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3 de abril de 2020

PLAN ESPIRITUAL PARA PANDEMIA del CORONAVIRUS


Podemos comenzar cada día con una meditación, respirando profundamente con un ritmo de descansos sosteniendo el aliento. Luego orar o utilizar algún mantra u afirmación que nos mantenga en armonía durante el día. Comenzar nuestras actividades con paz, bondad y compasión para con nosotros y los que nos rodean es un gozo. Salgamos al mundo con una sonrisa en el alma. 

El problema central de una pandemia es el contagio. Sin contagio no hay enfermedad. Podemos evitarlo con algunos cambios simples. Años atrás en California llegó a casa de visita una joven estudiante coreana. Como siempre abrí mis brazos para darle la bienvenida. La joven se quedó petrificada. La pregunté qué sucedía. Tartamudeando me dijo: “Mi padre nunca me abrazó.” De inmediato comprendí que debía cambiar. Situaciones nuevas nos empujan a nuevas actitudes. La pandemia del coronavirus  produjo diez veces más muertos en Italia, España y otros países latinos, respecto a países asiáticos como Japón y Corea. ¿No deberíamos cambiar? 


Arland Gilbert dijo: «Cuando aceptamos trabajos difíciles como un desafío a nuestra capacidad y nos metemos en ellos con alegría y entusiasmo, los milagros suceden». Cada persona puede sentir la inspiración del saludo que supere la distancia de dos metros. «Sean una luz ante ustedes mismos», dijo Buda. Permitamos que la luz de Krishna o Cristo ilumine y abra el camino.  La primera condición ante la pandemia es mantenernos sanos y ayudar a otros a estar sanos. Tener compasión y empatía para los necesitados y ayudar con procedimientos sanos. No dejarse influir por falsos conceptos. No es la edad la que determina cómo afectara el virus. En California murió una joven madre de 41 años, pero se sanó un veterano de guerra de 103 años. No son los años los que se enferman o sanan. Son las condiciones espirituales, mentales y físicas de las personas que determinan los efectos. 


Es claro que si nos amargamos con las noticias, los comentarios de cómo avanza la pandemia país por país, de los muertos y las posibilidades médicas informándonos que no saben por qué algunos se sanan y otros no. Se puede  pasar por momentos de angustia, de recelo o simple inseguridad. Seremos exitosos si podemos mantener la calma y estar centrados en nuestra conciencia espiritual.

 En la medida en que nos mantengamos firmes con un pensamiento elevado ningún virus o bacteria podrá tocarnos, el escudo del Espíritu nos protegerá. Como pensadores espirituales podemos hacer la diferencia dando a nuestro prójimo paz en la adversidad. No seremos una hoja en la tormenta, sino una montaña que se eleva serena y hermosa en el horizonte de los acontecimientos.

    


Recuerdo una experiencia del director de personal del hospital de Escondido, California. Él observó que ciertos días cuando visitaban el hospital monjes budistas, el nivel de nerviosismo, de ansiedad, de frenesí, se reducía y nacía una calma de la nada. Por lo tanto organizó con el director del monasterio cercano una reunión, sobre técnicas de meditación de todo un día sábado, para  el personal, en especial médicos y enfermeras. También asistieron estudiantes de enfermería de la Universidad de California. Al final de la reunión, una enfermera preguntó qué hacer cuando ya no hay fuerzas para caminar, meditar ni orar. La respuesta fue: Acuéstese en el piso, con los brazos abiertos, cierre los ojos y por veinte minutos respire, solamente respire armoniosamente.
 

En los puntos álgidos de una crisis, podemos suavizar la tensión y ser un faro en medio de la oscuridad. 

Podemos con calma ofrecer a otros una palabra de consuelo y firmeza. 

 Un pensador espiritual aplaca los temores y se fortalecen con la adversidad. Benjamin Disraeli dijo: «No hay mejor educación que la adversidad». La adversidad nos enseña a ser fuertes. 

Permanecer con la cabeza alta y el corazón puro hace la diferencia. 

 Esto demanda limpieza mental. Thomas Merton dijo: «La mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que abarrota nuestra mente y enferma la vida política y social». Limpiar nuestras mentes y purificar nuestros corazones embellece y trae sanidad. Recordemos, la sabiduría es superior a la inteligencia.

 Einstein dijo: «Los intelectuales solucionan problemas, los genios los evitan».


Es en los momentos más oscuros cuando llegan intuiciones geniales. En sintonía con el Espíritu, nuestra mente se orienta a la prevención de problemas, a evitarlos y dar soluciones inteligentes.  
Aun cuando no podemos predecir los resultados de nuestras acciones, nuestra ética es hacer siempre lo mejor. Confiamos en que todas las cosas cooperan para el bien de aquellos que aman el Bien. Reacciones intempestivas pueden producir problemas peores. Mantener la calma es una acción sabia. Tampoco es bueno castigarse pensando en lo que se podría haber hecho. 
Perdonarnos a nosotros mismos y a los demás por malas acciones sana el alma y restaura nuestra armonía. Pues el perdón es superior a la culpa.          
 
Las crisis engendran muchas soluciones. Debemos desligarnos de pensamientos de temor, practicar el desapego y, desde una conciencia superior, afirmar: No soy un cuerpo, ni una mente preocupada. Manifiesto el poder del Espíritu, voy a ser bendecido. 
Podemos ayudarnos y ayudar a otros si hacemos la diferencia al ser una presencia luminosa. Llevar paz, sanidad y amor al mundo es nuestro derecho inalienable.

©Pietro Grieco

  Este texto es una adaptación de   Sintonía con el Ser, pág. 331, de Pietro Grieco, Caligrama, Barcelona, 2019. 

 

22 de marzo de 2019

AVISOS PARA DESPERTAR (Close Calls)



LLAMADAS CERCANAS (Close Calls)



Cuando una persona tiene una experiencia dura, cercana a la muerte, si sale de ella, en inglés se usa la expresión “close call”, literalmente “una llamada cercana”, cuyo significando es que salió por muy poco. Por ejemplo. “escapamos de la casa en llamas y nos salvamos por un pelo, fue un close call”. Otra expresión, luego de un accidente  o una operación compleja, en la cual casi se pierde la vida, el médico dice: tuvo un “close call”. O sea te salvaste por muy poco, también fue una advertencia. ¿De qué? Sin duda de morir o pasar a otro estado. Si alguien salió de estar varios días en coma, tuvo un buen close call, “aviso” del más allá, o de la profundidad de la propia conciencia. Una advertencia de que la vida no es eterna en las condiciones presentes, sino que está sujeta a cambios y a veces muy drásticos. Los avisos (o close calls), son avisos específicos de algo que debemos cambiar. 





Una persona muy querida estaba de vacaciones con su esposo. Un día recibió una llamada de un familiar lejano informándole que había fallecido su última hermana viva. Esa noche le pidió al esposo regresar de inmediato. El esposo sorprendido le preguntó la razón. Su respuesta fue concluyente: “Sé que ahora me toca a mí, me tengo que preparar; es la señal que esperaba”. Regresaron a su hogar, en otra ciudad, y comenzó a ordenar sus pertenencias, su testamento, sus actividades. A los pocos meses falleció en oración, previo paso por un hospital y donde le dieron de alta el mismo día, pues no le encontraron nada grave. Un vecino del esposo, un cirujano retirado, lo consoló de esta forma: “Mi experiencia es que algunas personas cuando llegan a cierta edad, sienten que la muerte está cerca y deben prepararse”. Le relató que su misma madre al regresar del trabajo le dijo un día le dijo: “Mañana vas al banco y retiras todo el dinero de mi cuenta y lo pasas a la tuya”. Él se resistió, diciéndole que no tenía ningún sentido hacer algo así. La madre le dijo con firmeza (como él no la había visto antes), que no discutiera con ella, que fuera y lo hiciera como ella le pedía. Él lo hizo y a los pocos días su madre falleció tranquilamente en la cama.




Los avisos, o close calls, son importantes recordatorios de que, si bien hemos pasado por el fuego, el terremoto o una inundación, y salimos ilesos,  nos dicen que la vida humana no es eterna, que somos frágiles, que la abandonaremos en algún momento. “Sin ningún apuro”, decía un humorista. Pero, mejor no perder tiempo repitiendo las mismas experiencias, sino dejar atrás conductas y cargas que conducen a las llamadas cercanas o avisos.




Un día una amiga de décadas, me mandó un aviso: “Si me vienes a ver te espero”. Tenía 104 años. Ella leía mis escritos y cuando no podía por su vista debilitada, le pedía a algunas de sus amigas, que le leyeran. La fui a ver al año siguiente, pues vivía en una parte distante del lugar en donde habito. Estábamos a unos 14.000 km de distancia. Me acompañó un amigo pues ella  estaba viviendo en un hogar de ancianos. Estuvimos charlando  un buen rato. Fue encantador. Entonces me miró y me solicitó que orara para que su tránsito fuera armonioso. Después me dijo: “Bueno, ciao”. Solté su mano y le dije “Ciao”. Ambos sabíamos que sería la última vez que nos veríamos. Al año siguiente a los 106 años falleció.


Un científico, investigador y estudioso de la espiritualidad que había atendido a varios de mis seminarios y retiros, decidió con su esposa mudarse a un hotel-hogar con residencia asistida. Eso significaba vender su casa y dejar muchos bienes queridos, dado que el nuevo lugar era mucho más reducido. Cuando ya se habían mudado, un día le dijo a su esposa que iba a dormir la siesta y que no le molestaran. Cuando ella lo fue a ver, ya había muerto en su sillón preferido. Tengo la firma convicción de que tuvo un aviso y, el cambio fue para dejar a su esposa en un lugar más seguro, y poder partir en paz.

Si el pensar y actuar como actuamos nos condujo a la dura experiencia de la que salimos ilesos pero con una advertencia, no es como para ignorar lo que le vida nos está diciendo. Sino que debemos escuchar y tomar las medidas para no terminar en otro hospital.


Una amiga fue a ver a un especialista por unos análisis y la entrevista tuvo un giro inesperado. Le informó que tenía una enfermedad terminal. Preguntó cuánto tiempo le quedaba. La respuesta fue “Unos seis meses”. Agradeció y se fue. Camino a su casa con el corazón agitado decidió detenerse y entrar a un restaurante sobre el mar. Allí decidió qué pasos debía dar y en qué orden. Lo primero fue avisar a sus hijos, en otros estados. La segunda poner en orden sus papeles, sus finanzas y sus bienes para no dejar problemas a sus herederos. Lo tercero cómo debía prepararse para enfrentar su muerte.
Contactó con un amigo para que le ayudara espiritualmente. Éste le dijo que la vida es eterna y que no debía aceptar la idea que debía irse ya, su presencia era necesaria para su familia y sus amigos. Su ser era espiritual y no se podía enfermar y morir por un dictamen médico. Podía trascender este estado de existencia sin estar enferma. Le ofreció meditar y orar juntos. Ella ajustó su dieta y abandonó actividades no relevantes para su presente condición. Estuvieron orando por semanas. Cuando se acercaba la fecha de su muerte, no tenía más problemas, estaba sana. Años más tarde la hija también se enfermó de cáncer y, dada su experiencia, le ayudó a superarlo. Incluso corrieron juntas una maratón. Inesperadamente su hijo, que estaba bien, falleció de un ataque. Fue un shock, también lo superó. De esto han pasado años y sigue viva.

J. Krishnamurti en el video ¿Qué es la muerte? Sostiene que todo es causa y efecto, como resultado de “lo que siembras segarás”, en este estado o en un estado futuro. Muchos de los problemas humanos de deben a los apegos a personas o conflictos. El aspecto principal es que a las personas nos cuesta el desapego, por lo tanto seguimos sufriendo por no querer largar los apegos. El resultado según el Dalai Lama es que los apegos producen enojos y ellos son destructores de la armonía espiritual y física.

La espiritualidad no es una píldora para calmar los nervios. Tampoco un tratamiento de cosmética de la personalidad. En vez de buscar soluciones invasivas superficiales materiales o mentales, la espiritualidad incita a buscar la solución desde el interior del ser. Desarrollar la propia fuerza mediante la energía del espíritu. La espiritualidad es una forma de vida que camina asumiendo los problemas enfrentándolos. No escapa de los desafíos, sino que los utiliza para despertar, elevarse y purificarse.


Sabemos que debemos estar preparados, no para escapar de la muerte, sino para atravesarla con integridad y siendo conscientes de alcanzar otra dimensión del ser.

 


Los avisos son bendiciones pues nos despiertan 
a tomar otro rumbo para avanzar con paz y 
armonía hacía la perfección del ser.  


©2019/Marzo Pietro Grieco




17 de noviembre de 2017

TERRORISMO Y ESPIRITUALIDAD


¿Qué motiva a los terroristas? Un estudio sostiene que el aspecto principal que los motiva es “lo que poseen en su corazón”, o sea su sentir espiritual. En occidente dado la prevalente visión materialista se subestimó esta dimensión y su influencia en las acciones humanas.  Como seres con la misma esencia espiritual deberíamos conectar empáticamente en esa dimensión para comprender y evitar la violencia. 

El 4 de setiembre de 2017, la cadena de noticias CNN, se hizo eco de un estudio sobre prisioneros del ISIS, entrevistados en Kirkurk, en el norte de Irak, por Scott Atran y sus colegas,  (publicados en Nature Human Behaviour). El mismo demuestra la íntima  relación del terrorismo con la espiritualidad. El estudio revelara que también los soldados kurdos, que los combatían, poseían un compromiso con valores sagrados, una prontitud por dejar la familia por dichos valores, y la fortaleza por la pertenencia al grupo o la comunidad que representaban. 
Comprender este fenómeno es imprescindible para establecer algún tipo de conexión y entendimiento, pues se podrá matar gente, pero a las ideas, a los valores, y a principios espirituales no se los puede matar. La única posibilidad es presentando ideas, valores y principios espirituales superiores para elevarlos y transformar a esos individuos en seres humanos superiores. Al mismo tiempo, aceptar con humildad  que, en este proceso de empatía y comprensión, también nosotros podremos, elevarnos y fortalecernos. 

Luego del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, las reacciones mayoritarias fueron de venganza y persecución a los culpables. Muy pocos intentaron (como Arum Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi, y otros) comprender la motivación de los que sacrificaron su vida para realizar un acto tan extremo. ¿Por qué lo realizaron? ¿Se hubiera evitado si hubieran sido escuchados de corazón a corazón? Pocos percibieron que estaba relacionado con su espiritualidad. Comprendida como sentimientos y valores interiores tan intensos que les permitía morir por ellos sin importarles su familia, sus amigos, ni el sufrimiento del prójimo. Esto no es nuevo, unos dos mil años atrás, hubo cristianos que aceptaban morir devorados por los leones, en algún circo romano, convencidos de su espiritualidad. Durante la guerra de Vietnam, también hubo monjes budistas que se quemaron vivos, como actos de protesta.
Según Atran y sus colegas, las primeras entrevistas cara a cara, no resultaron útiles, por el contrario los prisioneros se irritaban. Cuando desarrollaron una nueva línea de investigación con preguntas relacionadas con sus valores espirituales, los terroristas comenzaron a abrirse al diálogo. La idea de Scott Atran era que conocer su forma de pensar podía ser útil para determinar políticas comunes de lucha antiterrorista. 

En “El Arte de la Guerra”, escrito por Sun Tzu (o Sunzi) 544-496 BCE, considera que la guerra es el arte de la persuasión, una batalla por ganar mentes y corazones. Para ello el mejor general debía ser un iluminado maestro taoísta. Este texto fue apreciado a través de la historia por estrategas de todo el mundo. Algunos conceptos básicos son: 1) Entender la mente del enemigo para saber cómo afrontarlo;  2) evitar el enfrentamiento directo, realizarlo en cambio a través de una estrategia de desarrollo indirecto. Finalmente un enfoque filosófico: “la mejor victoria es la que se logra sin luchar”. Simples conceptos que reflejan la acción de la inacción taoísta. En occidente, parece que a las personas las mueve más la pasión que la comprensión, y que la venganza guiara el accionar de la mayoría, pese a estar condenada por los llamados libros “sagrados”. Sin dejar de protegerse, hay que penetrar en el núcleo duro de las pasiones con ideas fuerza. El agua, no lucha, avanza evitando los obstáculos. ¿Hay que recordar que el agua vence a la piedra? La mejor victoria es la que se obtiene sin luchar. ¿Cómo hacerlo?
Mi experiencia me indica que el terrorismo comienza con un sentimiento negativo individual o semi-individual. Siempre vemos y nos ofendemos por lo que nos molesta o duele. Rara vez observamos qué duele o hace sufrir a otras personas, especialmente en lugares distantes. Aquello que genera indignación, rabia o resentimiento por lo que alguien considera una injusticia, una discriminación, un maltrato, una agresión, una no aceptación, etc., sea real o imaginario.  Esos sentimientos  quedan como semillas latentes en la mente, y un hecho, o un mensaje por internet u otro medio, las despiertan y hace germinar. Este estado latente es aprovechado por los que “pescan” o reclutan jóvenes, para usarlos para sus propios fines. Una vez indoctrinados, pueden ejercer una violencia “espontánea” para herir, matar y atemorizar en una escuela, una maratón, un cine, a la salida de un lugar bailable, medios de transporte, recitales de música, mayoritariamente en cualquier lugar donde haya gente inocente, despreocupada e indefensa. 
Una característica del terrorismo es que se presenta sin el sentido lógico tradicional. No sigue el proceso de pensamiento de causa y efecto. Massimo Teodorani (Astrofísico) en su libro titulado “Cincronicità”, intenta demostrar la relación entre la física y la psique. Sostiene que a nivel de partículas elementales los estudios demuestran en forma indubitable que la realidad fenoménica que normalmente esperamos que sea lineal de causa a efecto, posee en su base una matriz en la cual el principio de causalidad deja de existir. Este astrofísico coincide con otros pensadores provenientes del campo de la ciencia. Pues sin muchos preámbulos dice: La matriz de nuestra realidad es espiritual,…, por el momento los mismos eventos sincrónicos parecen recordarnos que nosotros no somos observadores pasivos de un frío universo de relojería, sino también actores de la creación. Esto es fundamental pues como actores activos de la creación nuestros pensamientos, nuestras oraciones, nuestras intenciones y meditaciones tienen influencia en lo que acontece en la matriz de la realidad. (Sincronicitá, Il legame tra física e psiche, da Pauli e Jung a Chopra,  Gruppo Macro, 2017, Cesena (FC) Italia).

A su vez, una teoría propuesta por el francés Jean-Pierre Garnier-Malet, sostiene que de acuerdo con la teoría cuántica, somos onda y partícula, y como tales habitamos dos tiempos: uno consciente y perceptible, y otro inconsciente e imperceptible. En el tiempo imperceptible podemos hacer millones de cosas, que luego pasamos al tiempo perceptible. Esta es la información que se presenta en forma sintetizada como intuición. Esa es la explicación, para este teórico, de la forma mediante la cual es posible ver los peligros antes de sufrirlos y poder borrarlos. Sin duda esta es una nueva explicación a un fenómeno muy antiguo. La visón de la solución al sueño del faraón, por parte de José, y comprender los años de cosechas abundantes; seguidas de siete de sequía, permitió programar la solución y evitar la hambruna.  







Los ataques terroristas no son los ataques clásicos de un ejército contra otro, o de una nación o facción contra otra. El primer objetivo no es conquistar un territorio, es conquistar campos mentales desocupados o débiles. Esas mentes luego se asemejan al mundo cuántico, son reacciones en las cuales el orden lógico, dejó de existir. Por ello aparecen en forma casi espontánea en individuos movidos por una idea dogmática, impuesta fanáticamente, para imponer una visión o ideología a otros.


 El terrorismo además de atemorizar pretende instalar odio y violencia donde hay paz y armonía. Hace un tiempo escuché a un filósofo sostener que toda lucha es espiritual, porque todas las guerras son luchas de ideas, y las ideas provienen del espíritu. Luchar contra las ideas mediante cañones, aviones, tanques, portaviones o bombas es una pérdida de tiempo y recursos, pues ninguna bomba ni cañón mató una idea. 
Capturar al que colocó una bomba o saber quién era el que se suicidó, no termina con el terrorismo ni la violencia en nuestras comunidades y el mundo. Es necesario ir al origen donde se ocultan las semillas de la enfermedad del odio y violencia, para que no germinen ni se dispersen como una plaga. Tenemos que crear los anticuerpos para detener y sanar la plaga. Esta es una lucha espiritual. Un concepto que comparten muchas tradiciones dice “Tal como el hombre piensa él es”. Lo que pensamos es lo que nos define y determina acciones y consecuencias. Ernest Holmes, decía “Los pensamientos son cosas”. Si alguien nos arroja una cosa, una piedra, o un pensamiento estaremos indemnes si poseemos un escudo inviolable, no arrojando otra piedra, ni el ojo por ojo y diente por diente. Desarrollar el sistema inmunológico contra la violencia es una responsabilidad de todos. La Biblia habla de salir revestidos con el escudo del espíritu. 
Los pensamientos (halagos o insultos llegan y son percibidos sean malos como buenos). Es nuestra misión saber qué sembrar. El triunfo de Gandhi fue oponer la no-violencia a las armas.  Todo ser humano es redimible, como lo fue Nelson Mandela, quien de querer poner bombas, lo que lo llevó a la prisión, allí mismo con la meditación adquirió comprensión y aprendió sobre la no violencia, la cual lo llevó en forma indirecta al triunfo. El sicólogo Marshal B. Rosemberg, cuenta su historia, de cómo era agredido de niño una y otra vez, sin siquiera entender por qué. Con el tiempo entendió que lo hacían por ser judío. Por ello dedicó su vida a desarrollar empatía y una comunicación no violenta. En su libro “Habla Paz en un Mundo de Conflictos” (Speak Peace in a World of Conflict, Marshall B. Rosenberg, Puddle Dancer Press, 2005, Encinitas (CA)), dice: “Lo que digas de inmediato cambiará tu mundo” (“What you say next will change your world). Jesús la expresó muy simplemente: lo que siembras cosecharás.  Representa la ley moral del karma, es una ley de causa y efecto notable. Rosemberg demostró en la franja de Gaza, que su sistema funciona, enfrentando, con empatía, a los que se consideran sus enemigos, logrando que ¡lo invitaran a sus casas a cenar como amigo! 
El problema del odio no se sana con más violencia o más odio, pues es muy difícil saber dónde parar en el regreso al infinito buscando una causa en el pasado. El odio surge por lo que se cree es una gran injusticia contra la forma íntima de pensar, además de las agresiones  con bombas o ahogo económico a gente indefensa. Es verdad que en estos momentos la mayor violencia a nivel mundial proviene de sectores musulmanes, pero el caso conocido en Estados Unidos como el “Unibomber”, no lo era;  los Beatles sufrieron una enorme violencia por grupos radicales cristiano, porque de ellos dijo que eran más famosos que Jesucristo. Quemaron sus discos y canciones, debieron moverse con guardia de seguridad especial por las amenazas. El odio puede surgir en la mente de un fanático de un club de básquet, rugby o de fútbol porque otra persona utilizó un cántico del equipo contrario y agredirlo.  
¿Cómo vencer sin luchar? Si hay quienes siembran semillas de odio, millones podemos sembrar semillas de amor, comprensión, bondad, respeto, compasión, afecto, alegría y amistad. Esta es una espiritualidad práctica. Enviar mensajes mentales, o  por medios de comunicación o Internet, que llenen las mentes de buenos sentimientos no es inocuo, demostrar compasión no es una simple necesidad, necesitamos compasión para nuestra supervivencia, sostuvo el Dalai Lama. El trabajo de sembrar semillas de amor y misericordia es el trabajo de todo ser humano, sea cual sea el enfoque espiritual que practique. 
Sostengo que todo ser humano tiene el derecho a defenderse de una agresión, pero para la guerra espiritual hay que luchar con ideas espirituales. No debemos pensar en convertir ni convencer, es suficiente informar y compartir mensajes para inspirar y ser inspirados, como estos de Rumi.. Doy como ejemplo algunos poemas breves de Rumi.
De Moisés y el Pastor: Dentro de la Kaaba / no importa en qué dirección uno orienta / ¡su alfombra de oración! / El buceador del océano no necesita ¡zapatos para la nieve! / La Religión del Amor no tiene código o doctrina. / Solo a Dios.
La Religión del Amor: La secta de amantes es diferente de todas las demás. / Los amantes tienen una religión y una fe propia. / Aunque el rubí no posee un sello, ¿qué importa?/ El amor no tiene miedo en el medio del mar del temor.  (Poetry of the Spirit, E: Alan Jacobs, Barnes & Noble, 2005, New York).
Recordemos la sabiduría del Jefe Seattle: “El hombre no tejió la red de la vida. Es solamente una hebra en ella. Cualquier cosa que haga al tejido o, a la web, se la hace a sí mismo. Todas las cosas están unidas. Todas las cosas se conectan.” O sea, todos los que ejercen la violencia, se la hacen a sí mismos. Por esta razón todas las formas de violencia terminan derrotadas. 
Debemos reconocer que lo que pensamos es importante y tiene consecuencias, la ley del karma es eso, todo pensamiento tiene su consecuencia. Podemos pensar y hacer lo que queremos, pero nunca evitaremos las consecuencias de nuestros pensamientos y nuestros actos. Todos podemos pensar, y sería muy útil asumir la responsabilidad de pensar en base a principios elevados y sanadores, principios de amor, paz, justicia y armonía. Ellos tendrán su consecuencia. No nos abandonemos al olvido. Si el terrorismo depende de otros, la armonía depende de nosotros. Mantengamos la armonía en nuestro pensamiento diario, pues de ello depende el futuro del ser. Nuestro ser. 

©Octubre/2017,  Pietro Grieco

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