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9 de junio de 2019

LA MEDITACIÓN TAOÍSTA


Primera Parte
 
Antes de que monjes budistas llegaran a China portando sus textos desde India, en China, los taoístas meditaban de rodillas, sentados sobre sus talones. Se cuenta que un emperador de tanto acercarse a un maestro casi se cae de cabeza. Hoy día, con o sin ayudas, aun la utilizan. Se sabe que los monjes chinos, al ayudar a traducir los textos budistas, los reinterpretaron de acuerdo con su formación taoísta. Al hacerlo encontraron muchas similitudes y, en este intercambio, se fue generando lo que sería el Ch’an, que, al pasar a Japón, se llamó Zen. El budismo Zen adopta una nueva modalidad de meditación llamada zazen. O sea meditar sentados con las piernas cruzadas por horas en silencio. 



Digamos que el taoísmo es radicalmente opuesto al Confucionismo, y parcialmente al Budismo. El principal concepto del Confucionismo es “jen” traducido como “amor” o “sentimiento hacía el prójimo”. El filósofo Mencio, de la escuela de Confucio,  sostenía que “jen” era la mente del hombre, la parte racional, la consciente habilidad humana para discriminar y determinar las cosas. El primer paso para lograr la naturaleza racional consistía en cumplir con las obligaciones morales, más allá del interés personal, sin ulteriores motivos. Esta actitud se la traduce como honradez o rectitud, también como “integridad”. Para aplicar esta norma, como un standard de conducta, establecieron todo tipo de reglas. Y, como las reglas atan, al obstruir la iluminación, pervirtieron la idea original. 



El mundo gira. Nuevas situaciones originan nuevas interpretaciones. ¿Cómo resolverlas? Para determinar lo que es propio o impropio se debía aplicar “chih”, que significa “sabiduría.” Por ello Confucio sostenía que el hombre “chih” está libre de confusión. Estas ideas dieron origen a un sistema racional de grados de simpatía entre los hombres. Produciendo una separación entre superiores e inferiores, diluyendo “jen”, el amor. Por esta razón los taoístas declaraban que había que eliminar el “jen”, para que la gente volviera a amarse nuevamente sin distinciones ni graduaciones. Digamos que Tao era un concepto muy fuerte en china, tanto que al evangelio según Juan se lo tradujo: “En el principio era Tao y Tao era con Dios y el Tao era Dios.” Siglos antes de Confucio, el Tao era un concepto ideal entre los chinos. 



En el texto Tao-Te-King, su autor Lao Tse, identifica a Tao como el Uno, el cual es invisible, inaudible, insondable. Es el mismo Uno, pasado, presente y futuro; abraza la forma y lo informe; el ser y también el no-ser. Por lo tanto el Uno es la unificación de la dualidad y la multiplicidad. Es el Uno sin opuesto, infinito y que no cesa. De esta forma el taoísta hace una síntesis de los opuestos. Esta es una de las principales características del taoísmo: no rechazar sino integrar los opuestos. 



La unificación de los opuestos en uno la explicaban con la rueda de un carro. Tiene muchos rayos algunos opuestos a los otros, pero en el centro forman la unidad; también mediante el ejemplo de los vasos y la arcilla. De la nada, del vacío, viene la función y se forma el vaso usando arcilla. En este caso de la unidad proviene la multiplicidad. El Tao todo lo abarca, todo lo penetra y está en todas partes. 



Lao Tzu, para superar Jen propuso Tz’u que significa la fuente primordial del amor, la raíz de la compasión. No basado en principios racionales. No  se pueda llegar a él mediante la diferenciación y la discriminación. Por el contrario es intuitivo, no utiliza el pensamiento lineal racional, pues se llega de manera no consciente. Está más allá del proceso intelectual, en esta dimensión de no tiempo ni espacio, Tz’u es infinito. Por ello la enseñanza es sin palabras y se trasmite sin explicaciones. El conocimiento intuitivo no se puede trasmitir, llega por sí mismo como la luz que se enciende con una llave. La iluminación no se alcanza mediante pasos sucesivos, se produce en forma instantánea o no se produce. 



La meditación se concreta mediante la “perfecta quietud”. Lograda la misma desaparece todo signo del mundo exterior, como la propia voluntad. Se logra la realidad absoluta en la dimensión del gran infinito, el reino del no-ser. Se puede entrar en el no-ser a través del estado de quietud o a través del conocimiento intuitivo. En ese estado ningún pensamiento perturba y cualquier signo de limitación o condicionamiento desaparece. En medio de la oscuridad aparece la luz radiante, entonces se dice que “la flor dorada” se abre y purifica el corazón y el cuerpo. Esta es la forma en que se logra una visión de la propia naturaleza. Hay un concepto simple pero bello en el Taoísmo, luego de la iluminación del Nirvana la experiencia no termina allí sino que el individuo debe continuar con las actividades diarias. Un dicho común lo expresa así: “En acarrear agua y cortar leña—en eso consiste el maravilloso Tao.” La felicidad de las cosas simples es tan mágica y trascendente como el éxtasis de la ascensión. Como un mundo se encuentra en un grano de arena, la celebración de toda una vida se encuentra en cualquier acto simple. Las personas más puras lo experimentan y se gozan en su ser siendo algo entre algo. 



En la tranquilidad del estado del no-ser, se fusiona un elevado grado de realidad. Allí se produce una unidad espontánea, esta es la fuente primordial de la creatividad. El filósofo Chang Chung-yuan cita un poema del siglo octavo que dice:


 


El ganso salvaje vuela a través del largo cielo arriba.                                 
Su imagen es reflejada sobre las heladas aguas abajo                          
El ganso no pretende proyectar su imagen sobre el agua.                  
El agua no quiere poseer la imagen del ganso. 





Esta es una metáfora de la creatividad, como un reflejo sin ninguna intención. Pues el ganso no pretende proyectar su imagen, ni el agua de reflejar su imagen. Es un momento de pura belleza reflejada en una fusión de espacio como tiempo y tiempo como espacio. Se funden en un punto absoluto en el cual emerge lo creado. Nuestras mentes son espejo del Creador reflejando el aquí-ahora de la creación. Esta creación como reflejo puede ser comprendida solamente a través de la intuición individual. 



Sin olvidar que previa a la meditación está la respiración. En conclusión la meditación taoísta puede definirse como una no-meditación: una meditación sin voluntad ni representación, un morar en la quietud del vacío, la nada de la que surge la creatividad. La mente es un espejo que refleja sin apropiarse ni contaminarse de las imágenes reflejadas. El ego encadenado a mil deseos se transforma en un ser libre de ataduras. Vuelve a la unidad primordial, es uno con el universo. Al espejo de la mente hay que mantenerlo limpio y pulido. Aquellas personas que pueden reflejar las condiciones cambiantes del día como lo hace la naturaleza sin proponérselo y sin esfuerzo alcanzan la luz del Tao; la generadora de creatividad, harmonía y tranquilidad.

©Pietro Grieco

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