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23 de diciembre de 2013

EL SECRETO DE MANDELA

    ¿Cómo pudo un individuo condenado a muerte por subversivo salir de la cárcel luego de 27 años, con una sonrisa, ser respetado por sus enemigos, llegar a la presidencia de su país, eliminar la barrera de discriminación entre razas (Apartheid), lograr la integración de todas las etnias y la admiración del mundo entero? Parece imposible, pero Mandela lo hizo. Fue presidente por un período y se convirtió en el estadista más amado del mundo. Fue conmovedor ver en sus funerales a personas de todos los continentes expresar veneración por este hombre, que en vida se había convertido en un mito de integridad y sabiduría política.

    Es tan excepcional que muchas personas se han preguntado ¿cómo surgió un hombre con semejantes cualidades superlativas?  Por ejemplo el filósofo Santiago Kovadloff, en un bello texto titulado “El hombre que vino del futuro” (La Nación, 17-12-13) dijo: “Sobre él se sabe todo. Sólo una incógnita subsiste. ¿Cómo fue posible un hombre semejante? ¿Qué alquimia misteriosa produce la aparición de espíritus como el suyo?” Mi convicción es que Nelson Mandela desde una mísera prisión desarrolló la energía interior que lo elevó a estar en contacto con Dios, El Futuro, y con esa energía del Espíritu transformó el presente. ¿Cómo lo hizo? Veamos.

    En la cárcel se eliminan muchos de los “ruidos” externos que constantemente distraen la mente, para concebir y percibir el futuro con claridad. Fue semejante a “la experiencia del desierto” de los profetas,  o del silencio en la soledad para los yoguis en las cuevas del Himalaya. Soledad para conquistar el silencio interior y dejar que hable el espíritu directamente a la conciencia. El silbo suave y silencio del que habla la Biblia. En esa circunstancia Mandela recordó la lucha en esa misma tierra de Mahatma Gandhi (a principios del 1900), contra la discriminación utilizando la no-violencia. Halló inspiración es ese ejemplo formidable. Al mismo tiempo, con la mente en paz se liberó del foco de atención transitorio del presente y se expandió en el tiempo y el espacio. La visión profética fue siempre traer el futuro al presente. Como dije “El futuro no es una dimensión del tiempo ni del espacio, es una dimensión que trasciende lo humano, es una manifestación de la Divinidad, que permite afirmar que Dios es Futuro” (Dios es Futuro, pág. 11)

    ¿Qué produjo el cambio? Sabemos por su biografía (autorizada) escrita por Anthony Sampson que dio prioridad a los aspectos interiores de su ser: la honestidad, la sinceridad, la simplicidad, la pureza, la generosidad, la ausencia de vanidad, la prontitud para servir al prójimo —todas cualidades al alcance de cada individuo— y que son el fundamento de la vida espiritual. Todos podemos hacer lo mismo.

    Sus propias palabras indican la estricta disciplina que utilizó en la cárcel,  pues es lo que recomendó, por escrito, a su esposa 
Winnie cuando cayó presa:

“Vas a encontrar que la celda es un lugar ideal para conocerte a ti misma, para buscar realística y regularmente los procesos de tu propia mente y de tus sentimientos. Al juzgar nuestro progreso como individuos tendemos a concentrarnos en los factores externos tales como nuestra posición social, influencia y popularidad, riqueza y el nivel de educación… pero los factores internos pueden ser más cruciales para determinar nuestro desarrollo como seres humanos.” Y más adelante dice: “Por lo menos, si no es por ninguna otra cosa, la celda te da la oportunidad de mirar diariamente en toda tu conducta para superar lo malo y desarrollar cualquier cosa que es buena en ti. La meditación regular de unos 15 minutos diarios antes de emprender una acción, puede ser fructífera en este respecto.”  Y, claro, no le ocultó a su esposa las dificultades en este nuevo camino: “Puede que encuentres difícil al inicio extraer los factores negativos de tu vida, pero al décimo intento puede que obtengas los resultados. Nunca olvides que un santo es un pecador que continúa intentándolo” (Mandela The Authorised Biography, por Anthony Sampson, pg 252).

    Se sabe que Mandela estuvo en contacto en varias oportunidades con Sri Chinmoy, quien poseía un centro en Sud África. Por lo tanto meditar, aunque fueran 15 minutos todos los días antes de emprender una acción, fue el gran secreto de Mandela.


    ¿Qué hace la meditación? Primero calmar le mente, aquietarla y hacer surgir los pensamientos a la luz sin juzgarlos ni rechazarlos, simplemente reconocerlos. La meditación hace contemplar a la propia mente con el propósito de purificarla de malos pensamientos, actitudes y sentimientos, reemplazándolos por los buenos. Por lo tanto la lucha de Madiba fue contra un ejército, no de individuos con armas de fuego, sino de un ejército de malos pensamientos. Con ese proceso de limpieza mental se liberó del resentimiento y del odio. Produjo su transformación espiritual. Percibió otro futuro. Ganó su propia paz. Se hizo libre en la cárcel

    Superó los prejuicios, el pensamiento perverso del “otro” por uno de bondad y valoración. Aprendió a perdonar y a ser magnánimo.  Lo hizo sin dobles intenciones ni tonterías. Hizo algo extraordinario: convirtió a los enemigos en amigos.

   En 27 años de prisión, a través de la meditación, Mandela produjo una transformación interior que se reflejaría en su vida exterior y en su enfoque político. Su rostro en diversas publicaciones de la década de los 60s era severo. Tuvo que vencer su propio carácter y sus pasiones agresivas. Cuando salió en libertad su rostro se había suavizado y en vez de un rictus había una sonrisa.


     No había abandonado sus ideales ni su lucha. Comprendía que la injusticia disminuye si no se crea más injusticia matando o dañando a otras personas. Para que un gobierno multirracial tuviera éxito la justicia debía incluir a todos. El progreso no consiste en quitarles a unos para darle a otros, consiste en que todos tengan las mismas posibilidades de desarrollar su potencial de inteligencia, arte y compasión. La libertad debe ser para todos, con el derecho de ser respetado respetando al otro.


    Utilizó la imaginación creadora para ver un futuro que brindara libertad de conciencia e inclusión a cristianos de todos los credos, a musulmanes, hindúes, animistas y personas de cualquier creencia.Él,  como ya sostuve, tenía un entendimiento claro de que en todos los seres humanos se halla la gloria del Principio de la Existencia. O sea la manifestación de la divinidad en el hombre que adquirió distintos nombres: El Atman hindú, la Shekinah judaica, la esencia del Cristo, del cristianismo. En la moderna literatura espiritual simplemente la “Presencia”. Pues bien es esa Presencia divina la que hay que redescubrir y hacer brillar pues esa luz nos ilumina la conciencia por dentro y, al reflejarla, enciende la misma luz en los demás seres. Así multiplica su poder.

    Desde esa presencia luminosa se aprender a perdonar, primero a uno mismo y luego a los demás. Dejar atrás el rencor, y amar compasivamente. Las circunstancias, con sus injusticias, ya no se le imponían, Madiba imponía su visión de futuro a las circunstancias.


   Como él, debemos lograr el discernimiento de que todos los seres poseen en sí la gloria de Dios y trabajar con todos los medios posibles: pensamiento, oración, meditación, contemplación, hasta el enojo y las lágrimas en busca de la luz interior. Cuando logramos que brille, aunque sea un poco, será como una vela que se enciende y con ese poco se puede encender otra vela y otra y otra y así sucesivamente. Entonces la luz será enorme.  La simple presencia de una persona calma, con paz en el corazón y una conciencia pura transmite esa luz a su alrededor y hace libres y felices a otros. El “otro” es un ser con sus posibles fallas, pero es un ser humano que también quiere la justicia y la seguridad de que será respetado. Esta comprensión de los demás y de uno mismo, prepara la conciencia para sembrar pureza, paz, claridad, y amor.


    En vez de perder tiempo con cosas negativas que no conducen al bienestar y no sirven para nada, hay que ser prácticos, cambiar y sembrar en la conciencia semillas positivas de serenidad, de no violencia y de comprensión. Quien no agrede mentalmente no es

agredido. Quien no se enoja no tiene nada que temer. 

   Podemos ser prácticos: regalar una planta viva, para un vecino con quien no nos hemos llevado bien o regalar una planta de flores a un enemigo para mostrar buenos deseos y crear una atmósfera positiva. Por ejemplo los israelíes podrían regalar una planta de olivo o de almendro o una palmera datilera a los palestinos y viceversa. Una plantita vale centavos, pero como tomar un puñado de sal por Gandhi, o invitar al carcelero a la asunción presidencial por Mandela, tienen un valor simbólico enorme. Crea otra atmósfera emocional, diferente a tirarnos piedras o bombas. Con ello es posible esperar un cambio de corazón que haga de la tierra un digno y bello lugar para vivir. 

   Para el año próximo ¿qué sembramos hoy para tener una buena cosecha de alegría, felicidad y armonía? ¿Qué sembramos en nuestra conciencia? En esta siembra espiritual, si sembramos cosas nobles cosecharemos cosas nobles. Si sembramos pensamientos puros cosecharemos cosas puras. Cada meditación es para establecer en la conciencia estas semillas. No es trabajo de un instante, las semillas requieren preparar el campo y evitar que lo invadan las malezas de la desidia o la cizaña de mala voluntad, las malas hierbas que ahogan y frustran a las buenas semillas. 
                                        ©Pietro Grieco

9 de abril de 2013

MEDITACION y Respiración

 Meditación y Respiración



Para meditar los manuales tradicionales consideran dos aspectos previos: 
                   a) el lugar y 
                   b) la preparación individual. 
Antiguamente algunos individuos se apartaban de la sociedad y se retiraban al desierto, a las montañas o a los bosques. De esa forma creían evitar los problemas mundanos y obtener la tranquilidad  para meditar —por largas horas como una flor de loto— todos los días. Muchos maestros enseñan que este es el camino. Esto es un mito. Pues vayan donde vayan las personas llevan su problema a cuestas: su propia mente. Cualquier persona que esté quince minutos sentada sabe que tiene que moverse, tiene sed o precisa satisfacer necesidades imperiosas. Claro, con cojines, apoya-brazos y otras ayudas, puede una persona quedarse quieta más tiempo ¿una hora, dos horas, tres? Pero finalmente —aun entumecida— tiene que moverse. La creencia de que una persona para meditar tiene que convertirse en una piedra es una tontería. Lo que es verdad, es que para meditar hay que aprender a conquistar un silencio interior. Estar en paz. Meditar es no pensar.




Meditar es serenar la máquina infernal: la mente. Mi experiencia es que podemos meditar muy bien sentados en el suelo, en una silla con la espalda recta, haciendo caminatas de meditación, e incluso, acostados. Algunas de mis mejores meditaciones —posiblemente por la misma dificultad—, han sido estando parado. Si para logar paz tenemos que estar en un monasterio, entre apartadas montañas, ¿qué hacemos cuando estamos volando entre nubes y nuestro avión es zarandeado de lo lindo? ¿Nos ponemos a llorar? ¡De ninguna manera! Ese es el mejor momento para meditar y calmar nuestra mente y también la circunstancia. Meditar sobre el principio de la armonía, que operar universalmente y manifiesta su poder, siempre es de gran utilidad. La homeostasis, el conjunto de fenómenos que se auto-regulan para mantener el equilibrio, también se produce allí. Notros somos parte activa del universo.  Jesús lo demostró cuando los discípulos pensaban que la barca en la que navegaban se hundía; él calmó el viento y las olas. La armonía y el equilibrio están siempre disponibles, debemos saber activarlos.

El lugar no siempre lo podemos escoger. Debemos meditar donde podemos y cómo podemos, lo mismo sucede con la oración. Oramos al despertar o al ir a dormir, pero también lo hacemos cada vez que sentimos necesidad.

La preparación individual se refiere a qué hacer con el cuerpo y en especial los ojos. Con el cuerpo no hay que hacer nada, dejarlo en paz y relajarse. Con los ojos es posible cerrarlos o mantenerlos ligeramente abiertos. Algunos tratan de orientar la mirada al ojo de la mente que sitúan en la frente. Para algunos puede ser conveniente, pero no es muy relevante. Lo mismo qué hacer con las manos. Es posible colocarlas con la palmas abiertas al cielo, sobre las rodillas, o a la altura de la ingle; o cerradas y hacia abajo sobre las rodillas. Algunos adoptan incluso la unión del índice con el pulgar. A quien le beneficie que lo haga, quien no, que se sienta libre.

La parte que sí es relevante es la respiración. Lo he comprobado en una cinta de correr que mide el ritmo cardíaco. Si, por ejemplo estaba con un ritmo de 120 con la agitación normal, al comenzar a practicar la respiración de la meditación reducía el ritmo a menos de 100. En cambio si el ritmo era de 100 lo reducía digamos a 88. Estos son datos indicativos, no siempre sucedía lo mismo. Pero me pareció maravilloso que, con la respiración se puede serenar el ritmo cardíaco y con ello, la agitación de la mente. Se dice que algunos yoguis llegan incluso a detener el corazón.

La respiración simple es de dos pasos, inspirar y espirar. Se puede hacer con un ritmo de cuatro segundos cada paso. La respiración natural es lo que hacemos desde nacer sin pensar. El punto importante es la coherencia entre el ritmo de la actividad y el ritmo respiratorio. La falta de coherencia es lo que produce el agotamiento.

La respiración más adecuada es de cuatro pasos: Inspirar, sostener el aire, espirar, y mantenernos sin respirar. Es posible comenzar con un ritmo de cuatro segundos cada paso. Luego ampliar a seis, más adelante a diez y los muy, muy avanzados pueden pasar a veinte. No interesan los números lo que interesa es la calidad armoniosa del proceso. En esto no importa el destino, no hay que llegar a ningún lado, lo importante es el gozo en el hacer.

Algo que ayuda es realizar alguna afirmación positiva y  bella, con cada fase o paso de la respiración; la estética es importante en la meditación. Veamos un ejemplo concreto:
1.     Inspirar: Afirmar mentalmente: “Me lleno de energía, el Espíritu me renueva”.
2.     Sostener el aire: Afirmar: “Llevo alegría a cada célula de mi cuerpo.”
3.     Espirar: Afirmar: “Exhalo felicidad y compasión al mundo.”
4.     Sostener la respiración (no respirar): Afirmar: “Me gobierna la armonía.”

Recomenzar el proceso y hacerlo por cinco minutos como mínimo hasta que el ritmo cardíaco y la actividad mental se calmen. El procedimiento combinado contando los segundos puede ser un poco complicado para algunos, por ello sabiendo los conceptos, se simplifica el procedimiento relacionando mentalmente un solo concepto con cada fase. De esta forma:
1.     Inspirar: Energía
2.     Sostener: Alegría
3.     Espirar: Felicidad
4.     Sostener: Armonía

Reconozco mi gratitud a distintas fuentes: hinduismo, budismo clásico y tibetano y al budismo zen. Para casos de apremio, como un accidente o una catástrofe, hay un procedimiento simple de transformación que da Thich Nhat Hanh: Inspirar: Mentalmente repetir: Respiro y calmo mi cuerpo. Exhalar y repetir: “Mi ser sonríe”. Habitar este momento presente, es un momento maravilloso. Un momento de transformación. Hacerlo hasta que el rostro sea una sonrisa y todo el cuerpo sea una alegría.

Con la mente serena y, establecido el ritmo respiratorio se puede comenzar con la meditación propiamente dicha. Más adelante veremos los diversos tipos de meditación.

Que la jornada sea armoniosa y bendita con amor hacia todo el universo. 


©Pietro Grieco

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