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9 de noviembre de 2020

¡ATENCION! ¡ATENCION!

 

                  Un estudiante fue a consultar con su maestro Zen para que le escribiera un concepto sabio… El maestro escribió: “Atención”. El alumno preguntó “¿eso es todo?”. El maestro escribió: “Atención,” “Atención”. 

 El discípulo, un poco irritado, dijo que no veía nada de sabio en esa palabra. El maestro en silencio escribió: “Atención”, “Atención”, “Atención”. El alumno, frustrado volvió a consultar qué le había querido decir con la palabra “Atención”. El maestro respondió: “Atención” significa “Atención”. 


                                          

Nosotros como ese estudiante nos gustaría saber qué quiso decir su maestro, pero en el Budismo Zen, la enseñanza se realiza mediante los koans, frases que aparentemente no tienen sentido y cuya respuesta no puede llegar a través del razonamiento racional. Porque el objetivo es desestructurar la mente, para que utilice otro procedimiento, sea a través de la intuición, la oración, la meditación, la contemplación, el simple silencio o los sueños, con el objetivo de hallar una respuesta. 

William James (en su clásico Las Variedades de la Experiencia Religiosa) explica que la “facultad de atención es la capacidad de re-emprender una atención dispersa y vagabunda, que más de las veces es la raíz del juicio, del carácter y de la fuerza de voluntad.” Y agrega, “que una educación orientada a la perfección de esta facultad sería la educación de la excelencia.” Debo confesar que últimamente es más lo que vago que lo que pienso. 

El médico e investigador sobre la mente, Richard J. Davidson fue a realizar un retiro espiritual en la India; allí recibió una especie de descarga eléctrica y le vino que esa educación de la excelencia era la meditación. (La Meditación como cura, Capítulo 7, Daniel Coleman y Richard J. Davidson. Mondadori Libri S.p A, Milano 2019).  


Debo admitir que este concepto de Atención, atención, atención me viene muy bien pues últimamente estoy disperso. Influido por los medios de comunicación, mi pensamiento deambula del terrorismo a los  problemas políticos.

 La corrupción, la violencia, las verdades alternativas que circulan en internet, la pandemia sobre el Covid-19, mis problemas personales y, las medidas desconcertantes de los gobiernos que, dicen trabajar para la gente, pero la verdad (en la mayoría de los países) es que miran más a sus intereses de poder político y económico que a la salud de las personas. 

 Muchos de los problemas humanos provienen de no prestar atención a lo que nos sucede personalmente. No hacemos introspección. Estamos ciegos mirando lo que queremos ver, pero no lo que debemos observar y discernir.

 Einstein dijo: “Los intelectuales solucionan problemas, los sabios los evitan”. (Plan Espiritual en Tiempos de Crisis, Sintonía con el Ser, pág. 331/4, Edit. Caligrama, Barcelona, 2019).  Con la pandemia debemos evitar los problemas, y estar centrados en nuestro ser sabio y espiritual. No dejarnos desestabilizar por los problemas, porque las crisis no son un solo problema, sino una acumulación de pequeños problemas que pueden altear nuestra paz mental, producir temor y  pánico en algunos; pero como se ha observado desde la antigüedad, “crisis” significa un momento de cambio. 

 Hace décadas, los científicos observan que el aumento de la población requiere más alimentos, más casas y más minerales para la producción de bienes cada vez más sofisticados. Se requieren cambios para evitar la contaminación del agua y del aire; salvar especies de animales que desaparecen a diario; forestas y bosques que son arrasados para dedicarlos a la agricultura y la ganadería; lo que a su vez empuja a animales salvajes y sus virus, a merodear centros urbanos. Sabemos que abundan las soluciones políticas, faltan las sabias y permanentes.

 Un lugar donde se erradicó en forma permanente el virus es La isla de Pascua (Chile), pero se encuentra en medio del Océano Pacífico, sin muchas defensas y a miles de km de tierra continental. El primer contagio provino de un viajero de un vuelo. 

 Pronto se extendió, pero a mediados de abril se cortó la trasmisión. Ahora tiene cero casos.  El presidente del consejo de ancianos de la isla, Pedro Edmunds Paoa, explicó que, al llegar el primer infectado a la isla, en marzo de 2020, tenían pocos elementos, una población de más de 7000 personas, que recibe 100.000 turistas al año. 

 La isla de Pascua está en medio del Pacífico y depende de la ayuda de Chile y del turismo. Su decisión fue cerrar la isla. Parte de la población consideró que arruinaría la economía local, que depende del turismo. 

 Él encontró algo que uniría a la gente para derrotar al enemigo que era el virus. La solución fue aplicar la sagrada palabra Tapu (Que los ingleses tradujeron como “taboo”, y en castellano “tabú”). Dentro de la cultura polinesia Tapu, representa un orden sagrado para proteger la salud, la vida y a los ancianos. Forma parte de su antigua sabiduría. La misma es una forma de disciplina enraizada en la cultura polinesia que tiene que ver con las restricciones, pero también con el respeto.

 Vencido el virus, con la población cansada del encierro y sin trabajo, comprendió que debía buscar otra palabra-fuerza, para no volver al estado anterior. Debían cambiar y no depender del turismo ni las provisiones provenientes de Chile. En esta etapa utilizó la palabra “umanga”; que se refiere a la auto-sostenibilidad que ellos poseían antes de la llegada de los europeos. Debían volver a su cultura ancestral para nuevas soluciones. Debían cambiar el paradigma económico, pasar de la dependencia a la auto-sostenibilidad. Se crearon proyectos, dirigidos por mujeres, para producir alimentos y dar trabajo a quinientas personas, y a ese siguieron otros.

 El cambio de paradigma, basado en valores espirituales ancestrales, no solo significó vencer el virus sino vencer la apatía y la dependencia de Chile y los turistas. Paoa sostiene que el virus y la crisis pueden ser una bendición. Como líder por casi 30 años, está agradecido por la pandemia, pues le permitió establecer un plan de sustentabilidad y respeto por la naturaleza. Dijo: “Hasta el mes de marzo de 2020, teníamos una máscara cubriendo los ojos, y no podíamos ver”. Este ejemplo de la isla de Pascua nos permite tener esperanza. Podemos meditar estar atentos y discernir qué cambio de paradigma realizar, para transformar la pandemia en una bendición. Esto ratifica lo expresado en la Sintonía  "Plan Espiritual para tiempos de Crisis"

Con mis mejores deseos: Para una época de pandemia: Atención, Atención, abrir los ojos, y ver nuevos paradigmas.

Afectuosamente, Pietro

 

©Pietro Grieco


Ver artículo por Mark Johanson, del 26-10-2020, sobre “Tabú” y la eliminación del Covid-19).

1) http://www.bbc.com/travel/story/20201026-the-origin-of-the-word-taboo

Consultar tambien

2)Plan Espiritual para tiempos de crisis ( post)  

y la misma sintonía en

3)“Plan espiritual para tiempos de crisis”. (Sintonía con el Ser, pág. 331, Caligrama, Barcelona, 2019).

 

 


 

 

 

3 de abril de 2020

PLAN ESPIRITUAL PARA PANDEMIA del CORONAVIRUS


Podemos comenzar cada día con una meditación, respirando profundamente con un ritmo de descansos sosteniendo el aliento. Luego orar o utilizar algún mantra u afirmación que nos mantenga en armonía durante el día. Comenzar nuestras actividades con paz, bondad y compasión para con nosotros y los que nos rodean es un gozo. Salgamos al mundo con una sonrisa en el alma. 

El problema central de una pandemia es el contagio. Sin contagio no hay enfermedad. Podemos evitarlo con algunos cambios simples. Años atrás en California llegó a casa de visita una joven estudiante coreana. Como siempre abrí mis brazos para darle la bienvenida. La joven se quedó petrificada. La pregunté qué sucedía. Tartamudeando me dijo: “Mi padre nunca me abrazó.” De inmediato comprendí que debía cambiar. Situaciones nuevas nos empujan a nuevas actitudes. La pandemia del coronavirus  produjo diez veces más muertos en Italia, España y otros países latinos, respecto a países asiáticos como Japón y Corea. ¿No deberíamos cambiar? 


Arland Gilbert dijo: «Cuando aceptamos trabajos difíciles como un desafío a nuestra capacidad y nos metemos en ellos con alegría y entusiasmo, los milagros suceden». Cada persona puede sentir la inspiración del saludo que supere la distancia de dos metros. «Sean una luz ante ustedes mismos», dijo Buda. Permitamos que la luz de Krishna o Cristo ilumine y abra el camino.  La primera condición ante la pandemia es mantenernos sanos y ayudar a otros a estar sanos. Tener compasión y empatía para los necesitados y ayudar con procedimientos sanos. No dejarse influir por falsos conceptos. No es la edad la que determina cómo afectara el virus. En California murió una joven madre de 41 años, pero se sanó un veterano de guerra de 103 años. No son los años los que se enferman o sanan. Son las condiciones espirituales, mentales y físicas de las personas que determinan los efectos. 


Es claro que si nos amargamos con las noticias, los comentarios de cómo avanza la pandemia país por país, de los muertos y las posibilidades médicas informándonos que no saben por qué algunos se sanan y otros no. Se puede  pasar por momentos de angustia, de recelo o simple inseguridad. Seremos exitosos si podemos mantener la calma y estar centrados en nuestra conciencia espiritual.

 En la medida en que nos mantengamos firmes con un pensamiento elevado ningún virus o bacteria podrá tocarnos, el escudo del Espíritu nos protegerá. Como pensadores espirituales podemos hacer la diferencia dando a nuestro prójimo paz en la adversidad. No seremos una hoja en la tormenta, sino una montaña que se eleva serena y hermosa en el horizonte de los acontecimientos.

    


Recuerdo una experiencia del director de personal del hospital de Escondido, California. Él observó que ciertos días cuando visitaban el hospital monjes budistas, el nivel de nerviosismo, de ansiedad, de frenesí, se reducía y nacía una calma de la nada. Por lo tanto organizó con el director del monasterio cercano una reunión, sobre técnicas de meditación de todo un día sábado, para  el personal, en especial médicos y enfermeras. También asistieron estudiantes de enfermería de la Universidad de California. Al final de la reunión, una enfermera preguntó qué hacer cuando ya no hay fuerzas para caminar, meditar ni orar. La respuesta fue: Acuéstese en el piso, con los brazos abiertos, cierre los ojos y por veinte minutos respire, solamente respire armoniosamente.
 

En los puntos álgidos de una crisis, podemos suavizar la tensión y ser un faro en medio de la oscuridad. 

Podemos con calma ofrecer a otros una palabra de consuelo y firmeza. 

 Un pensador espiritual aplaca los temores y se fortalecen con la adversidad. Benjamin Disraeli dijo: «No hay mejor educación que la adversidad». La adversidad nos enseña a ser fuertes. 

Permanecer con la cabeza alta y el corazón puro hace la diferencia. 

 Esto demanda limpieza mental. Thomas Merton dijo: «La mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que abarrota nuestra mente y enferma la vida política y social». Limpiar nuestras mentes y purificar nuestros corazones embellece y trae sanidad. Recordemos, la sabiduría es superior a la inteligencia.

 Einstein dijo: «Los intelectuales solucionan problemas, los genios los evitan».


Es en los momentos más oscuros cuando llegan intuiciones geniales. En sintonía con el Espíritu, nuestra mente se orienta a la prevención de problemas, a evitarlos y dar soluciones inteligentes.  
Aun cuando no podemos predecir los resultados de nuestras acciones, nuestra ética es hacer siempre lo mejor. Confiamos en que todas las cosas cooperan para el bien de aquellos que aman el Bien. Reacciones intempestivas pueden producir problemas peores. Mantener la calma es una acción sabia. Tampoco es bueno castigarse pensando en lo que se podría haber hecho. 
Perdonarnos a nosotros mismos y a los demás por malas acciones sana el alma y restaura nuestra armonía. Pues el perdón es superior a la culpa.          
 
Las crisis engendran muchas soluciones. Debemos desligarnos de pensamientos de temor, practicar el desapego y, desde una conciencia superior, afirmar: No soy un cuerpo, ni una mente preocupada. Manifiesto el poder del Espíritu, voy a ser bendecido. 
Podemos ayudarnos y ayudar a otros si hacemos la diferencia al ser una presencia luminosa. Llevar paz, sanidad y amor al mundo es nuestro derecho inalienable.

©Pietro Grieco

  Este texto es una adaptación de   Sintonía con el Ser, pág. 331, de Pietro Grieco, Caligrama, Barcelona, 2019. 

 

26 de noviembre de 2015

EL MAS GRANDE LOGRO HUMANO QUE CAMBIÓ LA VISIÓN DEL MUNDO


     Celebramos cien años de la presentación de la Teoría de la Relatividad General, por Albert Einstein, en Berlín, en 1915. Paul Dirac (Premio Nobel de Física 1933), dijo: 
 “El descubrimiento más grande jamás hecho”. Años más tarde otro premio Nobel de física (1954), Max Born dijo: “El más grande logro del pensamiento humano sobre la naturaleza”. 
 
     Cada vez que me he movido, y han sido muchas, de un hogar a otro, de un país a otro, siempre he llevado conmigo un pequeño libro: La Relatividad, por Albert Einstein. Por años, de muy joven, luché para entender esta teoría. Un día encontré un libro titulado El A, B, C de la Relatividad por Bertrand Russell, pero como terminé más confundido que antes lo abandoné. Pensé que leer a Einstein sería imposible. Equivocado. Su libro presenta la explicación más simple que conozco. El mismo autor dice en el Prefacio, escrito en 1916, que la exposición es para aquellas personas que no dominan el aparato matemático de la física teórica.
 
    La presentación en la Academia Prusiana de Ciencias, en Berlín, de la Teoría de la Relatividad General, en 1915, continuaba un primer descubrimiento de 1905, y otro de 1907. Esta teoría, aun no comprendida del todo, cambió la visión cosmológica del universo en el cual aparentemente estamos inmersos. El ideal filosófico en que estuve imbuido desde muy joven era y es: buscar la verdad, pues según el precepto bíblico, “la verdad nos hará libres”. Por ello la curiosidad por saber qué verdades presentaba, ya que para mí, de acuerdo al viejo precepto védico, la verdad era una sola,  aunque puede tener muchas explicaciones.  

Desde el inicio el texto me desarmó. 
   
Lo primero que hace es desarticular el concepto de “verdadero” aplicado a la geometría clásica o euclidiana, la ciencia que mide con exactitud. Recuerda que una proposición era considerada verdadera si se podía deducir de axiomas, que fueran verdaderos. Pero nos dice que “la noción de verdadero no se aplica a enunciados de la geometría pura, porque el término “verdadero” designa siempre, en última instancia, la concordancia con un objeto “real”. (Muchas veces los estudiantes de metafísica nos olvidamos de este aspecto básico). Pero la geometría pura se refiere solamente a la relación lógica que guardan los conceptos entre sí. La geometría euclidiana, para la cual la distancia más corta entre dos puntos es la recta, y dos rectas paralelas nunca se cortan, es para superficies planas únicamente. Sobre una esfera las rectas en algún momento se cortan. Este me explicó porque la mente humana acostumbrada a pensar en términos dogmáticos de geometría plana, no podía pensar, aunque lo viera todos los días, que la tierra fuera redonda. Tuvieron que pasar casi dos milenios desde que Eratóstenes descubrió la esfericidad de la tierra, hasta el descubrimiento de América. 
   Más delante, el texto da el ejemplo del tren que avanza con un pasajero que deja caer una piedra sobre el terraplén. Para el pasajero la piedra describe una línea recta. Pero para un peatón sobre la vía del ferrocarril, verá que la piedra describe una parábola. La pregunta que propone es ¿la piedra al caer recorre realmente  lugares sobre una línea recta o sobre una parábola?  Dado que la piedra describe una línea recta desde el vagón, también se puede decir que con respecto a un sistema de coordenadas ligadas al vagón, como cuerpo de referencia, describe una línea recta. Pero desde el punto de vista de una persona situada sobre las vías, o un sistema de coordenadas ligada rígidamente al suelo, la piedra describe una parábola. 
   Con esta explicación se ve que no existe una trayectoria en sí, sino una trayectoria respecto a un cuerpo de referencia, o sistema de coordenadas. Esto hace comprender que no hay una verdad en sí, sino una verdad relativa a un cuerpo o plano de referencia. Por lo tanto no existe “La verdad”,  sino verdades relativas a sistemas de coordenadas. Cada individuo vive su realidad y esa es “su verdad” de acuerdo al punto de coordenadas en el cual está situado. Los individuos que se encuentran en el mismo plano de realidad pueden vivir la misma verdad, pero no con individuos en otros planos, con otras realidades. 
   El capítulo nueve me hizo abrir los ojos, como quien encuentra un tesoro y queda totalmente sorprendido por la belleza de lo que ve, o comprende. Trata sobre “Relatividad de la simultaneidad”. Con dos líneas, una indicando las vías de un tren y la otra al tren en movimiento, explica cómo dos acontecimientos simultáneos, la caída de dos rayos, para un individuo parado sobre las vías y otro sobre el tren verán los fogonazos en dos momentos distintos. Si colocamos un reloj en cada punta de la estación, al caer los rayos ambos relojes indicarán el mismo tiempo (hemos afirmado que son simultáneos), pero no es lo mismo para un individuo en el tren y otro parado en la estación. El individuo que avanza sobre el tren verá primero el fogonazo proveniente del final de la estación (hacía donde se mueve) y después el fogonazo del lado opuesto del que se aleja. Dice exactamente Einstein: 
Dos acontecimientos, que son simultáneos con respecto a la vía férrea, no son simultáneos con respecto al tren, y recíprocamente (relatividad de la simultaneidad). Cada cuerpo de referencia (sistema de coordenadas) tiene su tiempo propio; una indicación de tiempo solo tiene significado cuando indica el cuerpo de referencia al que se refiere. (La Relatividad, Editorial Grijalbo SA, México, 1970).
   Inmediatamente, Einstein  aclara que “Antes de la teoría de la relatividad, la física suponía siempre tácitamente que la indicación del tiempo tenía un valor absoluto, es decir que era independiente del estado de movimiento del cuerpo de referencia”. Aun forma parte de la mentalidad de la mayoría de los humanos el creer que una hora es una hora en todas partes. Ahora sabemos que no lo es. Depende de si se encuentra en un cuerpo en movimiento o no. 
   
Finalmente lo más interesante es la comprensión de qué es la materia. Veamos un ejemplo tomando la longitud de un tren: no es la misma si está detenido o si está en movimiento. Para entender esto voy dar mi ejemplo de un tren construido enteramente de algodón. Que a su vez lleva un reloj, también de algodón. A medida que se mueve, al chocar con el aire, el algodón se irá comprimiendo, el tren se contraerá y será más pequeño. Pero ¿qué sucederá si le imprimimos una velocidad extrema? El algodón se irá desintegrando, y no quedará nada del tren. Y ¿qué sucede con el reloj de algodón? Que al comprimirse las agujas se irán moviendo cada vez con mayor lentitud y el tiempo se hará más lento, a mayor velocidad, el tiempo tenderá a cero, hasta que al desintegrarse el reloj, el tiempo para ese tren deja de existir.
   
  Pues esto es lo que sucede con cualquier objeto que llega a la velocidad de la luz. La materia deja de existir y se transforma en energía.
La teoría hace comprender que el universo, o la visión del mismo, que teníamos  en nuestras mentes eran equivocadas y que la realidad es otra. La concepción de un tiempo fijo, continuo y universal dejó paso a un tiempo relativo a la velocidad de la luz. La materia sólida e inalterable, dejó de serlo, pues a velocidades extremas se transforma en energía. Y viceversa,  la energía puede transformarse en materia. A su vez el tiempo puede ser distinto para distintas personas según el plano en el cual se encuentran. Esto se verifica con el ejemplo siguiente:
 Dos mellizos, uno queda en la tierra por varias décadas y otro viaja al espacio exterior a una   velocidad cercana a la luz. A esa velocidad el reloj se ralentiza, y el tiempo se hace más lento. Cuando la nave regresa del exterior y  ambos hermanos se encuentran, descubren que quien quedo en la tierra envejeció más. Parecería que debería ser al revés, quien sufrió el stress y el agotamiento del viaje debería de haber envejecido más, pero la teoría demuestra lo contrario. El tiempo para una nave y sus ocupantes a velocidades elevadas (al contraerse) se hace más lento, mientras que para un sujeto en la tierra sigue al mismo ritmo. Según la distancia recorrida y la velocidad empleada, el individuo que viajó podrá tener unas horas o unos años menos que alguien que quedó en la tierra. O sea viajar ¡rejuvenece!
  
 No deseo continuar con más detalles sobre la teoría de la relatividad, dado que este blog no es presentar problemas de la física, sino de espiritualidad. Pero sí indicar que la teoría de la relatividad no sólo afectó a la física, sino que también afectó a la filosofía, a la ciencia y a la religión, en cuanto a la visión cosmológica del mundo. En momentos en que hay movimientos que quieren imponer una visión única y dogmática de “la verdad”, vemos cuán errados están pues hay verdades relativas, según los planos de referencias. Es interesante que entre la religión y la ciencia, Mahoma dijo que tiene que primar la ciencia. 
  Espiritualmente hace ver que los conceptos científicos absolutos no son tales, y lo mismo se pude decir de la filosofía, y la religión. Einstein fue un hombre religioso, pero en sus propios términos totalmente distintos al de las religiones tradicionales. El sostuvo que:

La más hermosa experiencia que podemos tener es el misterio. Es la emoción fundamental que se yergue en la cuna del arte y la ciencia verdaderos. El conocimiento de la existencia de algo que no podemos penetrar, nuestras percepciones de la razón más profunda y de la belleza más radiante, la cual solamente en sus formas más primitivas son accesibles a nuestra mente—es este conocimiento y esta emoción que constituye la verdadera religiosidad; en este sentido, y en este sentido solamente, yo soy un hombre profundamente religioso (All Men Seek God,  Hallmark Editions, Kansas City, Missouri, 1968). 

   Gracias a la esta teoría tenemos la televisión, los viajes espaciales, el GPS, la energía nuclear, el rayo láser, el microondas, el microchip, etc. Pero fundamentalmente nos brinda otra concepción de la realidad y de aquello que considerábamos la verdad. Nos hizo más humildes y prudentes para no creernos que tenemos “la verdad” para imponer a otros. Nos recuerda lo que dijo Marco Aurelio, que la verdad es una cuestión de perspectiva. Y cada individuo, libre de imposiciones dogmáticas, puede tener la suya.
2015©Pietro Grieco


21 de febrero de 2014

VIVIR EN EL PODER DEL AHORA O EN EL PODER DE MAÑANA - II Parte

   Como mencioné en el blog anterior, desde hace unas décadas, se puso de moda repetir que hay que morar en el “Ahora”. Esto no es nuevo. Desde la antigüedad, hubo personas que insistieron en que hay que morar en el supuesto único tiempo que existe: el presente, pues el pasado ya se fue y el futuro no llegó. Parece simple y convincente, pero es falso, de igual manera que la tierra es plana y las paralelas nunca se cruzan.  Esta creencia proviene de una observación pesimista, en cuanto a que la
existencia es sufrimiento. 

Por lo tanto, el pasado viene lleno de remordimientos y amarguras, y el futuro —dado que hay que sufrir—, traerá mucha angustia. 


  Pero ¿qué sucede si el pasado trae bellos recuerdos y el futuro promete experiencias plenas de felicidad? 

El argumento carece de validez, especialmente cuando el pasado fue muy bueno y el futuro promete ser aún mejor.

  Vivir ciegamente en el ahora, como quien vive en una burbuja de fantasía, ha sido refutado muchas veces a través de diversos argumentos. 
  Una fábula de Esopo reiterada por La Fontaine y Samaniego, es clara para entender la tontería de pretender vivir clavados en el ahora. La misma se refiere a la cigarra y la hormiga. La cigarra vive ciegamente en el “poder del ahora”. Segura, en el supuesto único tiempo, canta durante el verano. La hormiga, al saber que en el invierno no tendrá el mismo alimento, labora acumulando para el futuro. Cuando finalmente el invierno llega y la cigarra recurre a la hormiga, ésta le niega el alimento, pues si le da no habrá suficiente para las dos. 
                                             
De esta forma la cigarra paga con su vida al morar   tontamente en el ahora.
    El profesor Robert Grudin, en su libro El Tiempo y el Arte de Vivir, sostiene: “La inmediatez física del presente —su insistente, casi prostituida disponibilidad— tiende a oscurecernos su identidad más espiritual, la cual es única y frágil y maldita y condenada a morir. El presente es una princesa condenada, elegante e impresionantemente hermosa quemando el final de su vida con la falsa apariencia de una chica escandalosa. Ella está siempre a nuestra disposición para tomarla, así y todo aceptamos esta invitación demasiado seguido; e incluso aceptándola a menudo raramente comprendemos que no hemos hecho una conquista material sino más bien contactamos con un espíritu soberano, entramos en un dominio de ser cuya luz y poder transfigura todos los otros elementos” (p. 187/8). 



Este es el problema o paradoja del presente: el de transfigurar los otros elementos, cegando la percepción de otros sistemas de coordenadas con sus tiempos propios.

  Sabemos que el cerebro está localizado en el tiempo y el espacio. La mente, en cambio, es “no local” o sea no está limitada al espacio ni al tiempo. Esto explica por qué hay personas que dicen conocer su pasado remoto y hace regresiones, y otras que han tenido visiones de lo que sucederá en el futuro. Más que viajar en la flecha del tiempo, lo que sucede es que la mente abarca todas las dimensiones, y puede situarse en cualquiera de ellas. Muchas  personas cuentan que han visto y vivido el devenir. Hay millones de casos de personas que han tenido experiencias fuera del cuerpo (OBE) y otras que han muerto y han regresado de estas experiencias cercanas a la muerte (NDE). Toda esta actividad mental ocurre mientras el cuerpo continúa donde está.

Andrew Tomas en La Barrera del Tiempo, (Plaza y Janes, Editores) cuyo título en inglés es mucho más interesante: Beyond the Time Barrier, o sea Más Allá de la Barrera del Tiempo, cuenta:
El doctor J. Forbes Winslow, en su libro Las enfermedades oscuras del espíritu, cita un hombre que desde lo alto de un barco cayó al mar y se estuvo ahogando durante dos minutos, antes de que llegara el equipo de salvamento. Sus sensaciones están así consignadas: “De este modo, viajando desde atrás, cada incidente pasado de mi vida parecía fulgurar a través de mi memoria en un orden invertido, no sólo en sus grandes líneas, sino formando un cuadro completo con todos sus detalles; en una palabra, el conjunto de mi existencia parecía colocada ante mí como una especie de vista panorámica.
Unos años atrás, en Moscú, un ingeniero —relación del autor— fue derribado y herido en el Metro. En algunos segundos se sucedieron en su mente, con todos sus detalles, los episodios de su larga existencia.
No distinguía si recorría su vida a una velocidad fabulosa, o si los hechos, desde la infancia hasta el día del accidente, aparecían juntos como en un vasto fresco.
En ambos casos, como en muchos estudios psicológicos sobre los sueños, los hechos, que en las coordenadas de referencia espacio temporal duran años o toda una vida, ante la conciencia no tienen duración y pueden contemplase como un fresco, al unísono, puesto que en la conciencia el tiempo no existe, es un concepto relativo pero nunca un objeto. Por ello cuando nos invitan a algo que no nos interesa, decimos “No tengo tiempo”, pero si es algo que nos agrada en gran manera, vamos, pues previamente decidimos “hacernos el tiempo”. Para lo que nos gusta o consideramos importante, nos “creamos tiempo”.  

  Por ello, a la felicidad se la considera íntimamente ligada a nuestra actitud respecto al tiempo. Las personas felices parecen completas en el presente, alegres,.., en vez de agobiadas por remordimientos del pasado o ansiedad por el devenir. Dan la apariencia de permanencia y consistencia. Robert Gudin sostiene: “Aman experiencias pasadas y el hacer planes; hablan del pasado y del futuro, no como contextos externos, más bien como…, la quieta extensión de su propio ser. Uno casi siente que sus vidas poseen un tipo de eternidad calificada: que pasado y futuro, nacimiento y muerte, se encuentran como en la unión de un círculo (188)”.  La extensión del ser no es a nivel físico sino espiritual. La intención de Grudin es sugerir elevados niveles de percepción e integridad. Por encima de todo estar despiertos, alertas a la verdad de nuestros propios pasados y futuros, así como el presente. Con lo que reitera lo que ya dijera el filósofo romano nacido en Córdoba. La vida no es breve, la hacemos breve cuando no vivimos sabiamente.  

  Las fórmulas de Lorenz (y Einstein) sobre la contracción del tiempo permiten predecir lo que ocurrirá en el futuro de los viajes espaciales. Andrew Tomas da el ejemplo del astronauta (de 25 años) que viaja a la estrella Vega. Al regresar a la tierra en 14 años (según su sistema de coordenadas), ahora tiene 39 años y se encontrará que su esposa (de la misma edad cuando salió de viaje), que ¡tiene 90 años! En grandes distancias y a velocidades cercanas a la luz, como ya habíamos visto el tiempo se contrae y corre mucho más lento. Otra paradoja. Si una persona gana 1000 unidades de dinero por el trabajo de un día de 24 horas, o sea por una rotación de la tierra, pero si viaja como astronauta y da 16 giros alrededor de la tierra, ¿debe cobrar 16000 unidades? Si el proceso de contracción se podría replicar en la tierra (como se hace con la falta de gravedad) ¿la gente podría vivir muchos siglos? A medida que elevamos la conciencia y abrimos posibilidades a la mente tendremos un dominio cada vez mayor del tiempo, hasta que el dios Cronos deje de gobernarnos y comience a ser nuestro servidor.

  Como vimos en el blog anterior Einstein sostuvo y demostró, que “Cada cuerpo de referencia (sistema de coordenadas) tiene su tiempo propio; una indicación de tiempo sólo tiene significado cuando indica el cuerpo de referencia al que se refiere.” En los textos sagrados de la India  y judeo-cristianos el tiempo se lo consideraba relativo. La Biblia dice que: para Dios un día es como mil años, y mil años como un día, (2 Pedro 3,8). O sea que, teológica y metafísicamente, el tiempo no es absoluto. Como seres espirituales o expresiones de un Ser Trascendentes manifestamos esa cualidad de trascender las dimensiones espacio-temporales. Esto sucede naturalmente durante el sueño, en plena meditación o durante estados místicos. Einstein dijo: “La emoción más completa y más bella que podemos experimentar es la sensación de lo místico.

Es la simiente de toda verdadera ciencia” (citado por Andrew Tomas, p. 39). En esos estados es posible percibir toda la realidad y las leyes científicas que la rigen. En mis pocas y breves experiencias de este tipo me fue posible experimentar el universo como un todo y mí ser en armoniosa unidad con ese todo. Aquellos que lo vivieron dicen que es muy bello.

    El ser espiritual, como pura conciencia, no está restringido ni preso en un eterno ahora, es libre, completamente libre como puede concebirlo y puede moverse en todas las dimensiones y en cada caso morará donde siente que es apropiado para cada situación. Muchas circunstancias espaciales son restrictivas, no podemos extender una pared, ni elevar el techo donde vivimos, ni reducir el océano, son dimensiones dadas, pero el tiempo propio podemos determinarlo y utilizarlo a placer: dormir poco o mucho, leer una hora o dos, caminar toda la mañana o la tarde, ir a charlar con amigos o practicar un deporte. El tiempo, bien empleado, brinda libertad y creatividad para recrearnos y recrear el mundo. Aprovechando las lecciones del pasado, y desarrollando la visión de futuro, vivimos el presente con armonía.

  Reitero lo dicho en el blog anterior: El ser espiritual no mora en el pasado, el presente ni el futuro, mora en la intemporalidad de la conciencia, la cual, como fundamento último del ser, es puro espíritu. Posee la libertad de situarse donde desee. Las dimensiones espacio temporales definen coordenadas específicas al movimiento del cuerpo y al cerebro, pero no se circunscriben a la conciencia y a la mente. Por el contrario es la conciencia que abarca las dimensiones espacio-temporales y hace que la mente se mueva y sitúe en las coordenadas que elige. Es durante los estados místicos cuando la visión de la conciencia abarca con claridad todas las dimensiones y la mente las recorre y razona con ellas.
  
  Así como la teoría de la relatividad nos liberó del tiempo newtoniano absoluto (igual en todas partes) la concepción espiritual nos libera de la esclavitud del tiempo sujeto a coordenadas espaciales, y nos abre la posibilidad de vivir un día como mil años y mil años como un día. 
©Pietro Grieco


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