Mostrando entradas con la etiqueta Buda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Buda. Mostrar todas las entradas

3 de abril de 2020

PLAN ESPIRITUAL PARA PANDEMIA del CORONAVIRUS


Podemos comenzar cada día con una meditación, respirando profundamente con un ritmo de descansos sosteniendo el aliento. Luego orar o utilizar algún mantra u afirmación que nos mantenga en armonía durante el día. Comenzar nuestras actividades con paz, bondad y compasión para con nosotros y los que nos rodean es un gozo. Salgamos al mundo con una sonrisa en el alma. 

El problema central de una pandemia es el contagio. Sin contagio no hay enfermedad. Podemos evitarlo con algunos cambios simples. Años atrás en California llegó a casa de visita una joven estudiante coreana. Como siempre abrí mis brazos para darle la bienvenida. La joven se quedó petrificada. La pregunté qué sucedía. Tartamudeando me dijo: “Mi padre nunca me abrazó.” De inmediato comprendí que debía cambiar. Situaciones nuevas nos empujan a nuevas actitudes. La pandemia del coronavirus  produjo diez veces más muertos en Italia, España y otros países latinos, respecto a países asiáticos como Japón y Corea. ¿No deberíamos cambiar? 


Arland Gilbert dijo: «Cuando aceptamos trabajos difíciles como un desafío a nuestra capacidad y nos metemos en ellos con alegría y entusiasmo, los milagros suceden». Cada persona puede sentir la inspiración del saludo que supere la distancia de dos metros. «Sean una luz ante ustedes mismos», dijo Buda. Permitamos que la luz de Krishna o Cristo ilumine y abra el camino.  La primera condición ante la pandemia es mantenernos sanos y ayudar a otros a estar sanos. Tener compasión y empatía para los necesitados y ayudar con procedimientos sanos. No dejarse influir por falsos conceptos. No es la edad la que determina cómo afectara el virus. En California murió una joven madre de 41 años, pero se sanó un veterano de guerra de 103 años. No son los años los que se enferman o sanan. Son las condiciones espirituales, mentales y físicas de las personas que determinan los efectos. 


Es claro que si nos amargamos con las noticias, los comentarios de cómo avanza la pandemia país por país, de los muertos y las posibilidades médicas informándonos que no saben por qué algunos se sanan y otros no. Se puede  pasar por momentos de angustia, de recelo o simple inseguridad. Seremos exitosos si podemos mantener la calma y estar centrados en nuestra conciencia espiritual.

 En la medida en que nos mantengamos firmes con un pensamiento elevado ningún virus o bacteria podrá tocarnos, el escudo del Espíritu nos protegerá. Como pensadores espirituales podemos hacer la diferencia dando a nuestro prójimo paz en la adversidad. No seremos una hoja en la tormenta, sino una montaña que se eleva serena y hermosa en el horizonte de los acontecimientos.

    


Recuerdo una experiencia del director de personal del hospital de Escondido, California. Él observó que ciertos días cuando visitaban el hospital monjes budistas, el nivel de nerviosismo, de ansiedad, de frenesí, se reducía y nacía una calma de la nada. Por lo tanto organizó con el director del monasterio cercano una reunión, sobre técnicas de meditación de todo un día sábado, para  el personal, en especial médicos y enfermeras. También asistieron estudiantes de enfermería de la Universidad de California. Al final de la reunión, una enfermera preguntó qué hacer cuando ya no hay fuerzas para caminar, meditar ni orar. La respuesta fue: Acuéstese en el piso, con los brazos abiertos, cierre los ojos y por veinte minutos respire, solamente respire armoniosamente.
 

En los puntos álgidos de una crisis, podemos suavizar la tensión y ser un faro en medio de la oscuridad. 

Podemos con calma ofrecer a otros una palabra de consuelo y firmeza. 

 Un pensador espiritual aplaca los temores y se fortalecen con la adversidad. Benjamin Disraeli dijo: «No hay mejor educación que la adversidad». La adversidad nos enseña a ser fuertes. 

Permanecer con la cabeza alta y el corazón puro hace la diferencia. 

 Esto demanda limpieza mental. Thomas Merton dijo: «La mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que abarrota nuestra mente y enferma la vida política y social». Limpiar nuestras mentes y purificar nuestros corazones embellece y trae sanidad. Recordemos, la sabiduría es superior a la inteligencia.

 Einstein dijo: «Los intelectuales solucionan problemas, los genios los evitan».


Es en los momentos más oscuros cuando llegan intuiciones geniales. En sintonía con el Espíritu, nuestra mente se orienta a la prevención de problemas, a evitarlos y dar soluciones inteligentes.  
Aun cuando no podemos predecir los resultados de nuestras acciones, nuestra ética es hacer siempre lo mejor. Confiamos en que todas las cosas cooperan para el bien de aquellos que aman el Bien. Reacciones intempestivas pueden producir problemas peores. Mantener la calma es una acción sabia. Tampoco es bueno castigarse pensando en lo que se podría haber hecho. 
Perdonarnos a nosotros mismos y a los demás por malas acciones sana el alma y restaura nuestra armonía. Pues el perdón es superior a la culpa.          
 
Las crisis engendran muchas soluciones. Debemos desligarnos de pensamientos de temor, practicar el desapego y, desde una conciencia superior, afirmar: No soy un cuerpo, ni una mente preocupada. Manifiesto el poder del Espíritu, voy a ser bendecido. 
Podemos ayudarnos y ayudar a otros si hacemos la diferencia al ser una presencia luminosa. Llevar paz, sanidad y amor al mundo es nuestro derecho inalienable.

©Pietro Grieco

  Este texto es una adaptación de   Sintonía con el Ser, pág. 331, de Pietro Grieco, Caligrama, Barcelona, 2019. 

 

30 de octubre de 2019

PLAN ESPIRITUAL PARA TIEMPOS DE CRISIS

      
      Cuando recibimos una alerta ante la llegada de un tornado, un terremoto, un huracán, incendio o tsunami es sabio, tomar algunas medidas para nuestra seguridad. De igual manera cuando enfrentamos una crisis social, política o financiera debemos buscar un refugio elevado y seguro. Luego de tomar las precauciones posibles, debemos mantenernos firmes y pasar por la emergencia. El éxito dependerá del estado de conciencia que podamos sostener, nuestra habilidad para mantener la calma y el estar centrados en nuestra divinidad.  
  
Ser una presencia luminosa hace la diferencia


Ante una situación sombría que causa 
temor, nosotros podemos hacer la diferencia; en cualquier crisis tenemos el derecho espiritual de ser luminosos. “Las cosas mejores y más hermosas de este mundo no pueden ser vistas ni escuchadas, deben sentirse en el corazón,” dijo Helen Keller, quien siendo ciega y sorda hizo la diferencia. Espiritualmente nunca somos discapacitados siempre somos luminosos. Al ser uno con la sabiduría infinita somos ricos y completos. En el punto decisivo de la crisis podemos suavizar la tensión y ser el faro de inflexión en medio de la noche irradiando desde nuestra divinidad la dulce Presencia.




Mantener la calma y ofrecer a otros una mano de paz





Uno puede hacer la diferencia en medio de una tormenta. Es loable mantener la calma y dar a otros una mano. Ser una roca de refugio y salvación para aquéllos que lo necesitan. Esto puede ser hecho reemplazando el enojo y la frustración con la paz, no la paz de un mundo turbulento sino la paz que viene de la Fuente divina. Éste fue el mensaje de Jesús y de muchos otros profetas. Estando en paz irradiamos paz: esto hace la diferencia.



Hacemos la diferencia estando centrados


Las crisis pueden hacernos girar como un trompo con argumentos mentales negativos persiguiéndonos día y noche. Podemos hacer la diferencia estando centrados en la fuerte y firme dimensión Espiritual: nuestro silencio divino. No seremos una hoja en el viento sino una montaña elevándose serena y hermosa en el horizonte de los acontecimientos. Permaneciendo firmes y serenos, expresaremos la alegría y sabiduría de Dios.


Los valores metafísicos son incólumes y con ellos nos mantendremos firmes


Uno o una pude hacer la diferencia si comprende que sus valores reales son espirituales e intactos frente a crisis financieras, sociales y cualquier otra crisis. Verdad, amor, compasión, amistad, cuidado e integridad, no disminuyen por las fuerzas del mercado, sino que se fortalecen con la adversidad. Es por eso que Benjamin Disraeli dijo, “No hay mejor educación que la adversidad.” La adversidad nos enseña a ser fuertes desde nuestro espíritu interior, desde el espíritu del Omnipotente.



Permanecer con la cabeza alta y el corazón puro hace la diferencia.



Podemos hacer nuestro aporte si en medio del caos permanecemos con la cabeza alta y el corazón puro. Esto demanda que continuamente limpiemos nuestra alma. Thomas Merton dijo: “La mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que abarrotan nuestra mente y enferman la vida política y social.” Limpiar nuestras mentes y purificar nuestros corazones ilumina nuestro ser y trae curación y purificación a toda circunstancia.


Tú puedes hacer la diferencia: Nunca aceptes tener miedo ni transmitir temor


En medio de una tormenta, una enfermedad, un incendio o cualquier crisis nunca hay que hacer pronósticos temerosos ni construir sobre ellos. Orison Swett Marden dijo, “Los obstáculos son como animales salvajes. Son cobardes, pero, si pueden, tratan de intimidar; mas si los miras firmemente a los ojos, van a desaparecer de tu vista.”  Hay que enfrentar el temor con coraje. Situados en una posición dominante es posible pensar en forma clara y precisa. El Omnipresente es la fuente de nuestro coraje y el Omnipotente es la fortaleza de nuestra vida. 


Hacer frente a los problemas con soluciones


Fue durante la peor parte de la Segunda Guerra Mundial que Winston Churchill exigió a sus colaboradores que no perdieran tiempo explicándole los problemas, pues decía “Los problemas hablan por sí mismos.”  Les pedía que fueran con las soluciones. Es bueno recordar lo que Einstein dijo, “Los intelectuales solucionan problemas, los genios los evitan.” La Mente Divina es una fuente de revelaciones. En sintonía con el Espíritu, nuestras mentes se orientan a la prevención de problemas y a las soluciones inteligentes que hacen la diferencia.


Confiamos haciendo lo bueno. Nuestra confianza inspirará a otros


Aun cuando no podemos predecir los resultados de nuestras acciones, nuestra ética es hacer siempre lo mejor que podamos. Confiamos en que todas las cosas cooperan para bien a aquellos que aman el Bien. Si una reacción significa enterrarse en problemas peores, una inacción calma puede ser una acción sabia. “El que persevere hasta el fin, éste será salvo” dice Mateo (10: 22). Nuestra voluntad es fortaleza en paz. Nuestra posición es una amorosa confianza.


El perdón es superior a la culpa


Cuando condenamos a otros, nos condenamos a nosotros mismos, pues todos somos uno. No es fructífero castigarse pensando en lo que se podría haberse hecho. Perdonarnos a nosotros mismos y a los demás por la ignorancia, las malas acciones, la avaricia, la ambición desmedida, la manipulación o cosas semejantes, sanan el alma y restauran nuestra armonía. Como el hijo pródigo dejamos de mirar hacia abajo y elevamos nuestra mente hacia el cielo. Las soluciones vienen de lo alto; la armonía provee bienestar constante. Los brazos del Amor Divino están siempre abiertos, perdonándonos antes de pedir perdón.


No miremos a la crisis con pánico sino como a un punto de cambio en la vida


Crisis es una palabra asociada con catástrofes, calamidades, emergencias, dolor y sufrimiento. Para que se produzca una crisis previamente se requiere que una suma de fuerzas genere una situación inestable. Por ello la parte positiva de una crisis consiste en reordenar el balance de fuerzas y producir un equilibrio más estable. Hay que aprender a utilizar esas fuerzas para transformar la situación presente en una mejor. El progreso demanda transformación y la crisis es una oportunidad. Buda sostuvo que lo único permanente es el cambio. Al abrazar el cambio en forma positiva abrazamos la imparable evolución de la vida.


La amistad se cotiza en nuestro corazón, no en el mercado de capitales


Valoremos nuestro corazón y nutrámoslo, estemos con amigos alegres y gozosos, riamos seguido, abracemos a alguien y recibamos abrazos seguidos. Ellos son más preciosos que el oro y la plata, son gratis y no dejan con deudas que impiden dormir. Comprendamos que el Amigo Misericordioso es más cercano que nuestro propio aliento. El tierno cuidado del Amor irreprensible está más allá de nuestra racionalidad.


No tomar los problemas en forma personal


Los problemas impersonales ya son una carga suficiente. Es mejor no encadenarse a ellos como si fueran propios. No somos los únicos con problemas, otras personas están sufriendo también y posiblemente peor, por lo tanto, no hay que imponerse el peso de una tristeza innecesaria. En vez de cargar una cruz, llevemos la mente liviana y el corazón alegre.


Mantener la paz y actuar desde nuestro Ser Superior


Arland Gilbert dijo que, “Cuando aceptamos trabajos difíciles como un desafío a nuestra capacidad y nos metemos en ellos con alegría y entusiasmo, los milagros suceden.” Es bueno tomar toda la información de las mejores fuentes a las que podemos acceder, pero dejemos a la Presencia Divina guiar nuestras decisiones. “Sean una luz ante ustedes mismos” dijo Buda. Permitamos a la luz de Krishna o Cristo que ilumine y abra el camino.


El Amor provee abundantemente y su valor está siempre en aumento


Para ser genuinos debemos saber amarnos a nosotros mismos como amamos a nuestro prójimo. Esto indica que primero tenemos que amar generosamente a nuestro prójimo o de otra forma la regla de oro no funciona. Estar activos en el Amor energiza nuestras conexiones y multiplica nuestras fuerzas. 


Una crisis es un sueño del que hay que despertar


Una crisis es una pesadilla, semejante al buen sueño que las inversiones van a crecer hasta el cielo. ¿No es una fantasía creer que la gente puede hacerse rica no haciendo nada? Cuando admitimos un sueño de placer abrimos la puerta a los sueños de sufrimiento. Recuerdo la historia de una niña que estaba soñando con un dragón que la atormentaba. Ella decidió correr, pero el dragón comenzó a perseguirla. Cuando las lenguas de fuego estaban muy cerca, decidió correr mucho más rápido, pero tropezó con una piedra y cayó. El dragón la tomó entre sus garras y la llevó a su boca. Temblando, ella le preguntó: “¿Me vas a comer?” El dragón le respondió: “¡Yo no sé, es tu sueño y tú puedes soñar lo que quieras!”  Mirando a lo que llamamos realidad con los ojos Divinos, podemos reírnos de nuestros sueños y pesadillas. La risa es un antídoto contra los dragones de las crisis.


Bendecidos por la crisis


Las crisis son como los terremotos que sacuden nuestra zona confortable; nos urgen a movernos y evitar estancarnos. Sufrimos si sentimos girar la crisis a nuestro alrededor, con el peligro de despedirnos como a una tromba. Debemos desligarnos de la conciencia de crisis. Hay que practicar el desapego y desde una perspectiva superior contemplarse a uno/a mismo: “Oh, allí estoy, confundido/a y preocupado/a por lo que puede pasar.” Para afirmar: “No soy ese cuerpo sufriente, ni una mente preocupada. Soy el Espíritu de poder y la conciencia de dominio y claridad. Voy a tomar las decisiones correctas y no voy a permitir que la crisis decida por mí. Yo voy a ser bendecido/a.” 


Podemos hacer la diferencia afirmando:

                                    
No aceptaré tener miedo ni trasmitir temor.

                                    Haré frente a los problemas con soluciones.

                                    Tendré confianza e inspiraré confianza a los demás.

                                    Reconozco que el perdón es superior a la culpa.


No miraré a la crisis con pánico sino como un punto de inflexión en la vida.

Valoro la amistad como un bien muy valioso.

No tomaré los problemas en forma personal.

Mantendré la paz y actuaré desde la Divinidad en mí.

Aceptaré la provisión abundante del Amor siempre en aumento.

Reconozco a las crisis como un sueño del que hay que despertar fortalecidos.

La crisis será una bendición.



 

Sintonía 62-©Pietro Grieco











5 de mayo de 2016

CUANDO SIDDHARTA SE TRANSFORMÓ EN BUDA


Cuando Siddhartha se transformó en Buda

Siddhartha tocó tierra, se convirtió en Buda y la Tierra en Verdad.
Muchos individuos deseosos de ser iluminados, o sea budas, andan con sus anhelos celestiales leyendo todo tipo de textos, yendo a diversidad de encuentros, conferencias, retiros, centros de meditación, lugares de silencio, como de prácticas esotéricas. La pregunta es ¿por qué andan perdidos por la estratósfera de nubes rosadas y no hacen lo que transformó a Siddhartha Gautama en Buda, o sea dejarse de dar vueltas y tocar tierra?
El príncipe Siddhartha se hallaba en un momento crucial de su jornada espiritual. (Recordemos algunas de sus inquietudes: ¿Por qué hay pobres? ¿Por qué la gente enferma? ¿Por qué la gente envejece? ¿Por qué se muere? ¿Cómo se puede estar en paz en medio de las discordias?). Después de años de búsqueda infructuosa, que además, por poco lo conduce a la muerte, decidió sentarse bajo una higuera y enfrentarse con su propia mente. Con la quietud salieron a la superficie las tentaciones que cerraban su transformación. Esas tentaciones de riquezas, poder, distracciones, apatía, enojos, entretenimientos, como los placeres de la carne eran los demonios que obstruían su avance. Psicológicamente pueden expresarse en tres grupos: los deseos, los temores y las opiniones. Nosotros podemos preguntarnos: ¿qué deseos me atrapan? ¿Qué temores me impiden avanzar? Y, ¿Qué opiniones de mi mente no me dejan pensar de otra manera más libre?
Allí, bajo una higuera de la India, cuando fue abrumado por la belleza de las hijas de Mara, él hizo algo inusual: en vez de ir tras ellas, ¡tocó la tierra! Diríamos “hizo tierra” y entonces: “Eureka”. En ese instante Mara, el dios de las tentaciones, desapareció. Se desvaneció como si nunca hubiera existido. ¿Por qué? Mara, también es conocido como el Señor de los Sentidos y el Dios de la Muerte, lo cual es lógico pues son los sentidos que llevan a la muerte. Los sentidos nunca se satisfacen. Son insaciables,  siempre piden más, creando conflictos, penas y sufrimientos. Es la emancipación de los deseos que conduce a la liberación.
La Madre Tierra honrada y adorada, con distintos nombres, como una diosa en todo el planeta, fue receptiva y como una madre bondadosa, absorbió la energía negativa de esas tentaciones emocionales, físicas y mentales, dejando libre a Siddhartha. Las tentaciones no estaban afuera, estaban en su propia mente. Por ello el trabajo de salvación depende de uno mismo. Él cambió su mente, renovó su conciencia y fue un nuevo ser. Dejó de ser manipulado por su peor enemigo: ¡su propia mente!, y retornó a su ser incontaminado. Solo cuando dominamos nuestra mente dominamos la realidad. De esa forma devenimos en lo que pensamos.
Espiritualmente la tierra representa la Gran Madre de todas las formas que el mundo material puede producir, incluso formas humanas, formas animales, vegetales, minerales, sean rocas, árboles, o flores. Algunas culturas conectan con Dios a través de la Tierra, como la Pachamama en la cultura precolombina, la diosa de los habitantes de Sud América, a la que cada año las comunidades andinas le ofrecen el tributo de los primeros frutos de la temporada. Así como una expresión judaica dice que se encuentra a Dios en el rostro de las personas a nuestro alrededor, de igual manera los nativos de América veían al Gran Espíritu en cada piedra, en cada árbol, en cada animal. Porque Dios es Todo en Todo. El principio de lo existente es en todas las cosas.
Cuando conectamos con la tierra nos conectamos con nuestra fuerza básica, sobre la cual nos apoyamos, movemos y fortalecemos. Es la fuerza de la naturaleza que renueva nuestro ser. Los nativos americanos podían ver al Gran Espíritu en cada amanecer dando luz y en cada lago una sonrisa. Al contemplar más allá de la piel de extensos campos de arroz, maíz, girasol, colza o trigo comprendemos cómo nuestra existencia depende de la Madre Tierra. Adicionalmente nos da la belleza de las flores del campo, con la variedad de colores, tonos y perfumes, que nos permite trabajar en belleza; caminar en belleza y vivir en belleza.
La tierra puede recibir el impacto de meteoritos, descarga de rayos, ser sacudida por truenos, recibir la lluvia sin inmutarse, y limpiar los cielos de electricidad estática. A través de esa capacidad receptiva, restablece el balance energético, la armonía en la atmósfera y el bienestar a todos los seres. La tierra no es un montón de rocas, desiertos, montañas, ríos y mares. La tierra es sistema de vida, la manifestación de un Principio Creador que algunos llaman Dios. La Tierra fue bendecida y ha sido considerada sagrada por casi todas las civilizaciones.
Cuando Buda tocó el suelo, la Madre Tierra le hizo descargar las tensiones de los fracasos y frustraciones contenidas, así como las dudas sobre su jornada; lo liberó de las formas negativas que aun poblaban su mente. Esas formas de tentaciones (como se manifestarían en Jesús unos cinco siglos después) eran los obstáculos reales  para su percepción de la realidad espiritual. Esas formas son el producto de los sueños de la mente inmersa en la concepción fantasiosa y animal de la vida. Psicológicamente descargó sus deseos, sus temores y fundamentalmente sus opiniones o paradigmas mentales. Cuando su mente quedó limpia despertó a la realidad tal cual es.
Gandhi tuvo que enfrentarse con ellas también. Muchos de nosotros estamos hipnotizados por esas formas (expresadas en imágenes, aromas, melodías, acciones, etc.). Cuando las vemos, en vez de enfrentarlas, les damos entradas y se convierten en troyanos, que, en el mejor de los casos, esquivamos lo mejor que podemos. Satyagraha fue el nombre del procedimiento de purificación y fortalecimiento que empleó Gandhi y recomendó a sus seguidores para aplicar la no-violencia y poder alcanzar la independencia de la India. Satyagraha consistía en desarrollar el dominio sobre las ataduras a los deseos mentales y físicos. Únicamente luego de alcanzar ese dominio sobre la propia mente, se podía ir a enfrentar los demás problemas sociales, y ser vencedores. Hasta tanto sus seguidores no lograron ese dominio, él decidió no ir adelante con su movimiento de resistencia pacífica y no-violenta. O sea, para vencer la violencia externa primero hay que vencer la violencia interna. Lo mismo sucede con todos nosotros, si no vencemos nuestra violencia interna, no triunfaremos sobre las violencias externas. ¡Tenemos que ser éticamente honestos con nosotros mismos!
Tenemos que tener el coraje, como Siddhartha, Gandhi o Nelson Mandela y plantarnos en el centro de nuestro propio ser para eliminar nuestras oscuridades y para encender nuestra propia iluminación: ¡tocar la tierra! ¡Descargar las tensiones negativas a tierra! ¡Hacer tierra! Es el coraje de enfocarnos con un claro sentido de realidad, detener las ilusiones y fantasías. Detener la mente de su constante extravío. Entre la conciencia y la natural realidad, la mente es el agente de obstrucción y de confusión. Tener el coraje de plantarnos en nuestro centro, nuestro ser concreto.. La Tierra, círculo infinito, representa el sustento ilimitado del ser, para despertar a nuestra identidad búdica incontaminada de las formas culturales impuestas por el medioambiente donde se nace, se crece y educa: los prejuicios, las creencias, las tradiciones, los antiguos paradigmas.
En el momento de enterrar la punta de los dedos en tierra, eliminamos deseos, temores y opiniones. Es un momento de puro mindfulness, cuando la conciencia limpia se abre y abraza el universo tal cual es. Contemplar el universo sin deseos, sin opiniones ni temores, es ver el universo por primera vez. Es el momento del despertar a la budidad o pureza espiritual en nosotros. Como Jesús despertó al Cristo en él, luego de sufrir similares tentaciones en el desierto, y ser él el Cristo, el ser espiritual perfecto y eterno: el ser que mantuvo su unidad centrada en el Espíritu, pese a las turbulencias y sufrimientos externos.
La parábola bíblica del hijo pródigo enseña que luego de muchas vueltas y sufrimientos, él levantó sus ojos al cielo, o a la realidad divina, vio que era el hijo bien amado del Amor. No tuvo que seguir buscando la verdad, sino dejar de persistir en su error y ver. Despertó a su realidad divina, el ser espiritual amado, puro y perfecto.
Cuando Siddharta tocó la tierra se transformó y se convirtió en Buda. Cuando le preguntaron quién era dijo que era un despierto. ¿Alguien quiere despertar?
©2016 Pietro Grieco

14 de diciembre de 2014

¿QUIEN DETERMINA NUESTRO DESTINO?


                                    Parte III  El Enfoque Espiritual

¿Cuál es nuestro destino espiritual? Parecería que el mundo es nuestro destino, pero…  tan solo es uno transitorio. Por ello Jesús dijo a los fariseos: “Yo soy de arriba… Yo no soy de este mundo” (Juan 8: 23). El destino espiritual es intemporal y trasciende el mundo, por lo tanto consiste en vivir y experimentar la existencia que trasciende a lo corporal y material.

 El enfoque espiritual es paradójico: no hay que ir a ninguna parte, se halla en el mismo ser. Corresponde a la experiencia interior conectada a espacios del corazón que otorgan sentido y propósito a la vida. La espiritualidad brinda la percepción de pertenecer a una vastedad más allá de nuestro ego, que conecta y relaciona al ser en forma armoniosa con todo lo existente.

No consiste en alcanzar como resultado alguna meta lejana, pues como bellamente lo expresó Shunryu Suzuki: “El resultado no es el punto; es el esfuerzo para mejorarnos a nosotros mismos lo que es valioso. Para esta práctica no hay fin”. Este esfuerzo lo vemos en sus frutos, al manifestar sabiduría, armonía, no-violencia, compasión, paz y, fundamentalmente, felicidad y alegría.

El logro del destino espiritual asemeja al esfuerzo de ascender a una montaña.

Tomamos la determinación de llegar al cielo con entusiasmo, pero a medida que subimos, nos damos cuenta de las  cosas que debemos abandonar. No se puede ascender con una pesada bolsa sobre nuestras espaldas. Como el globo aerostático, para ascender hay que aprender a largar lastre. A ninguno de los místicos, profetas, y maestros espirituales, como grandes creadores y científicos les fue sencillo. Debieron esforzarse y persistir. Dejar atrás creencias antiguas a las que estaban apegados, deseos de placer, ambiciones de poder y otras pesadas cargas. Purificarse en sentimientos y pensamientos. Ser más leves. Más transparentes.

Cuando ascendemos parece que pronto llegaremos a la meta, pero son pequeñas mesetas, que dan un descanso. Muchos, satisfechos con el esfuerzo, quedan allí, listos para regresar. Los menos continúan. La ladera se hace más escarpada, hay menos árboles, hace más frío. Tras mucho esfuerzo llegan a un refugio. Un lugar para reponer fuerzas, superar las dudas, reafirmar el propósito y el sentido de la existencia. Las demandas son mayores. Nuevamente son muy pocos los que se determinan a seguir. La montaña se hace más hostil.

El frío aumenta y la nieve es un gran obstáculo. ¿Se justifica seguir? Ya la ambición no alcanza, la voluntad flaquea. Sólo continúa quien es impulsado por un fuego interior, una fuerza inexplicable.

De allí en más, llegar a la meta semeja caminar sobre una cuerda tendida sobre el abismo. Es para muy, muy pocos. Es para los que se mantienen concentrados, en equilibrio, conscientes y despiertos. Finalmente se llega a la cima. Se contempla los 360 grados del vasto universo, se conoce toda la verdad. ¿Qué verdad y qué universo? Pues la verdad y el universo del propio ser. El ser que fue, que es y que será. El ser que está unido con el todo. El ser que es un holograma conteniendo la totalidad en unidad. Reconocerse como el Cristo, “Yo y el Padre, el Ser Infinito, somos Uno”. En ese momento ¿qué queda por hacer? El ser se enfrenta con la ascensión, el Nirvana,  o el regreso.

Si se  regresa es para ayudar a otros. Ser igual a todos los demás, con la visión de que detrás de cada individuo hay una manifestación del infinito, que puede liberarse de sus cargas y limitaciones y vivir despierto a esa realidad. Desde el llano contempla la montaña.


Allí esta quieta y firme. Si estuvimos en la cima, somos la montaña. Ese es nuestro ser. Hace años una sanadora espiritual noruega me dijo: “El mundo necesita individuos firmes como una montaña y rectos como una espada”. La metafórica espada de la verdad que corta las ligaduras del ego, las pasiones y la ignorancia.

La ascensión en la dinámica del ser, la tuvieron los yoguis en montañas y bosques.



Cada vez que la elevación espiritual fue mediante aspectos materiales externos, condujo al fracaso. Por ejemplo, Buda en su búsqueda hasta bordear la muerte con el ascetismo extremo, fue un fracaso. Su destino espiritual lo halló cuando batalló internamente. Concentrado en su propia conciencia bajo un árbol, luchando contra las creencias perversas de la mente, hasta que tocó tierra, entonces alcanzó la revelación iluminada del ser. A su vez los profetas como Elías y Eliseo hallaron su destino espiritual en el desierto. También Jesús, para hallar su destino espiritual, tuvo su lucha en el desierto. Se dice que su concentración duró 40 días y 40 noches, luchando contra las perversidades en su propia mente. 

La espiritualidad destina al individuo hacía las capacidades más elevadas del ser: la visión, la sabiduría, la creatividad, la calma, la armonía, la imaginación, la bondad, la compasión y el amor incondicional, entre otras.  Es una oportunidad de amar, crear arte y felicidad, desarrollar actividades que expandan nuestros talentos de ser, de experimentar lo inefable en un deporte, en la meditación sentada o en movimiento, o en nuestras actividades diarias de servir con amor.

El enfoque espiritual, permite —estando en el mundo—, vivir nuestra verdadera identidad. La que muchas veces se halla oculta bajo las capas de ambiciones, materialidad, sufrimientos, egoísmos, aferramientos, deseos, y  creencias diversas. Por ello todo camino espiritual comienza con la purificación de nuestra mente y corazón. Una consciencia purificada abre el camino de crecimiento para que nuestro ser bello y puro, el auténtico y sin mancha, el iluminado y despierto del que hablan místicos, maestros y profetas sea una realidad. 

La perspectiva espiritual permite vivir desde una dimensión intemporal, independiente del soporte material, desde el ser-acá como pura conciencia,  en vez del ser-ahí, en el mundo. Vivir fuera del tiempo hace que la conciencia nos renueve. Por ello internamente no importa la edad nos sentimos siempre jóvenes. La elevación de la conciencia hace que la humanidad se encamine a la búsqueda de condiciones que eliminen el envejecimiento, y hagan que el cuerpo se corresponda con la conciencia espiritual

Desde antiguo el hinduismo aseguraba al individuo, mediante el libre albedrío, la posibilidad de crear su propio destino. Lógicamente el mismo estaría influido por la ley moral del karma, de causa y efecto de cada acto. El budismo refuerza esta idea complementándola, en el proceso de morir, con la práctica de la imaginación lanzando la conciencia a una nueva dimensión donde el ser continúa su existencia.
El ser spiritual no solo determina su destino, también determina su circunstancia. Es dueño y señor de su ser. Esta convicción le permitió a Ralph Waldo Emerson adoptar con amplitud la doctrina espiritual. Reconoció que la medida espiritual de inspiración determina la profundidad del pensamiento, y nunca quién lo dijo. Por ello afirmó: “Tú piensas que soy una criatura de mi circunstancia: Yo produzco mi circunstancia.” (You think me the child of my circumstances: I make my circumstance “The Transcendentalist”). Para los pensadores trascendentes  lo sagrado no era la religión, sino la vida. Lo único sagrado era la integridad de la conciencia individual.

Hoy en día, el destino espiritual no requiere subirse a un tren o un avión, para ir a un desierto o la montaña más alta. No. No requiere  ir a ninguna parte, sino a la dimensión superior del mismo ser. El ser divino, el ser sagrado, el único ser de cada uno, el núcleo iluminado y espiritual que mencionó Jesús y demostraron profetas, yoguis, y místicos. Esta parte esencial  le pertenece a todos los seres. 

La pregunta es ¿cómo se logra? Mediante prácticas conocidas: la meditación, el silencio,  lecturas inspiradas, la soledad, el canto, la oración constante, el uso de mantras, el baile, la música, etc. Hoy día hay muchas opciones, parafraseando al Prof. Leo Buscaglia es posible elegir la alegría sobre la desesperación; la felicidad sobre las lágrimas; la acción sobre la apatía; el crecimiento sobre el estancamiento; es posible elegirse a uno mismo, elegir la vida. Es tiempo de reconocer que no estamos a merced de fuerzas mayores que uno. Nosotros somos verdaderamente la mayor fuerza para nosotros mismos. (Living, Loving and Learning). Únicamente si estamos descentrados y perdemos la órbita de nuestro verdadero ser, nuestro destino estará fuera de nuestras posibilidades.

El rabino Zalman Schachter, escribió en The First Step: “Nuestra intención es siempre libre. No existe nada que pueda obstruir nuestra intencionalidad. Incluso si el mundo entero nos coerciona dentro de sus esquemas, siempre podemos “intentar” lo que queremos”. Da un ejemplo muy interesante -pude demostrar algo similar-. Él sostiene que si nos hallamos bajo el torno del dentista, y sentimos el punzante dolor, podemos intentar hacer de este dolor un ofrecimiento de amor. Amor a Dios o a quien deseamos. En mi caso la solución era mantener mi mente fuera del dolor y concentrado en mi identidad espiritual. El espíritu no sufre y nuestro ser tampoco.       
Espiritualmente cada persona puede escoger el enfoque que le sirva para avanzar en la búsqueda del destino espiritual. En este sentido Sue Bender, para quien el diario vivir puede ser una experiencia sagrada, dijo:

La forma externa, la práctica, y la denominación pueden ser diferentes para cada uno de nosotros, pero en una forma profunda y todo-comprensiva yo creo que no estamos solos. Existe un espíritu, un poder superior —el universo—guiándonos, conduciéndonos a aquello que significa aprender, y a hacer: nuestro destino, nuestra contribución única a los demás (The Power of Small Things, in Handbook for the Spirit, New World Library, 2008).

Si estamos en sintonía con ese poder superior, el universo o el espíritu, ese poder nos guiará y dará el contexto correcto para un destino correcto.

La concepción del destino espiritual ofrece la libertad de, por lo menos, intentar morar en nuestra conciencia espiritual y, con ella, navegar hasta emerger en la vasta eternidad de la existencia.

©Pietro Grieco
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

ENTRADA DESTACADA

QUIEN MUERE Y NO PERECE ES ETERNO

La enseñanza final de TeeTee   La   última lección de TeeTee, mi maestra Zen, fue cómo morir con dignidad. Nada de llantos ni lamentos, ni m...

MINDFULNESS

Un momento de pura conciencia (pure mindfulness), es una hermosura. Es un hecho único. Se produce cuando la conciencia abraza toda la belleza del universo sin esfuerzo. Es un estado de gracia.

©Pietro Grieco

Powered By Blogger