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20 de diciembre de 2016

UN MUNDO MEJOR...CADA DIA



Estamos viviendo las décadas más pacíficas de la historia.
Si esta noticia parece increíble, tengo otra: estamos viviendo también la mejor época de la humanidad. No es solamente mi opinión, es lo que sostiene el filósofo francés Michel Serres, profesor de la Sorbone y Stanford. En una entrevista con Stefano Montefiori, expresó: “Creedme, la nuestra es una época de paz” (Corriere Della Sera, Oct. 16, 2016). Cuando le preguntó cómo podía ser optimista, con todo lo que sucede en el mundo, sus respuestas fueron contundentes: desde el año 1496 antes de la era cristiana, hasta 1861 tuvimos 3130 años de guerras y sólo 227 años de paz. O sea el 93% del tiempo la humanidad estuvo en guerra. Esto ha instalado, en la conciencia colectiva, la creencia de la guerra continua.




Recordemos que John Locke, en su tratado 
sobre el gobierno (1690), consideraba dos estados:el estado natural y el estado de guerra.

Luego de dos guerras mundiales la humanidad finalmente se orienta a una paz más  estable.

 
Desde mediados del siglo pasado el mundo, en general, ha tenido paz. La posibilidad de muerte violenta, un siglo atrás, estaba entre el 10 y el 20%. Hoy, con el terrorismo, la probabilidad de morir es menos del 1%. (Excepto en Alepo (Siria), Yemen, o Irak). Los motivos de esperanza, para Serres, son evidentes. Una mujer de sesenta años hoy tiene una expectativa de vida superior a un recién nacido en el 1700. Europa ha gozado los últimos 70 años de una paz ininterrumpida. Las mejorías en la calidad de vida son indiscutibles. Un siglo atrás, cuando, los padres se despedían de hijos y esposas no sabían si regresarían. Se operaba sin anestesia. No había agua corriente en la mayoría de los países del mundo, se vivía sin calefacción, ni radio, ni TV, computadoras, telefonía móvil, internet, etc.   Cincuenta años atrás la expectativa de vida era de 60 años, hoy supera los 80 años. Por ello, Serres insiste: “Creedme, la nuestra es una época de paz”. Sus argumentos no se basan en las últimas noticias de CNN, la BBC o Fox. Se basan en la concepción  histórica de la realidad.




Durante la edad media, cuando las huestes mongolas de Gengis Khan avanzaron hacia Europa se estima que decimaron el 20% de la humanidad de aquella época. Siglos después, cuando Napoleón atravesó Europa en sentido inverso, murieron entre cinco y seis millones de personas y unos ochocientos mil soldados franceses. Luego de la batalla de Eylau, mientras atravesaba un campo sembrado de cadáveres Napoleón pronunció: “Una noche en París reparará todo esto”. Hoy vemos estas palabras abominables, con horror. Pero ese lenguaje formaba parte de un estado mental de una existencia en guerra perpetua. Lo malo es que esta interpretación de los hechos continúa con el uso incorrecto del lenguaje. Considera el filósofo que responden a miles de años de lectura de la realidad con un fondo constante de guerra. La presentación del terrorismo como guerra es un error, sostiene Serres. Cuando hay un estado de guerra, los niños nacen y crecen con la idea que tienen un enemigo en el país vecino. Esto no sucede hoy en toda América, tampoco en Europa.  
Lo que hoy sufrimos es la pandemia de noticias explosivas, tendenciosas o incluso 
 falsas.
Semejan chispas que se encienden en la oscuridad, se apagan y reemplazan con las siguientes. Hemos pasado de las noticias analizadas a reacciones irracionales en cadena, que multiplican el ruido informativo, emocionalmente estresante. Últimamente se está tomando conciencia de que las noticias falsas pueden matar. Pese a que la consecuencia es conocida desde 1938, cuando Orson Wells anunció la “Guerra de los Mundos”, con sus suicidios y actos irracionales. 
Ahora, con los usos intensivos y masivos de los medios de comunicación instantáneos, la gente no analiza, no verifica, no tiene tiempo de pensar si lo que le llega es verdadero o falso. Vivir en el ahora, es uno de los estereotipos del momento. Es la forma en que la vida se agota en cada instante. Si, además, a cada instante nos hiere una mala noticia, nos estamos matando sin darnos cuenta.
No tenemos que vivir dentro del ahora, de tuits emocionales, carentes de verificación sobre la fuente y los hechos. Debemos salir del fugaz instante, a un contexto más amplio, tanto histórico como espiritual. Dos líderes mundiales demostraron como trascender las noticias atrapantes de hechos violentos, ambos lograron el premio Nobel: el Dalai Lama y el Arzobispo Desmond Tutu. El primero tuvo que escapar de la persecución e invasión China al Tíbet. Desmond Tutu pasó (junto a N. Mandela) por la lucha contra el Apartheid, en Sudáfrica. Ambos vivieron bajo constantes amenazas de muerte. Su mensaje es claro: no hay que quejarse por la adversidad. Ella nos hace fuertes y nos permite apreciar la vida con intensidad y alegría. Ambos, Tutu y el Dalai Lama, con la asistencia de Douglas Abrams, son los autores de El libro de la Alegría, (2016), (vale la pena regalárselo a uno mismo). 


Necesitamos vivir en paz para contrarrestar la violencia en los hogares, en la comunidad y en el mundo. Vivir en paz en nuestra conciencia tiene un responsable: uno mismo. Vivir en paz no niega la realidad, de ninguna manera, contagia, - como hicieron el Dalai Lama y el Arzobispo Tutu, en medio de la violencia,- una realidad pacífica y armoniosa. Con una conciencia de violencia no vamos a generar paz a nuestro alrededor. Tenemos que desarrollar coraje para abandonar los orígenes de la violencia, incluso la que generan los llamados “textos sagrados”, cuando usan términos como “guerra”, “dominio”, “conquista”, “subyugar” y otros. Hay que rechazar la imposición de una violencia innecesaria en nombre de un ser superior, detrás del cual se oculta un súper-ego. Podemos participar en el mundo con humildad y gratitud, sin ánimo destructivo. 

 No hay que ir hacia la paz, sino estar en paz.

No engañarnos con una meta final que se aleja, sino la paz que vivimos cada día, es lo que vale. Pensar en paz genera paz.



Estemos centrados en nuestro ser armonioso. Nuestra lucha diaria es en nosotros mismos, la Gran Jihad, como lo expresó Mahoma, al regresar de conquistar la Meca, era la lucha interior de cada uno. Purificar la dureza de nuestros rencores, enojos, deseos de venganza, por la ternura del amor y la compasión. A esta lucha interior vamos armados de oración, meditación, contemplación, himnos, afirmaciones, mantras o lo que sea. 
La paz por recelo a la agresión, o la represalia atómica no es paz es inacción o parálisis por temor. La verdadera paz parte de la seguridad y el amor en nosotros mismos, no de impedir la acción a otros.
 Lograr nuestra paz permitirá vivir la paz y llevar paz al mundo. No esperemos de los demás. Es nuestra responsabilidad. No hay otra forma.  
¿Por qué no vemos más paz en el mundo? El filósofo Michel Serres pidió creer en que esta es una época de paz. Aprender a creer parece simple. No lo es. Requiere renovar nuestra actitud.  Es en la renovación diaria, un re-nacer. Rescata el nacimiento de  bondad y la  inocencia del niño que llevamos adentro. Corramos el riesgo: llevemos una sonrisa en nuestros ojos. Es posible que otra sonrisa responda a nuestro corazón. ¡Aleluya!       Este canto de alegría permitirá cada día ver un nuevo mundo
©Pietro Grieco



La paz por recelo a la agresión, o la represalia atómica no es paz es inacción por temor. La verdadera paz parte de la seguridad en nosotros mismos, no de impedir la acción a otros. Pensar en paz genera paz.

18 de noviembre de 2016

MINDFULNESS OF THE MIND ... (Conscientes de nuestra mente)


 Años atrás, al visitar la casa de una amiga, me gustaba su bello jardín, excepto unos arbustos que daban feo olor. Un día, al alabar sus hermosas flores, esta amiga, me llevó a conocer su secreto: el compost.

 Detrás de los arbustos, que yo pensaba que daban mal olor, era donde preparaba el abono para sus flores. Comprendí que el compost, es lo que le permitía obtener el perfume de sus flores. Uno era la continuidad de lo otro. Un buen jardinero sabe obtener de la basura orgánica un compost para utilizarlo adecuadamente, y no se molesta por el olor, pues reconoce su utilidad. Todos podemos ser excelentes jardineros de la mente. 
 
En el blog anterior vimos cómo estar conscientes de nuestro cuerpo y sus acciones: comer, caminar, conducir nuestro vehículo, etc., o sea aspectos externos a la mente. En este texto enfocaremos mindfulness a los aspectos interiores de la mente. Para aplicar el uso transformador de mindfulness, he tomado como ejemplo el enojo. A una persona enojada, se la representa fuera de control, furiosa, con cara agria, roja de sangre, alterada, agresiva, falta de armonía, descentrada de su propio ser. ¿Qué sucede mentalmente con el enojo: cómo surge, se manifiesta, afecta, se disipa, y transforma en calma y armonía? 
Thich Nhat Hanh, sostiene que cuando se observa el enojo o la cólera se debe utilizar la respiración muy de cerca. ¿Acaso cuando una persona está enojada, colérica o enfadada no respira más agitadamente y le suben sus palpitaciones? La observación consciente evita que el enojo monopolice la mente completamente. El ser reconoce “la mente está enojada  y yo estoy enojado”, significa que vemos lo que sucede, estamos alertados de nuestro estado. Este reconocimiento acompaña al enojo. Cuando hacemos esto ponemos en acción “mindfulness”.
Estar conscientes del enojo, 
no significa tratar de suprimir el enojo (que tiene su razón de ser), 
ni expulsarlo, sino tan solo mirarlo, vigilarlo. Esta actitud ilumina lo que está sucediendo, no lo juzga, pero lo sigue con una mirada compasiva, cuidándolo como a un hermano menor. Nosotros no somos nuestra mente, como un programa no es una computadora. Por el efecto de identificación, si la mente  está enojada, encolerizada, enfadada, parece que fuera nuestro propio ser  enfadado o encolerizado. Si quisiéramos eliminar o expulsar esos estados sería pretender expulsar nuestro propio ser. Es aquel viejo concepto de Alejandro Solyenitzin sobre el mal: el mal y el odio están en el mismo corazón humano y, si se los quiere expulsar, habría que cortar parte del propio corazón, ¿quién puede hacerlo? La parábola del trigo y la cizaña, al hacer crecer ambos juntos, sugiere el mismo camino.

Cuando estamos gozos y alegres somos pura alegría; cuando odiamos, somos odiosos; cuando amamos somos amorosos; y cuando estamos enojados y furiosos, somos todo enojo, toda furia. Ahora bien cuando reconocemos el enojo, la ira, la furia, podemos estar conscientes de que es una energía en nosotros, la cual es posible transmutarla. Pero para transformarla en otra energía tenemos que reconocerla y aceptarla. 
Este es el comienzo de la transformación. Thich Nhat Hanh da un ejemplo hermoso, en su ya mencionado texto (Transformation and Healing, Random House, 1993). Un contenedor de basura lleno de material orgánico con olor intenso, puede ser transformado en compost, y utilizarse como abono para obtener bellas y perfumadas rosas. En este proceso primero vemos y olemos la basura, luego el compost, luego las rosas, como elementos separados. Pero si discernimos profundamente podemos comprender que las flores ya existían en la basura. Sabemos que una flor tarda unas pocas semanas en ser basura. A su vez esta basura ya contiene potencialmente hierbas aromáticas o flores. 
Siempre recuerdo la extraña y bella historia que me contó un director de prisiones. Al inicio de su designación lo enviaron a una provincia lejana, donde no conocía la gente ni sus costumbres. Para dar actividad a los internos les solicitó si alguien sabía sembrar y producir fresas (o frutillas). Un joven le dijo que podría producir las mejores fresas de su vida, si le entregaba lo que necesitaba. El director le respondió que podía contar con su apoyo y, preguntó que necesitaba. La respuesta lo dejó anonadado: ¡los excrementos de los otros internos! Para la gente de campo, el uso de los excrementos de la hacienda ha sido el mejor abono de la historia. Aprobada la solicitud. Efectivamente ese interno produjo las mejores fresas que se pueden imaginar. No solo el director, sino otros presos también se beneficiaron, de esta transformación de materia orgánica en un fruto bello y útil. 
La dualidad nos impide ver la continuidad de los procesos. La dualidad produce discriminación entre lo bello y lo feo, lo bueno y lo mano, entre lo dulce y amargo. La dualidad nos hacer rechazar la realidad total y aceptar solo una parte. No debemos temer el compost, ni rechazarlo. Lo mismo con el enojo, no es para desesperar, es una energía que puede ser transformada. El enojo es una especie de basura, la  que se halla en nuestro poder transformar y  utilizar. Este conocimiento nos hace aceptar el enojo o la furia o la ira. Al hacerlo y contemplarlo con misericordia, ya nos da cierta calma, un poco de paz. Gradualmente podremos transformar el enojo, la enemistad, la irritación, en una situación armoniosa, gozosa, alegre. 
Este procedimiento es mejor que dejar crecer el enojo o la ira y, a veces darle un argumento, que incentiva y acelera el proceso; en esos casos puede producir mucho daño al bienestar mental y físico. En cambio si observamos el enojo (o lo que fuere) y con nuestra respiración vamos calmando la situación, el enojo puede seguir, pero será menos peligroso, perderá fuerza, y ser irá transformando en otra energía. Mindfulness como una luz, se asemeja al efecto que producen los fotones solares sobre las plantas: hace que crezcan, florezcan, y fructifiquen. 

La práctica de mindfulenss of the mind, 
(conscientes de nuestra mente
va a colocar el foco de luz de nuestra conciencia 
sobre un aspecto de nuestra propia mente, 
y como la luz del sol sobre las plantas, 
transformará los estados mentales 
en otros mejores. 

Si sufrimos el enojo pensando en retrucar a las personas que nos produjeron el enojo, por su abuso, malicia, falta de consideración, brutalidad, crueldad o deshonestidad, que pueden ser reales o exageradamente imaginarios, va a arder más enojo en nosotros. El problema es el enojo en nosotros y no lo que otros hicieron. Cuando hay un incendio no podemos ir insultando al cielo, debemos apagar el incendio para que no se propague. Con la respiración y la meditación podemos al inhalar decir: Reconozco mi enojo, al exhalar podemos repetir mentalmente: Sé que el enojo sigue en mí. Al inhalar repetir: Reconozco que el enojo es un sentimiento desagradable. Al exhalar repetir: Sé que este sentimiento como apareció  también va a desaparecer. Al inhalar: Sé que puedo cuidar de este sentimiento. Al exhalar: Yo calmo este sentimiento
Abrazamos el sentimiento de enojo como una madre a un chico llorando y clamando atención, con ternura y comprensión. Cuando una madre pone su corazón y su mente en abrazar y mecer a su bebe con amor se va a calmar. De la misma manera podemos calmar nuestra mente. Algunas personas para calmar el enojo, la ira, la furia, y otras negatividades utilizan la caminata de meditación. Combinan la respiración y el movimiento, poniendo la atención en cada paso y el contacto de la suela o la planta de los pies con la tierra. Poco a poco veremos cómo el efecto de la meditación nos calma, fortalece y serena.   
El observar el origen de nuestros estados mentales, descubrimos sus raíces, que pueden ser falta de información, torpeza, resentimientos, o malos hábitos en nosotros o en la o las personas que originaron el enojo. Pero también podemos ver y discernir los elementos liberadores de nuestro propio sufrimiento, que habitualmente acompañan los enojos o las perturbaciones. Una visión compasiva, el entendimiento y el amor liberan del sufrimiento, calman y suavizan. Las personas enojadas creen que se les pasará el enojo liberando la energía negativa de su corazón a través de la agresión, los insultos, destrozando cosas, o encerrándose en una habitación y gritando hasta calmarse. Estas formas de combatir el enojo hasta el agotamiento físico, pueden ser peligrosas.


No utilizan su propia energía en forma no violenta, para algo superior. 

El enojo se origina en nosotros, porque en nosotros están ocultas las raíces del enojo. El medio y otras personas son causas secundarias. Son nuestros deseos, nuestro orgullo, nuestra agitación, nuestras dudas, nuestra suspicacia, nuestra confusión, nuestra ignorancia. Cuando los profetas bíblicos iban al desierto a meditar, o los yoguis a los bosques y cuevas del Himalaya, iban a practicar mindfulness de la mente, o sea la observación consciente de sus pensamientos de dudas, ambiciones, temores, deseos. Nelson Mandela aprendió a meditar y utilizó el sistema para transformar su mente, de esta manera pasó de la violencia armada a la no violencia. Percibió que si alguien se deja gobernar por “sus” ideas, y los pensamientos derivados de su ego, forma en su mente murallas de las que no puede salir, ni percibir qué sucede más allá de su propia mente. Comprendió cómo funciona la mente de las demás personas y ser misericordioso y compasivo. Utilizó  su energía para construir una sociedad sin discriminación racial, sin odios, ni injusticias.

Sí, con mindfulness of the mind podemos transformarnos y trasformar al mundo, pues permite ir a la profundidad de la mente a observar los pensamientos, para (en caso de ser necesario) transformarlos y producir la sanación de nuestra forma de pensar. La Biblia nos habla de transformarnos mediante de la renovación de nuestra mente (Romanos 12:2). Esta es la actividad más importante de le espiritualidad para lograr refinar nuestro ser y nuestra ascensión en la escala del ser. Como bien escribió Shannon Peck, “el amor sana”. Lo opuesto, el odio, el enojo, la ira, enferman. Saber transformar energías negativas en amor nos sanará a nosotros y al mundo. 
¿Cómo transformar la violencia en calma, la rabia, 
el enojo, la bronca en armonía, la discordia en paz,
 y la tristeza en alegría? Lo primero es reconocer qué tipo de problema se trata, para luego aplicar el tratamiento apropiado. Podemos transformar barro en ladrillos, la arcilla en una jarra, el hierro en una olla, el oro en una joya y la  basura en perfume de rosas. Y espiritualmente es posible transformar pensamientos agresivos y enfermos en otros compasivos y sanos. 

El Dalai Lama, (junto a Desmond Tutu y Douglas Abrams)  en The Book of Joy, (Il Libro della Gioia, Garzanti S.r.l., Milano, 2016)  sostiene que lo que enferma la mente son los pensamientos negativos, los tóxicos, los dañosos. Si no los eliminamos, desarrollamos una especie de infelicidad, de descontento que nos conduce a la frustración y la ira. Propone para eliminar los dolores psíquicos desarrollar la “inmunidad mental.” Esta inmunidad  crea una sana disposición de la psique que la hace menos susceptible a los pensamientos y sentimientos negativos. De igual forma como un cuerpo vigoroso enfrenta sin inconvenientes los virus que lo pueden atacar. Pues, si estamos débiles, el virus más insignificante puede ser peligroso. De igual manera con una mente vigorosa cualquier ataque puede afectarle un poco, pero de inmediato se recupera. En cambio con una mente inquiera e inestable, cualquier pequeño problema puede causar una crisis. 

Cuando el enojo, la rabia o la bronca se apoderan de la mente el individuo, se identifica y transforma en un sujeto rabioso, enojado o embroncado. Entonces el individuo y su estado se fusionan en uno. 

Lo magnífico es que la conciencia del ser posee la luz del amor, que no juzga ni condena, sino que contempla, ilumina y transforma. Sin juzgar dejamos que el enojo se desinfle y canalizamos esa energía transformadora en algo positivo. De esa forma la causa del sufrimiento se elimina, restablece la saludable inmunidad  y el bienestar.

La práctica de mindfulness nos permitirá, en las palabras de Kahlil Gibran (El Profeta):

                           Tocar con tus dedos
                           El cuerpo desnudo de tus sueños.
                           …………………………………
                           Y el infinito tesoro de tus profundidades
                           Será revelado delante de tus ojos.

Estar en el  momento presente observando la propia mente en forma consciente, evitamos ser manipulados por las apariencias del mundo, asegura nuestra libertad de conciencia, para llevar libertad y sanidad al mundo.
  © Pietro Grieco







28 de agosto de 2016

MINDFULNESS


Cuando estamos comiendo ¿estamos conscientes de ello o estamos viendo la TV, charlando, o pensando una respuesta a algo?  Cuando estamos conduciendo un vehículo ¿estamos conscientes de ello o estamos pensando en cómo conducen otros conductores, un problema en el hogar o el trabajo, o ...? Cuando trabajamos ¿estamos atentos a nuestra tarea, o estamos vagando por la estratósfera? La mayoría de los problemas de los humanos se deben a que casi siempre nuestra vida está en un lado y la mente en otra cosa. ¿O como cantó John Lennon: “Life is what is what happens to you while your busy making other plans?”  (“La vida es lo que está sucediendo, mientras estamos ocupados haciendo otros planes.”)  Parece que en la vida posmoderna nos perdernos en la inconsciencia. Esta actitud traen consecuencias a veces trágicas. Lo opuesto de inconsciencia es “Mindfulness”. 

 

Este término “mindfulness”, originado en el sanscrito, significa estar consciente para percibir lo que sucede con intensidad a cada instante. Estar completamente alertas y vigilantes de lo que acontece sin distraerse.  En su obra Transformation and Healing (Sutra of the Four Establishments of Mindfulness), Thich Nhat Hanh analiza el texto sobre las formas de establecer “mindfulness”. Menciona la palabra satipatthana compuesta de “sati” que significa “recordar” o mindfulness, y upatthana que significa “lugar de la morada”. En chino, el Sutra es expresado como “Nian Chu”. Nian significa: “estar consciente de”, “poner la atención en...”, o “recordar”.  Chu puede significar “el lugar donde se mora”, “la acción de estar presente”, o “el acto de establecerse”. Por lo tanto traducimos “mindfulness” como: acordarnos de estar conscientes y presentes en nuestra propia mente, sea donde sea que esté nuestro cuerpo, para evitar ser manipulados por las apariencias del mundo.

La práctica de mindfulness
La práctica consiste en estar conscientes, concentrados en lo que sucede durante cada instante. Esto no significa estar sentados una posición zen, pues  puede aplicarse a cualquier actividad diaria: comer, caminar, conducir, pensar, etc.  Shunryu Suzuki lo aclaró cuando dijo: “Zen no es algún tipo de excitación, sino la concentración en la rutina usual de cada día”.  Zen is not some kind of exitement, but concentration on our usual everyday rutine” (Zen Mind, Beginner’s Mind). La práctica de estar conscientes y concentrados se realiza mediante la meditación o la contemplación. En este sentido hay que recordar que, en el diario vivir la mente posee un programa “instintivo” preestablecido para satisfacer deseos y evitar sufrimientos. El mismo, ante cualquier estímulo, produce el accionar instintivo, resultado de un programa innato, del que no participamos en su “instalación”, aunque somos controlados por el mismo. Por ello la mente se acciona irreflexivamente siempre centrada sobre sí misma. La meditación por lo tanto consiste en lograr el control sobre la propia mente, para reorientarla por caminos más elevados, no egoístas, compasivos y virtuosos. La experiencia me ha enseñado que únicamente la práctica constante puede lograr cambios efectivos en las actitudes preestablecidas.

Si una persona lee una partitura de música, pero no aprende a tocar un instrumento, nunca producirá música. Es posible que al inicio produzca ruidos molestos, incluso ante la falta de resultados armoniosos se sienta frustrada y abandone. Pero la paciencia y la persistencia en la práctica harán que, con el primer acorde, sienta una gozosa alegría, y, con el inicio de una melodía, se entusiasme, y persista con más ahínco. Finalmente logrará producir música. La mera lectura no logra eso. Es la práctica constante, la persistencia, y la paciencia que dará dominio sobre la técnica. Con mindfulness sucede lo mismo.

El texto original (Sutra) basado, en las enseñanzas de Buda, de más de 2500 años, habla de cuatro procedimientos de mindfulness: 1. Mindfulness del cuerpo; 2. mindfulness de las emociones; 3. Mindfulness de la mente; 4. Mindfulness de los objetos de la mente. Thich Nhat Hanh ofrece una síntesis en su libro Transformation and Healing. En la práctica de estar consciente del cuerpo, quien practica debe estar completamente consciente de la respiración, de la posición del cuerpo, de las acciones del cuerpo, de los cuatro elementos que componen el cuerpo, y finalmente la descomposición del cuerpo. En la práctica de estar presente en los sentimientos, hay que estar alerta al placer, al dolor, a los sentimientos neutrales, tal como surgen, duran y desaparecen. Saber distinguir los sentimientos que tienen un origen psicológico y sentimientos que tienen una base fisiológica.
El objetivo de mindfulness es ir profundamente dentro de un objeto para observarlo. Esta forma de observar hace que el límite entre objeto y sujeto se disuelva, entonces el sujeto y el objeto devienen uno. Esta es la esencia de la meditación.  Se ha dicho, que la mente-cerebro nunca puede tocar el objeto. Pero esto es desde el punto de vista occidental de la dualidad sujeto-objeto. Desde el punto de vista hindú y del budismo, la mente puede penetrar el objeto y ser uno con el mismo. Se considera que únicamente cuando se penetra y conoce interiormente el objeto se lo comprende y abarca en su totalidad. Para el budismo no es suficiente mantenerse fuera como un observador externo. Por ello la enseñanza de Buda fue observar la mente desde la mente, y las emociones desde dentro de las emociones.   

Veamos algunos ejercicios sugeridos por distintos autores:
Caminar consciente
“La caminata de meditación es realizada al notar el movimiento de levantar, colocar cada pie hacia adelante en cada paso. Ayuda concluir cada paso completamente antes de levantar el otro pie. “Levantar, mover, colocar, levantar, colocar, mover.” Es muy simple. De nuevo, sostiene Joseph Goldstein en The Experience of Insight, que no es un ejercicio de movimiento. Es un ejercicio de mindfulness (estar consciente). Consiste en utilizar el movimiento para desarrollar un estado de alerta y entendimiento” El objetivo de este ejercicio es estar consciente, sin distraerse  y mantenerse alerta de lo que sucede paso a paso.  El autor sostiene que algo tan estimulante como caminar por Nueva York, puede resultar un excelente ejercicio de meditación si la persona observa su respiración, si se mantiene calmo en su interior, y evita que su mente sea atraída por la enorme cantidad de estímulos externos. Incluso si es atraído por deseos de poder, de sexo, o cualquier otro, los deja aparecer y los deja irse. De esta forma se mantiene en su espacio de meditación, sin perderse en los deseos, ni en la panoplia de estímulos que se acumulan sobre sus sentidos. 

Comer consciente
Quien ha visitado, o participado en algún retiro en un monasterio o templo budista sabe que el acto de comer es importante y forma parte del aprendizaje de la meditación llevada a la práctica. Hay que comer con calma, en silencio y casi como un ritual. En el acto de comer hay una enorme cantidad de pensamientos involucrados con el proceso. Es casi normal el deseo del placer por la comida, la avaricia por la cantidad o la acumulación. Apenas se da un bocado o dos aparecen sensaciones. Si comemos pensando en otra cosa, ni siquiera gozamos del acto. Lo primero es observar la comida, entonces poder pensar: “veo”, “veo”. Luego hay una intención: “intento”, “intento”. Esa intención origina el movimiento del brazo: “muevo”, “muevo”. Sucesivamente, cuando la mano o la cuchara tocan la comida está la sensación del contacto, el levantar el brazo, abrir la boca, colocar la comida en la boca, sentir la textura, masticar, sentir el sabor. Es preciso estar mentalmente presente durante el proceso.

Mindfulness de la mente
Meditar sobre la mente consiste en estar conscientes de cada pensamiento, cómo surgen y con los cuales la mente “piensa” o los procesa. Este es el punto central, no se involucra en el contenido, observa, pero no se identifica, ni se enoja, ni altera, ni forma parte de una cadena de pensamientos, como un vagón tras otro, semejante a un tren en movimiento. Consiste en estar consciente tan solo en el instante en que el pensamiento está aconteciendo. Algunos consideran útil escribir: pensar…, pensar…, pensar…, y registrar qué se piensa. Hacer notas puede ayudar.
Es este observar, sin juzgar, el centro de la meditación sobre la mente. Observar con calma sin reaccionar respecto al contenido de cada pensamiento (como si fuera un vagón del tren con su carga), y sin identificarse con la carga. Cuando la conciencia se identifica con el pensamiento, entonces el pensamiento es el pensador. Si se funden, se confunden en uno solo. Cuando esto sucede hay alienación. El ser, como conciencia, está dominado con esa identificación. El individuo, controlado por esos pensamientos, no piensa ¡es pensado por esos pensamientos!  En esa confusión, puede transformarse en un fanático de una religión, un partido político, un equipo de fútbol, una ideología o cualquier otra cosa ¡incluso de la meditación!

Esto puede darse incluso con una meditación conducida o centrada en un propósito específico. Al mantener la mente ocupada en ese propósito, no elecita mindfulness: o sea una conciencia plenamente perceptiva. Por ello se considera más segura una la meditación no dirigida, la cual envía la mente en modo automático, el modo natural de descanso. Mindfulness clarifica la mente de telarañas, redefine las prioridades y provee de un sentido de contentamiento. Debemos estar presentes pero ¿en qué lugar? Pues en la propia mente y durante el lapso que estamos viviendo. En el próximo blog volveré sobre este aspecto interno, no visible a los ojos. 

Muchas veces sufrimos de stress y ansiedad porque ignoramos la parte benévola de la realidad. Los medios de comunicación nos brindan lo peor de cada día, ocultando a nuestra mente las cosas bellas que están aconteciendo a nuestro alrededor y en el mundo en gran manera. Al comprender el todo y los detalles, nos aporta una nueva luz al discernimiento del porqué de nuestros actos, sentimientos, dolores, enfermedades, traumas. Discernirlos, sin juzgar, nos permite, en vez de sufrirlos, utilizarlos como una oportunidad para nuestra transformación.     

Mindfulness es un estado del ser que  nos permite estar conscientes de la realidad más claramente. De estar presente, especialmente cuando conducimos un vehículo. Esto trae comprensión, mejores decisiones, paz interior, autoestima, bienestar y felicidad. Debemos practicar mindfulness en forma constante. Al contrario, si no estamos alertas, nos ignoramos a nosotros mismos y negamos lo que acontece a nuestro alrededor, al no poseer una mente en paz, una mente clara, pues la atamos a los ruidos de una ciudad, los entretenimientos que absorben la atención de los sentidos. 
Un momento de pura conciencia (pure mindfulness), es una hermosura. Es un hecho único. Se produce cuando la conciencia abraza toda la belleza del universo sin esfuerzo. Es un estado de gracia.  
©Pietro Grieco

16 de mayo de 2016

WHEN SIDDHARTHA BECAME BUDDHA


Siddhartha touched the earth; he became Buddha and the Earth Truth.

Many individuals willing to be enlightened, or Buddha, walk with their celestial yearnings reading all kinds of texts, going to a variety of meetings, conferences, retreats, meditation centers, places of silence, as esoteric practices. The question is why are they lost in the stratosphere of pink clouds instead of doing what transformed Siddhartha Gautama into Buddha, which is stop being spinning around and touch the earth?

Prince Siddhartha was in a crucial moment of his spiritual journey. (Recall some of his questions: Why are there poor? Why sick people? Why people age? Why die? How is it possible being at peace in the midst of discord?). After years of fruitless searching, which also lead him almost to death, he decided to sit under a fig tree and face his own mind. With the stillness surfaced the temptations obstructing his transformation. Those temptations of wealth, power, distractions, apathy, anger, entertainment, and the pleasures of the flesh were the demons that blocked his advance. Psychologically they can be expressed in three groups: the desires, the fears and the opinions. We can ask: what wishes catch me? What fears prevent me from moving forward? And, what opinions I let my mind think that do not allow me to live more free?

There, under a fig tree of India, when he was overwhelmed by the beauty of the daughters of Mara, he did something unusual: instead of going after them, he touched the ground! We would say “he landed" and then "Eureka". At that moment Mara, the god of temptations, disappeared. It vanished as if it had never existed. Why? Mara is also known as the God of Death, and the Lord of the Senses, because they are the means that lead to death. The senses never are satisfied. They are insatiable; always ask for more, creating conflict, pain and suffering. It is the emancipation of the desires that leads to liberation.

Honored and beloved Mother Earth, with different names, like a goddess of the planet, was receptive, and as a caring mother, absorbed the negative energy of these emotional, physical and mental temptations, leaving Siddhartha free. The temptations were not outside; they were in his mind. Therefore the work of salvation depends on each individual. He changed his mind, renewed his conscience and was a new being. He stopped being manipulated by his worst enemy: his own mind!, and returned to his unpolluted being. Only when we master our minds, we dominate reality. Thus, we become not what we think, but what we are.

Spiritually, the earth represents the Great Mother of all forms that can be generated: human forms, animals, plants, minerals, rocks, trees, or flowers forms. Some cultures connect with God through the Earth, such as in pre-Columbian culture do it through Pachamama, the goddess of the people of South America. Andean communities —annually— offer to her the tribute of the first fruits of the season. A Jewish expression says “we see God on the face of the people around us”; likewise Native Americans saw the Great Spirit in every stone, every tree, and every animal. After all, God is all in all. The principle of what exists is in all things.

When we connect with the earth, we connect with our basic energy, from which we sustain, move and fortify. It is our natural force renewing our being. Native Americans could see the Great Spirit in every dawn and in each lake a smile. To look beyond the skin of vast fields of rice, corn, sunflower, rapeseed or wheat, we understand how our existence depends on Mother Earth. Giving in addition the beauty of the flowers of the field, with the variety of colors, shades and perfumes, which allows us to work in beauty; walk in beauty and live in beauty.

The land can receive the impact of meteorites, lightning, be shaken by thunder, rain, all of it clears the skies of static electricity. Through this receptive capacity, it restores energy, balance, harmony in the atmosphere and the welfare of all beings. The earth can be seen as many rocks, deserts, mountains, rivers and seas. But we can elevate our vision and see the earth as a life system, the manifestation of a creative principle that some call God. Earth was considered sacred and blessed by almost all civilizations. When we are grounded in this sacred soil, and establish our life on this Principle of Existence we can grow, expand and fulfill our purpose.

When Buddha touched the ground, or Mother Earth, he discharged the tensions, failures, frustrations, and doubts about his life. He released himself from negative forms that still inhabited his mind. These forms of temptations (as manifest in Jesus about five centuries later) were the real obstacles to his perception of spiritual reality. These forms are the product of the dreams of a mind immersed in the fantasy and animal conception of life. Psychologically he unloaded his desires, his fears and mainly his views or traditional paradigms. When his mind was cleaned he awakened to the reality as it is.

People like Gandhi had to face them too. Many of us are mesmerized by these forms (expressed in images, aromas, melodies, actions, etc.). When we contemplate them, rather than confronting them, we give them tickets and become Trojans, which we try to dodge the best we can. Satyagraha was the name of the purification process and strengthening that Gandhi used and recommended to his followers to apply non-violence and to achieve the independence of India. Satyagraha was to develop mastery over ties to mental and physical desires. Only after reaching this mastery over one's mind, we can go to meet other social problems, and be victors. Until his followers failed that domain, Gandhi decided not to go ahead with his peaceful and nonviolent movement. So, to overcome external violence, we must first overcome inner violence. The same applies to all of us: if we do not overcome our internal violence, never will triumph over external violence. We have to be ethically honest with ourselves!

We must have the courage, like Siddhartha, Gandhi or Nelson Mandela and plant ourselves at the center of our being to eliminate our darkness and touch the ground to turn on our own enlightenment! Transfer the negative voltages to the ground! We need the courage to focus with a clear sense of reality, stop the illusions and fantasies. Stop the mind from its constant going around. Be grounded! Between consciousness and natural reality, mind is the agent of obstruction and confusion. We need courage to plant at our center, our concrete being...

Earth, as the dynamic sphere gives an unlimited funding to awaken to our identity. Buddha confronted cultural forms imposed by the society in which he was born, grew and educated: prejudices, beliefs, traditions, old paradigms. He faced the Brahmins with their gods and intricate metaphysics to subjugate the people. He presented a system of eight steps starting from de problems and working the path to liberation, to reach a state of bliss, called Nirvana.  

At the time of burying his fingers on the ground, he detached from desires, fears and opinions. It was a moment of pure mindfulness, when a clear conscience opens and embraces the universe as it is. Contemplating the universe without desires, without opinions or fears, we see the universe for the first time. It is the time of awakening to Buddhahood or spiritual purity in us. Similarly, Jesus, after suffering equal temptations in the desert, awakened in him the Christ, the spiritual being, perfect and eternal. The being that, despite external turbulence and suffering, maintained its unity centered in the Spirit

When Siddhartha touched the land was transformed and became Buddha. When asked who he was, he answered: “I am an awakened one”. Does anyone want to wake up?

5 de mayo de 2016

CUANDO SIDDHARTA SE TRANSFORMÓ EN BUDA


Cuando Siddhartha se transformó en Buda

Siddhartha tocó tierra, se convirtió en Buda y la Tierra en Verdad.
Muchos individuos deseosos de ser iluminados, o sea budas, andan con sus anhelos celestiales leyendo todo tipo de textos, yendo a diversidad de encuentros, conferencias, retiros, centros de meditación, lugares de silencio, como de prácticas esotéricas. La pregunta es ¿por qué andan perdidos por la estratósfera de nubes rosadas y no hacen lo que transformó a Siddhartha Gautama en Buda, o sea dejarse de dar vueltas y tocar tierra?
El príncipe Siddhartha se hallaba en un momento crucial de su jornada espiritual. (Recordemos algunas de sus inquietudes: ¿Por qué hay pobres? ¿Por qué la gente enferma? ¿Por qué la gente envejece? ¿Por qué se muere? ¿Cómo se puede estar en paz en medio de las discordias?). Después de años de búsqueda infructuosa, que además, por poco lo conduce a la muerte, decidió sentarse bajo una higuera y enfrentarse con su propia mente. Con la quietud salieron a la superficie las tentaciones que cerraban su transformación. Esas tentaciones de riquezas, poder, distracciones, apatía, enojos, entretenimientos, como los placeres de la carne eran los demonios que obstruían su avance. Psicológicamente pueden expresarse en tres grupos: los deseos, los temores y las opiniones. Nosotros podemos preguntarnos: ¿qué deseos me atrapan? ¿Qué temores me impiden avanzar? Y, ¿Qué opiniones de mi mente no me dejan pensar de otra manera más libre?
Allí, bajo una higuera de la India, cuando fue abrumado por la belleza de las hijas de Mara, él hizo algo inusual: en vez de ir tras ellas, ¡tocó la tierra! Diríamos “hizo tierra” y entonces: “Eureka”. En ese instante Mara, el dios de las tentaciones, desapareció. Se desvaneció como si nunca hubiera existido. ¿Por qué? Mara, también es conocido como el Señor de los Sentidos y el Dios de la Muerte, lo cual es lógico pues son los sentidos que llevan a la muerte. Los sentidos nunca se satisfacen. Son insaciables,  siempre piden más, creando conflictos, penas y sufrimientos. Es la emancipación de los deseos que conduce a la liberación.
La Madre Tierra honrada y adorada, con distintos nombres, como una diosa en todo el planeta, fue receptiva y como una madre bondadosa, absorbió la energía negativa de esas tentaciones emocionales, físicas y mentales, dejando libre a Siddhartha. Las tentaciones no estaban afuera, estaban en su propia mente. Por ello el trabajo de salvación depende de uno mismo. Él cambió su mente, renovó su conciencia y fue un nuevo ser. Dejó de ser manipulado por su peor enemigo: ¡su propia mente!, y retornó a su ser incontaminado. Solo cuando dominamos nuestra mente dominamos la realidad. De esa forma devenimos en lo que pensamos.
Espiritualmente la tierra representa la Gran Madre de todas las formas que el mundo material puede producir, incluso formas humanas, formas animales, vegetales, minerales, sean rocas, árboles, o flores. Algunas culturas conectan con Dios a través de la Tierra, como la Pachamama en la cultura precolombina, la diosa de los habitantes de Sud América, a la que cada año las comunidades andinas le ofrecen el tributo de los primeros frutos de la temporada. Así como una expresión judaica dice que se encuentra a Dios en el rostro de las personas a nuestro alrededor, de igual manera los nativos de América veían al Gran Espíritu en cada piedra, en cada árbol, en cada animal. Porque Dios es Todo en Todo. El principio de lo existente es en todas las cosas.
Cuando conectamos con la tierra nos conectamos con nuestra fuerza básica, sobre la cual nos apoyamos, movemos y fortalecemos. Es la fuerza de la naturaleza que renueva nuestro ser. Los nativos americanos podían ver al Gran Espíritu en cada amanecer dando luz y en cada lago una sonrisa. Al contemplar más allá de la piel de extensos campos de arroz, maíz, girasol, colza o trigo comprendemos cómo nuestra existencia depende de la Madre Tierra. Adicionalmente nos da la belleza de las flores del campo, con la variedad de colores, tonos y perfumes, que nos permite trabajar en belleza; caminar en belleza y vivir en belleza.
La tierra puede recibir el impacto de meteoritos, descarga de rayos, ser sacudida por truenos, recibir la lluvia sin inmutarse, y limpiar los cielos de electricidad estática. A través de esa capacidad receptiva, restablece el balance energético, la armonía en la atmósfera y el bienestar a todos los seres. La tierra no es un montón de rocas, desiertos, montañas, ríos y mares. La tierra es sistema de vida, la manifestación de un Principio Creador que algunos llaman Dios. La Tierra fue bendecida y ha sido considerada sagrada por casi todas las civilizaciones.
Cuando Buda tocó el suelo, la Madre Tierra le hizo descargar las tensiones de los fracasos y frustraciones contenidas, así como las dudas sobre su jornada; lo liberó de las formas negativas que aun poblaban su mente. Esas formas de tentaciones (como se manifestarían en Jesús unos cinco siglos después) eran los obstáculos reales  para su percepción de la realidad espiritual. Esas formas son el producto de los sueños de la mente inmersa en la concepción fantasiosa y animal de la vida. Psicológicamente descargó sus deseos, sus temores y fundamentalmente sus opiniones o paradigmas mentales. Cuando su mente quedó limpia despertó a la realidad tal cual es.
Gandhi tuvo que enfrentarse con ellas también. Muchos de nosotros estamos hipnotizados por esas formas (expresadas en imágenes, aromas, melodías, acciones, etc.). Cuando las vemos, en vez de enfrentarlas, les damos entradas y se convierten en troyanos, que, en el mejor de los casos, esquivamos lo mejor que podemos. Satyagraha fue el nombre del procedimiento de purificación y fortalecimiento que empleó Gandhi y recomendó a sus seguidores para aplicar la no-violencia y poder alcanzar la independencia de la India. Satyagraha consistía en desarrollar el dominio sobre las ataduras a los deseos mentales y físicos. Únicamente luego de alcanzar ese dominio sobre la propia mente, se podía ir a enfrentar los demás problemas sociales, y ser vencedores. Hasta tanto sus seguidores no lograron ese dominio, él decidió no ir adelante con su movimiento de resistencia pacífica y no-violenta. O sea, para vencer la violencia externa primero hay que vencer la violencia interna. Lo mismo sucede con todos nosotros, si no vencemos nuestra violencia interna, no triunfaremos sobre las violencias externas. ¡Tenemos que ser éticamente honestos con nosotros mismos!
Tenemos que tener el coraje, como Siddhartha, Gandhi o Nelson Mandela y plantarnos en el centro de nuestro propio ser para eliminar nuestras oscuridades y para encender nuestra propia iluminación: ¡tocar la tierra! ¡Descargar las tensiones negativas a tierra! ¡Hacer tierra! Es el coraje de enfocarnos con un claro sentido de realidad, detener las ilusiones y fantasías. Detener la mente de su constante extravío. Entre la conciencia y la natural realidad, la mente es el agente de obstrucción y de confusión. Tener el coraje de plantarnos en nuestro centro, nuestro ser concreto.. La Tierra, círculo infinito, representa el sustento ilimitado del ser, para despertar a nuestra identidad búdica incontaminada de las formas culturales impuestas por el medioambiente donde se nace, se crece y educa: los prejuicios, las creencias, las tradiciones, los antiguos paradigmas.
En el momento de enterrar la punta de los dedos en tierra, eliminamos deseos, temores y opiniones. Es un momento de puro mindfulness, cuando la conciencia limpia se abre y abraza el universo tal cual es. Contemplar el universo sin deseos, sin opiniones ni temores, es ver el universo por primera vez. Es el momento del despertar a la budidad o pureza espiritual en nosotros. Como Jesús despertó al Cristo en él, luego de sufrir similares tentaciones en el desierto, y ser él el Cristo, el ser espiritual perfecto y eterno: el ser que mantuvo su unidad centrada en el Espíritu, pese a las turbulencias y sufrimientos externos.
La parábola bíblica del hijo pródigo enseña que luego de muchas vueltas y sufrimientos, él levantó sus ojos al cielo, o a la realidad divina, vio que era el hijo bien amado del Amor. No tuvo que seguir buscando la verdad, sino dejar de persistir en su error y ver. Despertó a su realidad divina, el ser espiritual amado, puro y perfecto.
Cuando Siddharta tocó la tierra se transformó y se convirtió en Buda. Cuando le preguntaron quién era dijo que era un despierto. ¿Alguien quiere despertar?
©2016 Pietro Grieco

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...LA PAZ...

La paz por recelo a la agresión, o la represalia atómica no es paz es inacción por temor. La verdadera paz parte de la seguridad en nosotros mismos, no de impedir la acción a otros.