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9 de abril de 2013

MEDITACION y Respiración

 Meditación y Respiración



Para meditar los manuales tradicionales consideran dos aspectos previos: 
                   a) el lugar y 
                   b) la preparación individual. 
Antiguamente algunos individuos se apartaban de la sociedad y se retiraban al desierto, a las montañas o a los bosques. De esa forma creían evitar los problemas mundanos y obtener la tranquilidad  para meditar —por largas horas como una flor de loto— todos los días. Muchos maestros enseñan que este es el camino. Esto es un mito. Pues vayan donde vayan las personas llevan su problema a cuestas: su propia mente. Cualquier persona que esté quince minutos sentada sabe que tiene que moverse, tiene sed o precisa satisfacer necesidades imperiosas. Claro, con cojines, apoya-brazos y otras ayudas, puede una persona quedarse quieta más tiempo ¿una hora, dos horas, tres? Pero finalmente —aun entumecida— tiene que moverse. La creencia de que una persona para meditar tiene que convertirse en una piedra es una tontería. Lo que es verdad, es que para meditar hay que aprender a conquistar un silencio interior. Estar en paz. Meditar es no pensar.




Meditar es serenar la máquina infernal: la mente. Mi experiencia es que podemos meditar muy bien sentados en el suelo, en una silla con la espalda recta, haciendo caminatas de meditación, e incluso, acostados. Algunas de mis mejores meditaciones —posiblemente por la misma dificultad—, han sido estando parado. Si para logar paz tenemos que estar en un monasterio, entre apartadas montañas, ¿qué hacemos cuando estamos volando entre nubes y nuestro avión es zarandeado de lo lindo? ¿Nos ponemos a llorar? ¡De ninguna manera! Ese es el mejor momento para meditar y calmar nuestra mente y también la circunstancia. Meditar sobre el principio de la armonía, que operar universalmente y manifiesta su poder, siempre es de gran utilidad. La homeostasis, el conjunto de fenómenos que se auto-regulan para mantener el equilibrio, también se produce allí. Notros somos parte activa del universo.  Jesús lo demostró cuando los discípulos pensaban que la barca en la que navegaban se hundía; él calmó el viento y las olas. La armonía y el equilibrio están siempre disponibles, debemos saber activarlos.

El lugar no siempre lo podemos escoger. Debemos meditar donde podemos y cómo podemos, lo mismo sucede con la oración. Oramos al despertar o al ir a dormir, pero también lo hacemos cada vez que sentimos necesidad.

La preparación individual se refiere a qué hacer con el cuerpo y en especial los ojos. Con el cuerpo no hay que hacer nada, dejarlo en paz y relajarse. Con los ojos es posible cerrarlos o mantenerlos ligeramente abiertos. Algunos tratan de orientar la mirada al ojo de la mente que sitúan en la frente. Para algunos puede ser conveniente, pero no es muy relevante. Lo mismo qué hacer con las manos. Es posible colocarlas con la palmas abiertas al cielo, sobre las rodillas, o a la altura de la ingle; o cerradas y hacia abajo sobre las rodillas. Algunos adoptan incluso la unión del índice con el pulgar. A quien le beneficie que lo haga, quien no, que se sienta libre.

La parte que sí es relevante es la respiración. Lo he comprobado en una cinta de correr que mide el ritmo cardíaco. Si, por ejemplo estaba con un ritmo de 120 con la agitación normal, al comenzar a practicar la respiración de la meditación reducía el ritmo a menos de 100. En cambio si el ritmo era de 100 lo reducía digamos a 88. Estos son datos indicativos, no siempre sucedía lo mismo. Pero me pareció maravilloso que, con la respiración se puede serenar el ritmo cardíaco y con ello, la agitación de la mente. Se dice que algunos yoguis llegan incluso a detener el corazón.

La respiración simple es de dos pasos, inspirar y espirar. Se puede hacer con un ritmo de cuatro segundos cada paso. La respiración natural es lo que hacemos desde nacer sin pensar. El punto importante es la coherencia entre el ritmo de la actividad y el ritmo respiratorio. La falta de coherencia es lo que produce el agotamiento.

La respiración más adecuada es de cuatro pasos: Inspirar, sostener el aire, espirar, y mantenernos sin respirar. Es posible comenzar con un ritmo de cuatro segundos cada paso. Luego ampliar a seis, más adelante a diez y los muy, muy avanzados pueden pasar a veinte. No interesan los números lo que interesa es la calidad armoniosa del proceso. En esto no importa el destino, no hay que llegar a ningún lado, lo importante es el gozo en el hacer.

Algo que ayuda es realizar alguna afirmación positiva y  bella, con cada fase o paso de la respiración; la estética es importante en la meditación. Veamos un ejemplo concreto:
1.     Inspirar: Afirmar mentalmente: “Me lleno de energía, el Espíritu me renueva”.
2.     Sostener el aire: Afirmar: “Llevo alegría a cada célula de mi cuerpo.”
3.     Espirar: Afirmar: “Exhalo felicidad y compasión al mundo.”
4.     Sostener la respiración (no respirar): Afirmar: “Me gobierna la armonía.”

Recomenzar el proceso y hacerlo por cinco minutos como mínimo hasta que el ritmo cardíaco y la actividad mental se calmen. El procedimiento combinado contando los segundos puede ser un poco complicado para algunos, por ello sabiendo los conceptos, se simplifica el procedimiento relacionando mentalmente un solo concepto con cada fase. De esta forma:
1.     Inspirar: Energía
2.     Sostener: Alegría
3.     Espirar: Felicidad
4.     Sostener: Armonía

Reconozco mi gratitud a distintas fuentes: hinduismo, budismo clásico y tibetano y al budismo zen. Para casos de apremio, como un accidente o una catástrofe, hay un procedimiento simple de transformación que da Thich Nhat Hanh: Inspirar: Mentalmente repetir: Respiro y calmo mi cuerpo. Exhalar y repetir: “Mi ser sonríe”. Habitar este momento presente, es un momento maravilloso. Un momento de transformación. Hacerlo hasta que el rostro sea una sonrisa y todo el cuerpo sea una alegría.

Con la mente serena y, establecido el ritmo respiratorio se puede comenzar con la meditación propiamente dicha. Más adelante veremos los diversos tipos de meditación.

Que la jornada sea armoniosa y bendita con amor hacia todo el universo. 


©Pietro Grieco

1 comentario:

  1. Meditar y respirar en momentos de apremio, seria como amar en tiempos revueltos?... Maria

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"El entusiasmo es una cualidad del alma que conduce a actuar con gozo y expectativa de bien. El pensador espiritual y científico vive alegre ante cada nuevo descubrimiento."

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