4 de agosto de 2022

LA BIBLIA DEJO DE SER UN LIBRO SAGRADO

 

¿El fin de las religiones bíblicas?

 La biblia dejó de ser un libro sagrado

 

Mauro Biglino, traductor del hebraico bíblico, sostiene que cuando se desnuda la Biblia pierde su carácter sacro, por el contrario, es un gran engaño. Dice:

 

“Una vez desnudada la biblia es sumamente diversa de como estuvo contada siempre: no contiene un Dios espiritual, omnipotente, y omnisciente, no contiene eternidad. Nada de manzanas, ni serpientes ondulantes y tentadoras. Ningún ángel alado. Ni siquiera el Mar Rojo: el pueble del Éxodo se limita a mirar una simple cañita”.

(Bibbia Nuda, e La Bibbia non è un libro sacro. Il Grande inganno. Mauro Biglino, (2017)

 

Biglino es uno de los tantos autores que últimamente se ha dedicado a desarmar la sacralidad el texto bíblico.  Con el debido fundamento lo que sostiene es coherente con los descubrimientos arqueológicos.

 

Mi relación con la biblia comenzó durante la década del 1960, mientras estudiaba y escuchaba la radio, oí la noticia de que al premio Nobel William Faulkner le habían otorgado otro premio Pulitzer en Estados Unidos. Su mensaje central, decía la radio, era que el hombre no solo duraría, sino que además prevalecería. La radio decía que su idea provenía de la Biblia.

"I believe that man will not merely endure: he will prevail. He is immortal, not because he alone among creatures has an inexhaustible voice, but because he has a soul, a spirit capable of compassion and sacrifice and endurance.”

 

O sea, Faulkner creía que el hombre no duraría solamente, sino que prevalecería. 

 

Pensé que si la Biblia contenía esas ideas era un libro que yo debía poseer. Con los meses pude comprar, a costo de casi ir preso (la policía sospechó de mi insistente mirada alrededor de la vidriera de una librería). Un mes después compré una e intenté leerla. Me pareció incoherente, una serie de brutalidades y contradicciones. Mas adelante un compañero de la Universidad me dijo que la biblia hay que leerla con el sentido del espíritu, pues el sentido literal es horrible. Guerras, muertes, incestos, traiciones, asesinatos, crucifixiones, algunas bendiciones, etc. Buscar un significado más allá de las palabras poseía un atractivo. Con esa búsqueda fui mejorando y expandiendo la lectura. Utilicé el texto como algo mágico, algo único. Aprendí a reiterar las palabras del texto, pues me daban autoridad e importancia ante los demás. Prediqué el libro, lo llevé a las cárceles, lo regalé. Supe repetir las palabras del texto con pasión, que llegué a conocer muy bien; interiormente me ufanaba de ello. Escribí algunos artículos inspirados basados en la Biblia. Aunque siempre hubo aspectos que no “me sonaban bien” o no tenían sentido. Por ejemplo: el deber de cumplir los mandamientos en un capítulo y en el siguiente violarlos.

 

Cuando leí cuestionamientos académicos proponiendo el fin de los estudios bíblicos, fueron una llamada de atención sembrando dudas racionales. Hace poco, al realizar una búsqueda descubrí otra forma de leer el texto: a través de las investigaciones arqueológicas. El análisis de piedras y tierras ambos a través del sistema del carbono 14, permite datar con precisión los hechos y las épocas. Eso elimina dudas y muchas vaguedades. Efectivamente la Biblia no es un libro de historia, usa datos de la historia para crear ficciones históricas. Las palabras son fácilmente manipulables, crean su propia realidad, independiente de la verdad. La biblia parece un libro de historia, pero no lo es. La mayor parte del texto adopta la forma de relato histórico, incluso los salmos o las profecías parecen relatos históricos.

Muchas religiones se establecieron con la Biblia como un texto veraz y sagrado, pero los últimos estudios indican que no lo es. Prácticamente todos sus libros son copia de textos anteriores sumerios, egipcios, babilónicos, etc. Los especialistas hebreos no hablan de plagio sino de “tradiciones literarias compartidas” en formas y contenidos. La historia de José y la esposa de Potifar, es la “historia de dos hermanos” egipcia. Algunos proverbios (22-23) son copia fiel de las enseñanzas de Amen-em-Opet. (The Bible as Literature), la Biblia como libro de leyes y preceptos es pobre comparada con los  ordenamientos legales de los hititas, los babilonios, los asirios, recordemos solamente el Código de Hammurabi, (1750 a.C.).

 

El trabajo de investigación arqueológica de lugares bíblicos y su datación realizada por los departamentos de arqueología de la Universidad de Tel Aviv y la de Jerusalén y los de Institutos arqueológicos y bienes culturales. Han producido informes relevantes, en especial el arqueólogo Israel Finkelstein con su colega Neil A. Silberman. Sus videos pueden verse en Internet. Nos dicen que de los Patriarcas no existen registros, son personajes de ficción, tampoco encontraron pruebas de que el Éxodo tuvo lugar.

 

Algo había sospechado desde mucho tiempo. ¿La razón? En más de tres mil años, no se había encontrado una espada, restos de cerámica, huesos, restos de comida, etc. Ningún rastro del paso de centenares de miles de personas saliendo de Egipto, cruzando el Mar Rojo, que pasaron cuarenta años vagando por el desierto, sin agua y sin comida. Uno o dos milagros son admisibles, pero ¿miles todos los días? Huummm… si todos los días producían milagros ya no son milagros son la trivial rutina. La ciencia demanda pruebas, verificaciones, pero: el dilema para los creyentes es que no hay pruebas de las afirmaciones bíblicas. Entonces ¿creer o no creer?

 

Fue ese hecho que hizo afirmar al Prof. de historia de la universidad de Jerusalén Yuval Noah Harari, que los escritores bíblicos eran todos fantasiosos. El Prof. Finkelstein, como director del departamento de arqueología de la Universidad de Tel Aviv, más prudente, dice que esos escritores no tuvieron en cuenta la situación real de las épocas que describieron, ni las condiciones políticas ni geográficas. O sea, escribieron sin fundamentos. En la época del Éxodo toda la Palestina era una provincia de Egipto. En ese caso los judíos no podían escapar del ejército del faraón y estar a salvo del otro lado, porque toda Palestina y la Península del Sinaí, formaba parte del imperio egipcio. En la Península de Sinaí se encontraba la poderosa fortaleza de Ramsés con sus soldados. ¿Podían escapar para ir a parar en manos de esos soldados del faraón? Considerando la realidad no tiene ningún sentido. Los egipcios llevaban registros cuidadosos de los hechos del reino. ¿Cómo no hay ningún registro de la huida de un grupo de centenares de miles de judíos? Tampoco se menciona el nombre del faraón que los oprimía. La razón es que él o los escritores no lo sabían. El filósofo sefaradí Baruj Spinoza en el siglo 17 ya había criticado aspectos de la Biblia, como el hecho que Moisés después de muerto, le ordena a Josué, al entrar en la tierra prometida a Abram, destruir todos los reinos, matar a los hombres, mujeres, y niños, llevarse tan solo los tesoros. Hoy esto sería monstruoso.

 

Lamentablemente no se ha encontrado ninguna destrucción de fortalezas o murallas como la de Jericó, ni ciudades reducidas a cero, ni piedras quemadas. Ni huesos ni bienes de los muertos. Tampoco se encontraron en los registros de Moab, Edom, Ammón, y otros reinos, de ser conquistados por unos esclavos huyendo de Egipto. No existe prueba alguna de esas conquistas. A esta altura debemos preguntar ¿es la Biblia una colección de cuentos de fantasía? Esa es la afirmación que se desprende del profesor Harari, pues los escritores bíblicos eran unos “fantasiosos”. Jorge Luis Borges sostenía que la Biblia debía considerarse parte de la literatura fantástica.

 

La forma de salvar el texto ha sido la “alegorización”, o sea darle una interpretación alegórica que los autores nunca pensaron. Por ejemplo, El Cantar de los Cantares, que es un poema del amor celebrando la unión física, se la ha leído como una alegoría de la unión no de un hombre y una mujer, sino de la iglesia y el Cristo. El amante y el amado también se la interpretado como la relación entre Yahveh e Israel.

 

¿Existe una explicación? Sí, una sumamente razonable: muchos de los textos del Antiguo Testamento (Biblia Hebraica) fueron escritos en Babilonia, durante la esclavitud impuesta por el rey Nabucodonosor. Los judíos vieron por décadas, como los babilonios llevan registros de los eventos importantes del reino, inundaciones, plagas, guerras, etc. En esa época no existía Internet ni grandes librerías. Considerando que con el tiempo se perderían sus historias comenzaron a escribir los recuerdos, pero agrandándolos para la posteridad. La exageración es un arma literaria de la antigüedad para impresionar a los lectores. Dicen Gabel, Wheeler, York, los autores de “The Bible As Literatrure” An Introduction, sobre el Génesis: el objeto del texto es reconocible: una serie de eventos cósmicos, pero que ningún ser humano presenció ni vivió. No tiene sentido preguntar si el universo se creó en siete días, o si podía existir la luz sin ningún objeto emitiendo luz, o que el sol es creado después de la tierra. Para los autores las respuestas no llevan a ninguna parte. Pero para los sacerdotes era perfecto de esta forma y de esa forma debía aceptarse. O sea, es una imposición sacerdotal. La Biblia es una antología que utiliza la hipérbole, o sea la exageración con el objeto de impresionar a los lectores. También la poesía, el relato, la historia, etc.

De los patriarcas no existen registros, ni siquiera se sabe si existieron verdaderamente. Algunos consideran que son personajes de ficción. Muchos relatos son tomados de escritos anteriores, el diluvio universal está contenido en una cantidad de textos mesopotámicos (sumerios, asirios, babilónicos, como La Épica de Gilgamesh, y otros). Algunos salmos son copia fiel de textos egipcios anteriores.

 

El carácter “Moisés” tiene muchos antecedentes como personaje de ficción, pero el antecedente histórico, del niño lanzado en una cesta sobre el río Éufrates fue Sargón de Akkad, considerado el primer emperador de la historia, que conquistó todos los reinos sumerios hasta Ur, ciudad de la que la Biblia atribuye el origen de Abran. ¿Por qué atribuir a Ur, (¿de los caldeos?), el origen del pueblo de Israel? Por una cuestión de prestigio, sostienen los arqueólogos. En realidad, fue el modelo a seguir con el templo (zigurat) como el centro de la sociedad, y el enzi (sumo sacerdote) la máxima autoridad religiosa, política y militar.  En Sumer, el templo centralizaba la actividad religiosa con sus sacrificios, el registro de los contratos y archivo de las tabletas, la enseñanza de la escritura cuneiforme, y los talleres de artes y oficios, adicionalmente se desarrollaron: la rueda y los canales de riego, fabricación de armas, las grandes construcciones, ciudades fortificadas, la organización social con los zigurats como centro de culto, con la clase sacerdotal poderosa. Este sistema que estuvo vigente miles de años finalmente colapsó.

 

El libro de Daniel fue escrito 300 años después de los hechos relatados. Nunca existió un Daniel y sus amigos en la corte del rey de Asiria. De esta forma entendemos mejor lo dicho por Jorge Luis Borges, “la biblia es un texto de literatura fantástica”. Otros dirán que son “fake news”.

 

Varios filósofos desmintieron la Biblia, y por ello sufrieron las consecuencias: destierro, persecuciones, etc. Principalmente Spinoza y Leibniz, criticaron las incoherencias del texto. El mismo Lutero realizó fuertes objeciones al libro, afirmando que las únicas partes validas eran las que hacían referencia al Espíritu. Dado que por siglos fue el único texto religioso, no se pensó en la posibilidad de otros textos del Medio Oriente. Esto duró hasta la mitad del siglo XIX. Principalmente debido a la ignorancia de textos en otros idiomas, cuando se comenzó a descubrir cómo interpretar las otras lenguas del Oriente Medio, todo comenzó a cambiar. Son miles los textos a traducir, existen centenares de miles de tabletas a transcribir, solamente los textos egipcios son sumamente numerosos, que fueron ignorados considerando que eran tan solo dibujos, hasta que se descubrió que son un lenguaje. Por ejemplo, uno de los salmos se considera que es copia textual de un texto anterior egipcio.

 

El descubrimiento de la ignorancia

 

Durante la campaña de Napoleón en Egipto (1799) en una aldea llamada Roseta, los expedicionarios encontraron una pequeña piedra que sería la llave al conocimiento de textos antiguos. Dicha piedra contenía un texto en tres idiomas: el primero era el jeroglífico egipcio, el segundo era en el egipcio demótico, que es el mismo idioma, pero en cursiva, el tercero era en griego antiguo. Claro, los lingüistas conocían el griego, pero nunca pensaron que los jeroglíficos eran un lenguaje. La misión de descifrar los textos le correspondió al lingüista francés Jean-François Champollion. Los tres textos eran el mismo decreto del rey Ptolomeo V, Epífanes.

 

Esa estela de granodiorita, fue la llave de mi ignorancia y posiblemente de muchos más. Ignorancia de desconocimiento. La inscripción era del 196 antes de cristo, el llamado periodo inter-testamentario. Los egipcios consideraban el lenguaje una invención del dios Thoth para permitir comunicar ideas, sentimientos y normas.

 

 La piedra de Rosetta es un fragmento de una antigua estela de granodiorita inscrita con un decreto publicado en Menfis en el año 196 a. C. en nombre del faraón Ptolomeo V. El decreto aparece en tres escrituras distintas: el texto superior en jeroglíficos egipcios, la parte intermedia en escritura demótica y la inferior en griego antiguo.

 

Por casi dos mil años el único texto en circulación fue la Biblia. Nadie podía pensar que era una gota en un océano de textos ignorados. Las investigaciones de sociedades bíblicas fundadas por grupos protestantes en América y Europa nunca fueron para descubrir otros textos, sino para buscar aquellos que ratificaran la Biblia, los otros eran dejados de lado o simplemente destruidos. 

Fueron estudiosos alemanes que comenzaron con la critica literaria de la Biblia, poniendo en duda muchos aspectos mitológicos. La versión King James sostenía que la edad de la tierra comenzó 4004 años antes de Cristo. Cuando fueron publicados estudios geológicos (Charles Lyell: Principios de Geología, 1830-33), llevando la antigüedad de la tierra a millones de años, pensar que la creación del mundo aconteció en una semana, comenzando en el 4004 ante de Cristo carecía de sentido. El mito del diluvio universal, con pequeñas variaciones, formaba parte de diversos textos la literatura del sumérica-mesopotámica. Zona que incluye dos grandes ríos que, con exceso de lluvia, el desbordarse producían extensos campos de agua y por bastante tiempo.

La tesis por la cual Héctor Avalos propone la finalización de los estudios bíblicos sostiene:

 

Modernos estudios académicos demostraron que la biblia es el producto de culturas cuyos valores y creencias acerca del origen, la naturaleza, y propósito de nuestro mundo no son tenidos como relevantes, incluso para la mayoría de los cristianos y judíos. (The End of Biblical Studies, Prometheus Bools, Amherst, New York, 2007).

 

¿Qué valor (moral o legal) tiene hoy el relato de Moisés mirando a derecha e izquierda y al no ver a nadie mató a un egipcio que estaba castigando a un hebreo y lo entierra en la arena? (Éxodo 2:11-12) Hoy día se consideraría un asesinato intencional, sin atenuantes, con posible pena de muerte en la silla eléctrica. O el gran rey David que manda traer a sus habitaciones a Betsabé, a quien embaraza, y para tapar el adulterio, mandó matar a Urías, el esposo, (Samuel 11:1 a 12: 25) ¿qué gran ejemplo moral es para nuestros días? Fue la fuerza de los profetas a favor o en contra del pueblo que modeló en cierta forma el carácter judaico. Los profetas representan una fuerza moral de enfrentar a los poderosos en nombre de un principio superior. 

 

Con respecto al Nuevo Testamento el escritor Corrado Augias pregunta al profesor emérito de la Universidad de Torino, Giovanni Savorano: “Del punto de vista histórico y material de su redacción, ¿qué son los Evangelios? ¿Quién los escribió? ¿Cuándo? Repuesta:  

 

Estamos en Italia, si nos encontraríamos en otro país la respuesta que estoy por darle sería distinta. Italia es un país católico. Roma es la sede del papado, los Evangelios son inevitablemente condicionados de esta presencia siendo textos que en cierto modo fueron fijados por la Iglesia católica como textos sagrados, o sea divinamente inspirados!

 

Me contaba un profesor de traducción que si alguien viera los textos originales de la Biblia se sorprendería notablemente, son realmente crudos. Fueron las sucesivas traducciones a través de los siglos que embellecieron con nuevos términos y significados alternativos, para hacerlos aceptables a las expresiones de la época, hasta el día de hoy.  Sin olvidar que los mensajes bíblicos eran exclusivamente para las tribus de Israel. Era necesario transformarlos en un mensaje universal aplicables a pueblos y continentes completamente distintos. Es una maravilla que un conjunto de tribus que casi todo el tiempo luchaban entre si, haya llegado a tal prominencia en el mundo. Sin duda la biblia o la Torah fue un ancla que los mantuvo unidos y más que ello fue la actitud de lectura, que dio origen a una cultura, relacionando la vida diaria con un libro.

 

Muchos conceptos están completamente en desacuerdo con las ideas establecidas hoy día, especialmente los relacionados con los derechos humanos y el cuidado del medioambiente. No resuenan en la conciencia colectiva.  Por lo tanto, el “multiplicarse” y “sojuzgar la tierra” (incluyendo plantas y animales) no son pocos los que consideran la causa de los problemas medioambientales de la humanidad. Son estos aspectos que por siglos eran inspirados, hoy son desgraciados. Los mensajes de profetas como Isaías de hacer el bien, ayudar a los oprimidos, ser justos con los huérfanos y ayudar a las viudas, pocas veces fueron llevados adelante plenamente. Ni siquiera entre las mismas tribus.

 

Ante la abrumadora cantidad de información desmintiendo la Biblia, los que creímos en ella ¿qué opción tenemos? El momento llega cuando debemos hacer frente al dilema de continuar con nuestras creencias o, la verdad que nos propone la ciencia. Cada persona debe decidir por sí misma.

 

 

En mi caso considero necesario un nuevo comienzo. Dios fue el producto de la imaginación creadora, como lo es para el arte y la ciencia. Fue el intento de dar significado a la existencia y sus misterios, como la misma realidad que envolvía a los sapiens trascendía su vida a eso que trascendía lo llamaron Dios, aunque el chino Lao Tsè lo llamó “Tao”. En cada época no solo religiosos pero filósofos y científicos dieron respuestas a lo trascendente. En esta época en que la ciencia ha dado respuesta a muchos misterios no podemos volver a lo mismo. Digamos que la respuesta metafísica a lo trascendente nunca satisfizo completamente. Por ello el judaísmo prohibía nombrar el sagrado nombre de la deidad, y en el islam no se pueden hacer representaciones del mismo. Esto es para dejar en claro que la idea de Dios escapa a definiciones o visiones comunes materiales.

 

La segunda parte de todo texto es cuando el lector convierte la obra en algo propio con su interpretación, con la unción con que la lee y la emoción que trasmite. Es el lector que con su intencionalidad puede convertir el texto en algo profano o en algo sagrado. La Biblia seguirá siendo un libro interesante pero no más sagrado, ni verás.

 

Volvemos al inicio, al período pre-religioso, pero no podemos andar a la deriva ni volver al animismo, o sea encontrar el espíritu en cada piedra, en cada árbol, o el los ríos, o en cada animal salvaje. El espíritu o lo encontramos en nosotros mismos o no lo hallaremos en ninguna parte. Debemos hallar en nuestra conciencia la raíz de lo esencial, lo sagrado del espíritu vital fuente de armonía y bienestar. El principio de la existencia en el cual fundar nuestras experiencias. Tampoco debemos caer en la idea de formar una religión con cada experiencia sea de un personaje importante o no. Cada ser es su propia religión con la cual cumplirá su propio destino.

 

Todos en algún momento hemos tenido alguna sensación o experiencia de lo inefable, de una presencia que no sabemos de qué se trata. En mi caso yo tuve tres. Una de ellas fue tan hermosa que la experimente varios días. Y luego el recuerdo por meses en estado de aleluya, en éxtasis sutil y profundo: fue sentirme parte de todo el universo y todo el universo era mi ser. Podía tocar cada estrella recorrer cada planeta y sus satélites. No había parte del cosmos que no fuera parte de mi. Todo era hermoso y armonioso. Creo que como muchas de las experiencias espirituales fue intransferible. ¿Cómo se hace pare trasferir lo infinito, lo eterno, lo incomunicable que nos eleva y trasforma? Lo más preciso es la música del silencio.

 

Otra experiencia fue una sanación del vitíligo que en esa época (trabajaba en la fábrica de automóviles Chrysler) era incurable. Ante la adversidad, mantuve la seguridad del espíritu omnipotente en nosotros que podía transformarme, si una circunstancia me había producido una enfermedad, el espíritu (como principio de mi existencia) me podía rehacer de nuevo, pues la existencia posee el amor, el elemento que une las partes opuestas para redimir y bendecir. Todo está en nuestro ser desde el mismo origen, si algo existe es porque posee los elementos de armonía que lo hace existir.  Como dije: cada ser es su propia religión de comportamiento puro, un comportamiento incontaminado, un alma limpia, una mente sana, con la cual cada ser cumplirá su propio destino. Nada relevante está allá afuera, todo está en nuestro ser, nuestro infinito ser aquí.

©Pietro Grieco / Agosto 4/2022

 

 

Bibliografía:

 

Karen Armstrong, A History of God, Ballantine Books, New York, 1994

 

Avalos, Hector. The End of Biblical Studies, Prometheus Books, Amherst, New York, 2007.

 

Corrado Augias, Giovanni Filoramo, Il Grande Romanzo Dei Vangeli, Giulio Einaudi s,p.a. Torino, 2021.

 

John B. Gaber, Charles B. Wheeler, Anthony D. York, “The Bible as Literature, An Introduction” Oxford University Press, New York, 2000.

 

La Bibbia di Gerusalemme, Centro Editoriale Dehoniano, Bologna/Trento, 2020.

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