandone. Pero la paciencia y la persistencia en la práctica harán que, con el primer acorde, sienta una gozosa alegría, y, con el inicio de una melodía, se entusiasme, y persista con más ahínco. Finalmente logrará producir música. La mera lectura no logra eso. Es la práctica constante, la persistencia, y la paciencia que dará dominio sobre la técnica. Con mindfulness sucede lo mismo.

El texto original (Sutra) basado, en las enseñanzas de Buda, de más de 2500 años, habla de cuatro procedimientos de mindfulness: 1. Mindfulness del cuerpo; 2. mindfulness de las emociones; 3. Mindfulness de la mente; 4. Mindfulness de los objetos de la mente. Thich Nhat Hanh ofrece una síntesis en su libro Transformation and Healing. En la práctica de estar consciente del cuerpo, quien practica debe estar completamente consciente de la respiración, de la posición del cuerpo, de las acciones del cuerpo, de los cuatro elementos que componen el cuerpo, y finalmente la descomposición del cuerpo. En la práctica de estar presente en los sentimientos, hay que estar alerta al placer, al dolor, a los sentimientos neutrales, tal como surgen, duran y desaparecen. Saber distinguir los sentimientos que tienen un origen psicológico y sentimientos que tienen una base fisiológica.
El objetivo de mindfulness es ir profundamente dentro de un objeto para observarlo. Esta forma de observar hace que el límite entre objeto y sujeto se disuelva, entonces el sujeto y el objeto devienen uno. Esta es la esencia de la meditación.  Se ha dicho, que la mente-cerebro nunca puede tocar el objeto. Pero esto es desde el punto de vista occidental de la dualidad sujeto-objeto. Desde el punto de vista hindú y del budismo, la mente puede penetrar el objeto y ser uno con el mismo. Se considera que únicamente cuando se penetra y conoce interiormente el objeto se lo comprende y abarca en su totalidad. Para el budismo no es suficiente mantenerse fuera como un observador externo. Por ello la enseñanza de Buda fue observar la mente desde la mente, y las emociones desde dentro de las emociones.   

Veamos algunos ejercicios sugeridos por distintos autores:
Caminar consciente
“La caminata de meditación es realizada al notar el movimiento de levantar, colocar cada pie hacia adelante en cada paso. Ayuda concluir cada paso completamente antes de levantar el otro pie. “Levantar, mover, colocar, levantar, colocar, mover.” Es muy simple. De nuevo, sostiene Joseph Goldstein en The Experience of Insight, que no es un ejercicio de movimiento. Es un ejercicio de mindfulness (estar consciente). Consiste en utilizar el movimiento para desarrollar un estado de alerta y entendimiento” El objetivo de este ejercicio es estar consciente, sin distraerse  y mantenerse alerta de lo que sucede paso a paso.  El autor sostiene que algo tan estimulante como caminar por Nueva York, puede resultar un excelente ejercicio de meditación si la persona observa su respiración, si se mantiene calmo en su interior, y evita que su mente sea atraída por la enorme cantidad de estímulos externos. Incluso si es atraído por deseos de poder, de sexo, o cualquier otro, los deja aparecer y los deja irse. De esta forma se mantiene en su espacio de meditación, sin perderse en los deseos, ni en la panoplia de estímulos que se acumulan sobre sus sentidos. 

Comer consciente
Quien ha visitado, o participado en algún retiro en un monasterio o templo budista sabe que el acto de comer es importante y forma parte del aprendizaje de la meditación llevada a la práctica. Hay que comer con calma, en silencio y casi como un ritual. En el acto de comer hay una enorme cantidad de pensamientos involucrados con el proceso. Es casi normal el deseo del placer por la comida, la avaricia por la cantidad o la acumulación. Apenas se da un bocado o dos aparecen sensaciones. Si comemos pensando en otra cosa, ni siquiera gozamos del acto. Lo primero es observar la comida, entonces poder pensar: “veo”, “veo”. Luego hay una intención: “intento”, “intento”. Esa intención origina el movimiento del brazo: “muevo”, “muevo”. Sucesivamente, cuando la mano o la cuchara tocan la comida está la sensación del contacto, el levantar el brazo, abrir la boca, colocar la comida en la boca, sentir la textura, masticar, sentir el sabor. Es preciso estar mentalmente presente durante el proceso.

Mindfulness de la mente
Meditar sobre la mente consiste en estar conscientes de cada pensamiento, cómo surgen y con los cuales la mente “piensa” o los procesa. Este es el punto central, no se involucra en el contenido, observa, pero no se identifica, ni se enoja, ni altera, ni forma parte de una cadena de pensamientos, como un vagón tras otro, semejante a un tren en movimiento. Consiste en estar consciente tan solo en el instante en que el pensamiento está aconteciendo. Algunos consideran útil escribir: pensar…, pensar…, pensar…, y registrar qué se piensa. Hacer notas puede ayudar.
Es este observar, sin juzgar, el centro de la meditación sobre la mente. Observar con calma sin reaccionar respecto al contenido de cada pensamiento (como si fuera un vagón del tren con su carga), y sin identificarse con la carga. Cuando la conciencia se identifica con el pensamiento, entonces el pensamiento es el pensador. Si se funden, se confunden en uno solo. Cuando esto sucede hay alienación. El ser, como conciencia, está dominado con esa identificación. El individuo, controlado por esos pensamientos, no piensa ¡es pensado por esos pensamientos!  En esa confusión, puede transformarse en un fanático de una religión, un partido político, un equipo de fútbol, una ideología o cualquier otra cosa ¡incluso de la meditación!

Esto puede darse incluso con una meditación conducida o centrada en un propósito específico. Al mantener la mente ocupada en ese propósito, no elecita mindfulness: o sea una conciencia plenamente perceptiva. Por ello se considera más segura una la meditación no dirigida, la cual envía la mente en modo automático, el modo natural de descanso. Mindfulness clarifica la mente de telarañas, redefine las prioridades y provee de un sentido de contentamiento. Debemos estar presentes pero ¿en qué lugar? Pues en la propia mente y durante el lapso que estamos viviendo. En el próximo blog volveré sobre este aspecto interno, no visible a los ojos. 

Muchas veces sufrimos de stress y ansiedad porque ignoramos la parte benévola de la realidad. Los medios de comunicación nos brindan lo peor de cada día, ocultando a nuestra mente las cosas bellas que están aconteciendo a nuestro alrededor y en el mundo en gran manera. Al comprender el todo y los detalles, nos aporta una nueva luz al discernimiento del porqué de nuestros actos, sentimientos, dolores, enfermedades, traumas. Discernirlos, sin juzgar, nos permite, en vez de sufrirlos, utilizarlos como una oportunidad para nuestra transformación.     

Mindfulness es un estado del ser que  nos permite estar conscientes de la realidad más claramente. De estar presente, especialmente cuando conducimos un vehículo. Esto trae comprensión, mejores decisiones, paz interior, autoestima, bienestar y felicidad. Debemos practicar mindfulness en forma constante. Al contrario, si no estamos alertas, nos ignoramos a nosotros mismos y negamos lo que acontece a nuestro alrededor, al no poseer una mente en paz, una mente clara, pues la atamos a los ruidos de una ciudad, los entretenimientos que absorben la atención de los sentidos. 
Un momento de pura conciencia (pure mindfulness), es una hermosura. Es un hecho único. Se produce cuando la conciencia abraza toda la belleza del universo sin esfuerzo. Es un estado de gracia.  
©Pietro Grieco

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