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14 de diciembre de 2014

¿QUIEN DETERMINA NUESTRO DESTINO?


                                    Parte III  El Enfoque Espiritual

¿Cuál es nuestro destino espiritual? Parecería que el mundo es nuestro destino, pero…  tan solo es uno transitorio. Por ello Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy de arriba… Yo no soy de este mundo” (Juan 8: 23). El destino espiritual es intemporal y trasciende el mundo, por lo tanto consiste en vivir y experimentar la existencia que trasciende a lo corporal y material.

 El enfoque espiritual es paradójico: no hay que ir a ninguna parte, se halla en el mismo ser. Corresponde a la experiencia interior conectada a espacios del corazón que otorgan sentido y propósito a la vida. La espiritualidad brinda la percepción de pertenecer a una vastedad más allá de nuestro ego, que conecta y relaciona al ser en forma armoniosa con todo lo existente.

No consiste en alcanzar como resultado alguna meta lejana, pues como bellamente lo expresó Shunryu Suzuki: “El resultado no es el punto; es el esfuerzo para mejorarnos a nosotros mismos lo que es valioso. Para esta práctica no hay fin”. Este esfuerzo lo vemos en sus frutos, al manifestar sabiduría, armonía, no-violencia, compasión, paz y, fundamentalmente, felicidad y alegría.

El logro del destino espiritual asemeja al esfuerzo de ascender a una montaña.

Tomamos la determinación de llegar al cielo con entusiasmo, pero a medida que subimos, nos damos cuenta de las  cosas que debemos abandonar. No se puede ascender con una pesada bolsa sobre nuestras espaldas. Como el globo aerostático, para ascender hay que aprender a largar lastre. A ninguno de los místicos, profetas, y maestros espirituales, como grandes creadores y científicos les fue sencillo. Debieron esforzarse y persistir. Dejar atrás creencias antiguas a las que estaban apegados, deseos de placer, ambiciones de poder y otras pesadas cargas. Purificarse en sentimientos y pensamientos. Ser más leves. Más transparentes.

Cuando ascendemos parece que pronto llegaremos a la meta, pero son pequeñas mesetas, que dan un descanso. Muchos, satisfechos con el esfuerzo, quedan allí, listos para regresar. Los menos continúan. La ladera se hace más escarpada, hay menos árboles, hace más frío. Tras mucho esfuerzo llegan a un refugio. Un lugar para reponer fuerzas, superar las dudas, reafirmar el propósito y el sentido de la existencia. Las demandas son mayores. Nuevamente son muy pocos los que se determinan a seguir. La montaña se hace más hostil.

El frío aumenta y la nieve es un gran obstáculo. ¿Se justifica seguir? Ya la ambición no alcanza, la voluntad flaquea. Sólo continúa quien es impulsado por un fuego interior, una fuerza inexplicable.

De allí en más, llegar a la meta semeja caminar sobre una cuerda tendida sobre el abismo. Es para muy, muy pocos. Es para los que se mantienen concentrados, en equilibrio, conscientes y despiertos. Finalmente se llega a la cima. Se contempla los 360 grados del vasto universo, se conoce toda la verdad. ¿Qué verdad y qué universo? Pues la verdad y el universo del propio ser. El ser que fue, que es y que será. El ser que está unido con el todo. El ser que es un holograma conteniendo la totalidad en unidad. Reconocerse como el Cristo, “Yo y el Padre, el Ser Infinito, somos Uno”. En ese momento ¿qué queda por hacer? El ser se enfrenta con la ascensión, el Nirvana,  o el regreso.

Si se  regresa es para ayudar a otros. Ser igual a todos los demás, con la visión de que detrás de cada individuo hay una manifestación del infinito, que puede liberarse de sus cargas y limitaciones y vivir despierto a esa realidad. Desde el llano contempla la montaña.


Allí esta quieta y firme. Si estuvimos en la cima, somos la montaña. Ese es nuestro ser. Hace años una sanadora espiritual noruega me dijo: “El mundo necesita individuos firmes como una montaña y rectos como una espada”. La metafórica espada de la verdad que corta las ligaduras del ego, las pasiones y la ignorancia.

La ascensión en la dinámica del ser, la tuvieron los yoguis en montañas y bosques.



Cada vez que la elevación espiritual fue mediante aspectos materiales externos, condujo al fracaso. Por ejemplo, Buda en su búsqueda hasta bordear la muerte con el ascetismo extremo, fue un fracaso. Su destino espiritual lo halló cuando batalló internamente. Concentrado en su propia conciencia bajo un árbol, luchando contra las creencias perversas de la mente, hasta que tocó tierra, entonces alcanzó la revelación iluminada del ser. A su vez los profetas como Elías y Eliseo hallaron su destino espiritual en el desierto. También Jesús, para hallar su destino espiritual, tuvo su lucha en el desierto. Se dice que su concentración duró 40 días y 40 noches, luchando contra las perversidades en su propia mente. 

La espiritualidad destina al individuo hacía las capacidades más elevadas del ser: la visión, la sabiduría, la creatividad, la calma, la armonía, la imaginación, la bondad, la compasión y el amor incondicional, entre otras.  Es una oportunidad de amar, crear arte y felicidad, desarrollar actividades que expandan nuestros talentos de ser, de experimentar lo inefable en un deporte, en la meditación sentada o en movimiento, o en nuestras actividades diarias de servir con amor.

El enfoque espiritual, permite —estando en el mundo—, vivir nuestra verdadera identidad. La que muchas veces se halla oculta bajo las capas de ambiciones, materialidad, sufrimientos, egoísmos, aferramientos, deseos, y  creencias diversas. Por ello todo camino espiritual comienza con la purificación de nuestra mente y corazón. Una consciencia purificada abre el camino de crecimiento para que nuestro ser bello y puro, el auténtico y sin mancha, el iluminado y despierto del que hablan místicos, maestros y profetas sea una realidad. 

La perspectiva espiritual permite vivir desde una dimensión intemporal, independiente del soporte material, desde el ser-acá como pura conciencia,  en vez del ser-ahí, en el mundo. Vivir fuera del tiempo hace que la conciencia nos renueve. Por ello internamente no importa la edad nos sentimos siempre jóvenes. La elevación de la conciencia hace que la humanidad se encamine a la búsqueda de condiciones que eliminen el envejecimiento, y hagan que el cuerpo se corresponda con la conciencia espiritual

Desde antiguo el hinduismo aseguraba al individuo, mediante el libre albedrío, la posibilidad de crear su propio destino. Lógicamente el mismo estaría influido por la ley moral del karma, de causa y efecto de cada acto. El budismo refuerza esta idea complementándola, en el proceso de morir, con la práctica de la imaginación lanzando la conciencia a una nueva dimensión donde el ser continúa su existencia.
El ser spiritual no solo determina su destino, también determina su circunstancia. Es dueño y señor de su ser. Esta convicción le permitió a Ralph Waldo Emerson adoptar con amplitud la doctrina espiritual. Reconoció que la medida espiritual de inspiración determina la profundidad del pensamiento, y nunca quién lo dijo. Por ello afirmó: “Tú piensas que soy una criatura de mi circunstancia: Yo produzco mi circunstancia.” (You think me the child of my circumstances: I make my circumstance “The Transcendentalist”). Para los pensadores trascendentes  lo sagrado no era la religión, sino la vida. Lo único sagrado era la integridad de la conciencia individual.

Hoy en día, el destino espiritual no requiere subirse a un tren o un avión, para ir a un desierto o la montaña más alta. No. No requiere  ir a ninguna parte, sino a la dimensión superior del mismo ser. El ser divino, el ser sagrado, el único ser de cada uno, el núcleo iluminado y espiritual que mencionó Jesús y demostraron profetas, yoguis, y místicos. Esta parte esencial  le pertenece a todos los seres. 

La pregunta es ¿cómo se logra? Mediante prácticas conocidas: la meditación, el silencio,  lecturas inspiradas, la soledad, el canto, la oración constante, el uso de mantras, el baile, la música, etc. Hoy día hay muchas opciones, parafraseando al Prof. Leo Buscaglia es posible elegir la alegría sobre la desesperación; la felicidad sobre las lágrimas; la acción sobre la apatía; el crecimiento sobre el estancamiento; es posible elegirse a uno mismo, elegir la vida. Es tiempo de reconocer que no estamos a merced de fuerzas mayores que uno. Nosotros somos verdaderamente la mayor fuerza para nosotros mismos. (Living, Loving and Learning). Únicamente si estamos descentrados y perdemos la órbita de nuestro verdadero ser, nuestro destino estará fuera de nuestras posibilidades.

El rabino Zalman Schachter, escribió en The First Step: “Nuestra intención es siempre libre. No existe nada que pueda obstruir nuestra intencionalidad. Incluso si el mundo entero nos coerciona dentro de sus esquemas, siempre podemos “intentar” lo que queremos”. Da un ejemplo muy interesante -pude demostrar algo similar-. Él sostiene que si nos hallamos bajo el torno del dentista, y sentimos el punzante dolor, podemos intentar hacer de este dolor un ofrecimiento de amor. Amor a Dios o a quien deseamos. En mi caso la solución era mantener mi mente fuera del dolor y concentrado en mi identidad espiritual. El espíritu no sufre y nuestro ser tampoco.       
Espiritualmente cada persona puede escoger el enfoque que le sirva para avanzar en la búsqueda del destino espiritual. En este sentido Sue Bender, para quien el diario vivir puede ser una experiencia sagrada, dijo:

La forma externa, la práctica, y la denominación pueden ser diferentes para cada uno de nosotros, pero en una forma profunda y todo-comprensiva yo creo que no estamos solos. Existe un espíritu, un poder superior —el universo—guiándonos, conduciéndonos a aquello que significa aprender, y a hacer: nuestro destino, nuestra contribución única a los demás (The Power of Small Things, in Handbook for the Spirit, New World Library, 2008).

Si estamos en sintonía con ese poder superior, el universo o el espíritu, ese poder nos guiará y dará el contexto correcto para un destino correcto.

La concepción del destino espiritual ofrece la libertad de, por lo menos, intentar morar en nuestra conciencia espiritual y, con ella, navegar hasta emerger en la vasta eternidad de la existencia.

©Pietro Grieco
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21 de agosto de 2014

QUIEN DETERMINA NUESTRO DESTINO


¿Podemos elegir nuestro destino, o nuestra vida está pre-determinada por  el azar,  un ente superior, la fatalidad o una conciencia cósmica? 
¿Hay personas destinadas a ser violentas o pacíficas, pobres o ricas, con mala o buena salud?  En teología se lo trató bajo el concepto de “predestinación” y en filosofía bajo el de “determinismo” e “indeterminismo”. 


Veamos primero  el enfoque religioso, luego el científico y finalmente el espiritual.

I. El Enfoque Religioso

Cualquier persona que visite la ciudad de Ginebra hallará dos íconos inevitables: el chorro de agua del lago Leman (o lago  Ginebra) y el monumento de 100 metros de largo a los Reformadores.  El cual destaca en el centro a los ginebrinos Guillermo Farel, Juan Calvino, Teodoro de Bèze y John  Knox.  Ginebra fue pionera, en el siglo XVI, en adoptar las ideas del monje católico alemán Martín Lutero, quien se rebeló contra la jerarquía de Roma, aduciendo, entre otras cosas, la inmoralidad de la venta de indulgencias. Fue un acto de coraje individual, cuya influencia para cambiar la realidad ha sido enorme. No era, ni es necesario llegar a ser un papa, ni siquiera un obispo, para cambiar contextos y circunstancias. Un individuo convencido de su verdad podía plantarse ante la autoridad —o la adversidad—para transformarla.  Lutero no fue un improvisado, ni hizo marchas públicas, se rebeló con 95 tesis dirigidas a la autoridad de Roma.


En mi última visita a Ginebra, recordé que el seguidor de Lutero, Juan Calvino había hecho énfasis en la doctrina de la predestinación; por lo tanto,  decidí ir al Museo de la Reforma para ver qué antecedentes había. Hallé que  dicha doctrina no fue un invento de Calvino, sino más bien una conclusión directa de (las contradicciones) del texto bíblico. Si no hubiera sido por la voluntad divina ¿cómo podría Abel, el preferido de Dios, ser asesinado por su hermano Caín? O ¿por qué Jacob, el segundo de Isaac, fue elegido como primogénito, en vez de Esaú? O ¿por qué los inocentes pueblos de Canaán con sus niños, ancianos y mujeres  (incluido su ganado), debían ser asesinados por los Israelitas, por el sólo hecho de estar allí, contradiciendo el mandamiento de “No matarás”?  Recordemos que la Doctrina de la Predestinación sostiene que todo ya ha sido establecido por la voluntad de Dios. Si esto es así, de inmediato se plantea el problema de si la libertad existe o no. Según algunos estudiosos, como Marc Faessler, era ése el tema que realmente interesaba a Calvino: la libertad.


  En el presente, las contradicciones bíblicas, provienen, de considerarlo un texto único, cuyo autor es nada menos que Dios. Esto hace de Dios un ser que se contradice a sí mismo. Cada libro contenido en la Biblia es una fusión de una diversidad  de textos provenientes de momentos históricos y autores bien diferentes. Con tales orígenes las contradicciones son inevitables. En vez de cuestionar los textos con sentido crítico, Calvino los justificó mediante la doctrina de la predestinación.

  No son contradicciones, para Calvino, así lo quiso Dios. Lutero, más práctico, sostuvo que las secciones relevantes de la Biblia son las que hablan del Espíritu. La doctrina calvinista enfatiza la potestad de Dios, la bondad de su creación, las limitaciones de la creatura humana por el pecado original, y la Biblia como única autoridad. En este contexto se sitúa la doctrina de la predestinación. Es claro, la doctrina presentaba una paradoja: contradecía la libertad y el libre albedrío.

  La vida eterna, de los hijos de Dios, según Calvino, era posible mediante la actividad redentora de Cristo. Éste aspecto, tratado dentro de la bondad de la creación divina se conectaba con la cooperación en la sociedad, enfatizando la participación, el trabajo duro y el éxito en las actividades humanas. Las personas glorifican a Dios trabajando con alegría. El premio por al trabajo duro es la riqueza.


  Por lo tanto si bien el destino final en la eternidad estaría predeterminado, permite elección y el ejercicio del libre albedrío condicionado a los estrechos caminos a seguir. Muchos pensadores consideran que el enfoque de lograr la vida eterna mediante las buenas obras y el trabajo intenso, fue un aspecto esencial en el progreso de los países donde el protestantismo ejerció su influencia. Influencia que ha continuado.

  Hoy en día esta doctrina está superada (ni la ciencia es considerada infalible), la Biblia ya no es considerada un texto absoluto, ni fuente única de verdad. Eso no impide que siga teniendo gran cantidad de ciegos seguidores.

  En su época y para las mentes que demandaban una certeza absoluta, tenía sentido. Los que hacían el bien contaban con la posibilidad de la salvación, en cambio los que hacían el mal eran condenados. ¿Quién determinaba lo que estaba bien o mal? ¡La misma iglesia! El poder, sobre los fieles, que se adjudicaba la religión era enorme. Calvino fue un trabajador infatigable, para establecer y hacer cumplir normas, que él mayormente había redactado. Esto le trajo muchos enemigos y se convirtió en un déspota hasta con quienes lo apoyaron. El destino estaba predeterminado: algunos —los que seguían sus preceptos— se salvarían y el resto estaban condenados.

  Además, su la visión eurocéntrica, ignoraba a aquellos que no eran cristianos y ni siquiera habían oído hablar de Cristo: los condenaba sin sentido. En el mundo global posmoderno, los dogmas localistas pierden valor y sentido. Si la leyenda bíblica fuera la única verdad, la humanidad sería heredera de Caín, un fratricida. 

En la segunda parte veremos los enfoques científicos y filosóficos del destino.
©PietroGrieco





31 de octubre de 2013

EL CAMINO DE SANTIAGO, un millón de años atrás

        Desde el Pirineo francés se baja a España, a través de altas montañas, majestuosos paisajes, bosques, ríos, bellas quebradas. A los pocos kilómetros en suelo español se ven las señales del Camino de Santiago. Algunos peregrinos, antes de cruzar la frontera, aprovechan para visitar Lourdes. La señal principal representa un conjunto de líneas amarillas, de rayos convergentes en un punto. Hace pensar en los infinitos senderos que de Europa y el sur de España van a Santiago de Compostela, en el noroeste de la península Ibérica, casi sobre el Atlántico. A los peregrinos se les reconoce de inmediato. No visten de turistas, visten de peregrinos: zapatos firmes, ropa rústica, algún sombrero, capa para la lluvia (que nunca falta), mochila sobre la espalda y una vara.

El andar del peregrino es particular. Distinto. Camina firme pero sin apuro, sabe que el camino es extenso. A lo largo de los senderos hay gran cantidad de posadas que, con poco dinero, permiten dormir en dormitorios comunes. Los más adinerados pueden utilizar todo tipo de hoteles. Muchos de ellos o ellas, si entran por Biarritz a San Sebastián, y continúan por los caminos o rutas sobre el mar Cantábrico, van visitando, además de Donostia-San Sebastián, Bilbao, Santander, Torrelavega, Gijón, Oviedo, etc. O sea combinan la peregrinación con el turismo. Lo que hace más atractivo el viaje. Aunque al peregrino auténtico no le interesan tanto las novedades y los paisajes sino la meta, el destino. Arde por saber qué le será revelado o si, solamente, será llegar a otro lugar.

Según las rutas, el recorrido puede ser de unos 670 a 800 km. El tiempo estimado, si se hacen unos 25Km diarios, puede completarse en un mes. Un poco más si se enfrentan inconvenientes: pies hinchados, necesidad de descanso, lluvias intensas, agotamiento, etc. Los españoles se lo toman con más filosofía, como ellos ya están allí, la gran mayoría toma una semana por año. En unos cuatro años cubren el recorrido. Y su promesa personal queda cumplida. No posee el carácter sagrado o místico que puede adquirir para algún visitante extranjero, especialmente lejano. Para ellos es cumplir un ritual y lograr una meta. Punto. Los españoles han dejado de ser religiosos. Pero paran varias semanas anualmente por fiestas religiosas, pues todas esas celebraciones las han transformado en eso: ¡fiestas! Y para los españoles cualquier razón es buena para festejar, con mucho ruido, desfiles, bandas de música y fuegos artificiales. Es una oportunidad para lucir sus trajes típicos, y saborear, claro, sabrosas comidas, acompañadas de excelentes vinos y, en algunas zonas, la sidra.

Por la mágica ciudad de Burgos pasa uno de los tantos Caminos de Santiago. Allí hallé al costado de la catedral, que guarda los restos de Ruiz Díaz de Vivar, el famoso Cid Campeador, la señal que se ve por caminos, rutas y ahora autovías, desde Francia a Santiago de Compostela.  En este caso estaba grabada en una placa de mármol rosa. Pero el descubrimiento más sorprendente, que ignoraba es que muy cerca se hallaron restos humanos de casi ¡un millón de años!

A pocos kilómetros de Burgos se encuentra la Sierra de Atapuerca, donde unas décadas atrás se descubrieron los restos humanos más antiguos de Europa. Restos óseos que, luego de vencer el escepticismo inicial, aportaron una nueva visión y cambiaron muchos conceptos sobre homínidos en el continente. Ya no hablamos de veinte o treinta mil años como nos informaban  los libros de historia sobre las pinturas de cuevas pintadas, estamos hablando de un millón de años. Desde principios del siglo veinte se conoce que en dicha zona vivieron homínidos en gran cantidad de cuevas, pero en 1997 se descubrió en esta área arqueológica lo que se dio en llamar “El Chico de la Gran Dolina”, el cráneo de un niño de unos diez años, cuya formación facial sería muy semejante a la de un niño actual. Esto difiere de “El Chico de Turkana”, y otros hallazgos en África, de 1,6 millón de años, pues los dientes como el volumen craneano (1000 cm cúbicos) son muy modernos, por lo que el Homo Antecessor de Atapuerca, del que forma parte el Chico de la Gran Dolina, presenta muchos interrogantes que los antropólogos tratan de responder. 

Este hallazgo nos dice que, hace ya un millón de años, hubo seres humanos habitando la zona. También se cree que allí se forjó la primera herramienta europea: una piedra tallada. La pregunta que surge es qué tipo de creencias poseían, cómo enfrentaban la enfermedad, la vida y la muerte. Estos individuos no poseían espejos, pero veían a diario su imagen en la superficie del río, que al tocarla desaparecía. ¿Qué pensaban ante la visión de lo aparente y lo real? Su vida diaria estaba urgida por la búsqueda de alimentos, una constante presión ante la posible agresión de otros animales, (osos, tigres, etc.) e incluso de otras tribus. Pero su existencia nos abre los ojos a una nueva: la visión del mundo y del propio ser interior, que proviene de más de un millón de años. Recordemos que la Biblia Hebrea (y aceptada por los cristianos) sitúa la creación del mundo en el año 3761 BCE o sea 5774 años atrás (The Oxford Companion to the bible). No sabemos qué conceptos espirituales sostenían. Pero la conciencia colectiva de la humanidad es extensa tanto en el tiempo como en el espacio. En un millón de años se aprenden y practican muchas costumbres, actitudes, rituales y ceremonias. Muchas se van renovando, otras se abandonan.  

Mientras meditaba sobre la conclusión de este breve texto, nuevamente fui sorprendido por la CNN y otros medios que  anunciaban el hallazgo de un cráneo (cráneo Nro 5) de un homínido con una edad entre 1.600.000 a 1.800.000 años, en Dmanisi, en la Rep. De Georgia. Esto conmocionó el campo científico y alteró mi conclusión. Todas las teorías antropológicas fueron sacudidas. Provisionalmente surge la hipótesis de una sola línea evolutiva desde África a Europa y al resto del planeta. Durante dos millones de años, los homínidos progresaron lentamente y no demasiado. Su forma de vida: habitación, vestimenta y alimentación, eran diferentes. Externamente hubo cambios, y en las técnicas avances, notables en los últimos dos siglos, pero la problemática de fondo sigue siendo la misma. ¿Por qué estamos en esta dimensión tempo-espacial?

Estudios antropológicos de Claude Lévi-Strauss y Lucein Lévy-Bruhl manifiestan que la mentalidad del individuo primitivo difiere de la nuestra por ser el elemento mítico más importante. La experiencia de los humanos primitivos era más mística y menos lógico-científica. Utilizaban más el lóbulo derecho relacionado con la intuición, lo imaginativo, lo metafórico. Es el que hoy utilizan los inventores, los artistas, los creadores. Esta forma de pensar fue desplazada en occidente por el pensamiento científico del lóbulo izquierdo. Utilizado por ingenieros, matemáticos y científicos. Ambos autores sostienen que, bajo la superficie de aparentes diferencias, la matriz de los conflictos a resolver es la misma. Reconocen que el aspecto mítico es más observable en los pueblos primitivos, pero, incluso hoy, se halla presente en todas las mentes.

La mente, entre la información de los sentidos, en especial los ojos, y lo que hace la mano, forma con la información interna de la conciencia, una imagen virtual compuesta del mundo que hace que no sea necesario experimentar la realidad para actuar. El individuo primitivo no necesitaba arrojarse a un abismo para experimentar dolor o sufrimiento, como no es necesario hoy día estrellarse con un auto para saber las consecuencias y verificar el dolor. Por otro lado tenían una agudeza perceptiva mayor del medio ambiente. El olfato y la audición eran muy importantes dado que muchos animales no se dejaban ver. Por lo tanto la percepción indirecta era prioritaria. 


La intuición, revelaciones a través de los sueños, la captación de la realidad (en forma de peligros inminentes), eran comunes. Muchos de esos aspectos los hemos adormecidos. 


Los problemas espirituales por más de un millón y medio de años son los mismos: discernir el propósito del nacimiento, agresión, enfermedad, el abandono, la violencia, el sufrimiento, la muerte. Desde más de dos millones de años cuando los primeros humanos salieron de África, lo que estuvieron haciendo fue peregrinar hacía lo desconocido, hasta cubrir cada rincón del planeta. Pronto esta búsqueda nos lanzará al resto del sistema solar y en el futuro a todo el universo. Por millones de años los humanos necesitaron peregrinar. Pero ya no queda lugar para peregrinar. Ya volvemos, en un constante retorno, donde estuvimos. Sin duda se descubrirán cómo son ciertas cosas. Pero el por qué estamos en este universo no se nos revelará conociendo lugares más remotos. La respuesta al por qué debemos buscarla en otra parte: ¡en nuestro propio ser!

Este peregrinar metafórico en busca de sentido por un camino u otro del planeta, ¿tiene sentido? Creo que ha llegado la hora de ir hacia adentro, hacía lo profundo de la conciencia colectiva. No podemos peregrinar como un escape de nosotros mismos. Ni podemos adorar, cuando no sabemos quiénes somos. Debemos aquietarnos y mediante contemplaciones, meditaciones y la elevación de la mente alcanzar el núcleo, el centro desconocido del ser.


Este texto comenzó como una experiencia sobre el Camino de Santiago, terminó indagando sobre el origen del hombre y, en pocos días, nuevos descubrimientos hicieron girar el enfoque. Este movimiento zigzagueante no es un error, es la dinámica del mundo en que vivimos. Los descubrimientos como los cambios son tan rápidos e intensos que ni nos damos cuenta. Estar cada día centrados es fundamental para no alienarnos. Debemos mantener la mente abierta y flexible, con un corazón generoso y compasivo, siempre sostenidos por una conciencia en paz e iluminada. Nuestro futuro depende de ello.


©Pietro Grieco


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